EL DIABLO EN LAS
CALLES DE CULIACÁN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Los cambios de humor son normales para todos. Caminas por el centro de la ciudad, y vas observando los rostros. - Miradas vacías, vista perdida con sus pensamientos, y te preguntas ¿Qué sucede con las personas en esta ciudad? Con frecuencia, los relacionamos con personas que están de mal humor. Uno podría estar enojado por una nueva discusión con su esposa o familia, otro podría haber sido regañado por su jefe, o incluso otro podría estar lidiando con problemas de salud, y preocupándose por ellos, otro más camina con miedo. Estas personas están llenas de energía negativa, y van llenando las calles de energía negativa.
Si bien esta energía no se dirige directamente a nosotros, sí tiene un impacto directo en nuestro estado de ánimo. De igual manera, podemos llenarnos, y sin querer, descargar nuestras emociones negativas, irritación, preocupaciones o ansiedad en los demás. Observo a las personas y reflexiono que en cualquier momento alguna de ellas estallara en forma negativa. Las personas caminan sin darse cuenta de lo que les va ocurriendo a cada una, y no comprenderán por qué, si sucede algo negativo, solo expresara “Es normal que esto suceda”
– “Es la situación que vivimos en donde todo está desestabilizado” Una situación negativa que se puede presentar por el simple hecho de una mirada de enojo o un encuentro casual con un desconocido. Puede haber muchas razones para un arrebato así, las condiciones están dadas, el daño psicológico es inocultable “Paso a ser unas personas alegres, dicharaceras a una seriedad total. Podría ser por sentirse humillado, llevar dolor en su alma, celos con su pareja, ira contra la humanidad, ingratitud de sus seres queridos, o quizás simplemente le estés recordando a un amigo que lo traiciono, y desencadenó las emociones negativas. A veces, puede que ni siquiera te des cuenta de que has mirado mal a alguien que pasaba.
Las corrientes negativas caminan con nosotros por las calles, “Las enviamos, y las recibimos de otros” Ese es nuestro entorno. Es más fácil reconocer este estado en los lugares donde hay mucha gente caminando con problemas de inestabilidad emocional. El estómago comienza apretarte, sientes agobio en tu cuerpo, el corazón se acelera, sudas, te sientes pesado al caminar. Todas estas sensaciones te indican que ya estas lleno de energía negativa y que con una pequeña chispa vas a reventar. Esta energía negativa podría ser tuya, y la de las otras personas igualmente son negativas, solo falta una mirada de malestar, una palabra o un hecho mal para que descargue.
Al caminar en las calles del cetro de la ciudad de Culiacán, observas a las personas para que te protejas de los negativos, y puedas contener tus propias emociones, evitando que se dirijan a tu negatividad. Lo primero es pensar positivo, para tranquilizar las emociones, y te dará pistas específicas sobre cómo proceder en cada situación. Identificarás rápidamente la fuente de la negatividad y podrás quitarte de su lado, o empezar a neutralizarla. Haz todo lo posible por difundir energía positiva a tu alrededor, creando así un escudo confiable.
Te sentirás como si estuvieras dentro de una esfera, completamente inseguro. Aléjate de las personas que siempre transmiten negatividad. A veces, sales cargado de energía negativa de tu casa, y se la debes a tu familia, personas cercanas que pueden ser tóxicos, por lo que una dosis de energía positiva generada por tu mente puede ayudarte a resolver el problema eficazmente y a protegerte. ¿Por qué caminamos con tanta negatividad? La primera razón es el agotamiento. Carecemos de recursos, y andamos buscándolos.
Intentamos ganarle a cualquier competidor y que nuestra familia este a salvo. No dormimos bien, caminamos a veces con sueño, no desayunamos o llevamos en el estómago solo una taza de café. Otros son obesos por exceso de azúcar y eso aumenta la excitabilidad. Muchas de estas caras se muestran frustradas por la necesidad de ser aceptadas en su vida, trabajo, familia, amigos, o porque se da cuenta que todo lo que diga a nadie le interesa. Sus opiniones no se tienen en cuenta en la familia o en el trabajo, que carece de apoyo y amor, y ha ido acumulando agresividad.
Camina enojado esparciendo su negatividad porque no comprende por qué su pareja antes de salir de su hogar siempre se muestra grosera, controladora, no respeta los límites y mucho menos sus palabras ofensivas. Las personas estallan su negatividad cuando sienten que están perdiendo el control, sienten decepción, no son capaces de controlar sus emociones negativas, y terminan por amenazar. Conforme su cabeza se va llenando de negatividad, va perdiendo su auto- estima desencadenando sentimientos de culpa. “Soy una mala madre” o lo contrario se dedica a echar culpas, exigirle a la otra persona muy por encima de sus posibilidades para que lo considere bueno. El resultado es una agresión reprimida, aún más culpa y aún más ira.
El problema no solo se presenta en las calles del cetro de la ciudad de culiacán, ya alcanzo a los hogares y se continúa expresando inapropiada, o se esconde y se manifiesta como agresión pasiva. La persona va su trabajo y ahora lo sabotea todo, dice que su jefe de trabajo es un imbécil, que no está a la altura de su puesto, y sus compañeros hacen todo mal. Finalmente, lo despiden o renuncia, y el ciclo comienza de nuevo.
En su hogar se transforma en un tirano doméstico: quejándose por platos sin lavar, chanclas fuera de lugar o un niño caprichoso. El rechazo emocional y físico entre cónyuges (falta de voluntad para hablar, escuchar o hacer el amor) también indica agresión pasiva. Los hijos se niegan asistir a la escuela, consiguen malas calificaciones, ¿Qué está pasando? Una persona no puede expresar su enojo directamente, por lo que comienza a hacer cosas que enfadarán a los demás y conducirán a una ruptura en las relaciones.
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