HISTORIA DE DIANA EN
LA PREPARATORIA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de la
escuela Normal del Pacifico- Ex Director General del Instituto Pedagógico
Hispanoamericano.
En segundo grado de preparatoria me cambie de una preparatoria de gobierno a un colegio privado, y parte de ellos se debió a que me gusta pintarme el pelo de color zanahoria, y en la escuela de gobierno ya estaba cansada de que todos los días los maestros me llamaran la atención exigiéndome que no me pintara el pelo. Cuando llegue al colegió particular con mi color rojo ácido, todos los maestros casi se desmayaron, y mis compañeras me veían con envidia. Durante los primeros meses, mis maestros me rogaban que me volviera una chica normal. Me decían: “Diana, ¿para qué necesitas esto? Estás arruinando la imagen tuya y de nuestro colegio”.
Les respondí: “Mi apariencia no afecta la calidad de mi educación, ni la de nadie, ni lo que hago, así que no me cambiaré el color del pelo”. Y eso fue todo. En el segundo grado de preparatoria se trabajaba como si a los maestros nos les importara nada “Entraban, pasaban lista 10 minutos, daban un discurso, y se marchaban para que entrara el siguiente” Los alumnos nos dábamos a la tarea de no molestarles a sabiendas de que ellos lo único que necesitaban era justificar sus 45 minutos en el aula “Nadie enseñaba, ni aprendía nada” Un alumno que estudiara, era raro. Lo único genial era cuando un maestro faltaba, enseguida armábamos una pachanga dentro del aula. Durante mis primeros seis meses en el colegio, los maestros me trataban con cautela.
En el aula todos los estudiantes carecíamos de ánimo por la educación, y los maestros no conectaban con nosotros “Cada clase era como si montáramos un teatro, en haces como que enseñas, y yo hago como que aprendo” Los chicos de tercero de preparatoria me miraban como si quisieran comerme con los ojos o desnudarme. Las chicas de mi grupo crearon un grupito aparte sin mí, y me entere que en sus pláticas me llenaban de basura de porquería y, de alguna forma, se metieron en mi face bajando mis fotos para retocarlas, y una de ellas me pusieron desnuda en el cuerpo de otra chica.
Cuando la vi me dio un escalofrió pensando hasta donde había llegado su envidia. En otra foto pusieron que yo era satánica, y corrieron el rumor por toda la escuela. Literalmente, podía caminar por el pasillo y las chicas se giraban, me señalaban con el dedo y susurraban. Muy interesante, genial, en fin. No me importaba, ya estaba acostumbrada a todo. Despues de los seis meses, los maestros finalmente entendieron mi personalidad, quién era.
Saqué excelentes calificaciones, me uní al equipo de ecologistas voluntarios y me inscribí para estudiar teatro. Los profesores que al principio me criticaban y a mi espalda me insultaban cambiaron comenzando a tratar con amabilidad, simpatía. Ahora sospecho que las chicas aumentaron su nivel de odio hacia mi persona por eso. Pero al final, en los grupos sociales fuera del colegio en donde me movía encontré muchos amigos, un grupo de personas con ideas afines. Con mi llegada al colegio, fue como si se hubieran eliminado todas las reglas absurdas, el ambiente cambió, se volvió más fácil respirar.
Y, probablemente, todo gracias a la lucha que inicie para que me respetaran. Al principio supuse que al igual que en la preparatoria de gobierno mi vida en el colegio sería un nuevo drama social, pero el director no les permitió a los maestros continuar con sus creencias en que una chica no tiene derecho a pintarse el su pelo del color que ella desee. En el colegio le pedí permiso al director para grabar bajo el consentimiento de los chicos y chicas reportajes sobre la vida de ellos y sus ideas. Comencé haciendo entrevistas y diseñe una página interna exclusiva para el colegio. Los chicos de inmediato se identificaron con el proyecto, y las chicas se acercaron para apoyarme. El proyecto comenzó a tomar vida, y el maestro de informática me sugirió que asistiera a un curso gratuito de edición y grabación de video.
– A partir de allí, creo que fue entonces cuando se formó mi personalidad. En el curso que tome fuera del colegio tenía un profesor, especial. Cuando llevaba solo un par de semanas asistiendo a este curso y apenas había aprendido a manejar una cámara de verdad, me pidió ayuda para filmar en el centro de cultura local una representación de una obra de teatro. Instalé una cámara en la sala y me quedé allí, filmando. El profesor mientras estaba filmando me dijo que tenía que irse con urgencia, así que me quede sola por más de una hora grabando “Se fue y no regreso” Fue mi primera gran grabación. Recuerdo que había al menos unas 300 personas en la sala, y yo estaba solo con una cámara. Fue terriblemente aterrador. Cuando salí de la sala y vi al maestro, este estaba muy quitado de la pena charlando con alguien.
Le pregunté: “¿Qué pasó? ¿Dónde estabas? Estaba preocupada”. Me respondió: “Lo grabaste todo, ¿verdad? Bien hecho, ya no me necesitas”. Y eso fue todo. Entonces me di cuenta de que había aprendido a filmar. Fue despues de esta experiencia que decidí hacer un cortometraje con una las historias que tenía escritas. Se, que no soy capaz de hacer películas, pero si puedo narrar la vida de otras personas o la mía. Estoy pensando en estudiar literatura o cine para aprender a escribir guiones. Antes de terminar el tercero de preparatoria mi proyecto personal es grabar la vida estudiantil en un guion con mis observaciones.
Hacer tomas críticas sobre el comportamiento inapropiado de los estudiantes y algún maestro, y la tolerancia con ellos. Tambien me gustaría lograr la confianza de algunos chicos cuyos padres se según “Se” por boca de ellos, y los moretones en sus brazos, los crían en condiciones poco sanas “Difíciles” – Ya filmé el primer guion al que le puse por nombre “La chica que se pintaba el pelo de rojo, y sus maestros no la toleraban” En parte se trata de una auto biografía, y como sacaba de quicio a todos. La enfoco como un drama social. La idea es simple ¿Por qué los adultos no permiten las modas de los jóvenes? ¿Por qué el chico famoso de la escuela, es el más vago? ¿Por qué las chicas se enamoran de él, y no de más estudioso?
Al final cada maestro se va dando cuenta de sus errores al etiquetar a los estudiantes. Creo que el cambio al colegio me fue de gran ayuda. Ya estoy en tercero de preparatoria, y le pedí al director y a los maestros que me recomendaran chicos activos que pudieran participar. El director encontró unos diez estudiantes, me autorizo despues de conseguir el permiso de sus padres que los filmara. Cuando ya tenía todo el material para editarlo ocurrió que el sonido desapareció por completo. Tuve que usar la grabación de la cámara, pero la calidad es mucho peor. Ahora aprendí que debo guardar el sonido después de cada rodaje. Creo que el deseo de trabajar produciendo videos lo llevo en la sangre.
De niña a los 13 años, le dije a mis padres “Quiero un teléfono inteligente para grabar” Comencé grabando mis juegos, cuando corría, abrazaba a mi perro. Para mi toda esa experiencia me llenaba de pasión. En aquella época, mis padres eran indulgentes con mi afición. Mis primeras grabaciones era el gato jugando, el perro moviendo su cola, pero mis padres me exigían que estudiara. Les hice caso a mis padres en todo, y ellos me permitían ponerme pantalones rotos de mezclilla, pintarme el pelo del color que yo eligiera. Los maestros le llamaban subcultura. Al principio tenía miedo de las críticas de los adultos porque mi color del pelo, pero dejo de importarme lo que pensara la gente, me dije “Me gusta, y es para mí” Hubo mucho odio hacia mi persona en primer grado de preparatoria por sus prejuicios, pero me di cuenta que debía ser autentica, pero empecé a ignorarlos.
Lo único que me duele es cuando decían los adultos “Ya, se le pasara, son locuras de juventud” En el colegio conocí a un chico que ama la música, compone bonitas canciones, pero es criticado por los maestros exigiéndole que se dedique de lleno al estudio de las materias y abandone la guitarra. Otro compañero le encanta dibujar comic, y los maestros constantemente le dicen “Ya, estás haciendo de nuevo esas tonterías” Al chico lo aliento para que no sienta vergüenza por lo que le gusta hacer, que acepte las criticas tranquilamente.
En lo personal, mi verdad es que ya no me hacen daño, así que si ahora me dicen pelos de tomate me sonrío en señal de gratitud al saber que les llamo la atención. Aún recuerdo mis años en la escuela de gobierno “Nadie quería sentarse conmigo, si me distraía encontraba mis cuadernos en el baño” Un día pintaron mi rostro en la pizarra, y toda la clase incluido el maestro se rieron de mí. La realidad es que esta situación ni siquiera me ofendió; ya estaba acostumbrada a que me acosaran constantemente.
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