LOS INSULTOS, SE
TOMAN DE QUIEN VIENEN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La gente a menudo olvida a quién insulto, pero siempre recuerda quién la insulto. La sociedad va en retroceso verbal, y generación de ideas. La ignorancia colectiva nos lleva por el camino en el que no somos capaces de expresarnos mediante el dialogo. Pensamos y reaccionamos de forma negativa. Nuestra mente ha ido acumulando recuerdos de ira, dolor, decepción. Nuestra descarga es insultar, ofender, denigrar, abusar. Aunque las palabras duras puedan parecer aliviar el enojo o el resentimiento, a la larga solo empeoran el problema. Al insultar a los demás, no resolvemos nuestros conflictos internos, sino que solo creamos otros nuevos, destruyendo relaciones y perdiendo la confianza de los demás. Los insultos son como un bumerán: siempre vuelven contra quien los profirió.
Al humillar a otros, primero nos humillamos a nosotros mismos, y mostramos nuestra debilidad e inmadurez. Claro que no es fácil deshacerse del hábito de insultar a los demás, sobre todo si está arraigado desde la infancia. Muchas personas conservan recuerdos de sus padres, y sus insultos destructivos. Quienes maduran en sus emociones al escuchar un insulto mantienen la calma, no caen en provocaciones, y razonan la respuesta adecuada. Es fundamental proteger nuestros límites personales y no permitir que otros nos humillen, incluso si comprendemos las razones de su comportamiento.
Si los insultos provienen de un desconocido o un transeúnte cualquiera, a veces la mejor estrategia es simplemente ignorarlos y seguir adelante. Discutir con cualquiera que te insulte por ejemplo un imbécil, solo te hará perder poniéndote a su nivel y ahí te derrotara. Pero si los insultos provienen de un ser querido (un familiar, un amigo o un compañero), ignorarlos no será suficiente. En estos casos, es importante establecer abiertamente tus límites y dejar claro que ese trato es inaceptable.
Al insultar a los demás, a menudo intentamos ocultar nuestro propio dolor e inseguridades. Es como ponernos una máscara de agresión para no mostrar al mundo nuestras debilidades y miedos. Con los insultos proyectamos nuestros propios complejos. Las personas tienden a criticar en los demás las cualidades que no aceptan en sí mismas. Así, una persona con sobrepeso puede insultar a otros por su figura, y alguien que teme parecer estúpido ridiculizará la inteligencia ajena. Comprender este mecanismo nos ayuda a no tomarnos los insultos a pecho y a darnos cuenta de que dicen más de quien nos ofende que de nosotros mismos.
¿Cómo perdonar un insulto? ¿Es posible perdonar un insulto? Muchos responderán afirmativamente a estas preguntas. Sin embargo, en la vida real, las personas a menudo se enfrentan a un problema: las emociones que surgen tras un insulto les impiden pensar con sensatez y buscar opciones constructivas. Si te insultaron o te dijeron una mala palabra, esto sin duda se refiere a una situación en la que te sentiste ofendido. Si alguien contó un chiste sobre tu persona, o te felicito por ser inocente, creo que no te lo tomaras a broma y te lo tomaras como algo personal y, significa que te sentiste ofendido.
En muchos de los casos no se trata de buscar perdonar, sino que nos den una explicación, y no se trata de una disculpa para que cese el comportamiento negativo sobre nuestra persona. Muchos ofenden si darse cuenta o lo hacen a sabiendas porque creen que no los enfrentaras, que no cuentas con capacidad ni el carácter para tomar la decisión de enfrentarlo. Incluso en la ley se establece la responsabilidad por difamación.
Hay que recordar que la mayoría de los insultan, o difaman son bastante cobardes y solo ofenden a otros si están seguros de su propia impunidad. A menudo basta con prometer reunir pruebas del insulto y presentar una demanda para calmar la ira de este individuo cobarde y mal educado. Por cierto, si después de esto el agresor te llama soplón, puedes responder que la cuenta atrás ha comenzado, y que esta frase en particular se considera calumnia, ya que proteger tus derechos y dignidad no es negociable. Si la persona es dada a ofenderte con sus chistes de mal gusto deberías pensar tu amistad o cercanía con esta persona.
Quizás algo anda mal en su familia, en su cabeza, tiene baja autoestima, no cuenta con neuronas de la inteligencia, o tiene solo dos, una que la trae tonta, y otra imbécil, y naturalmente es su única forma de alegrarse. Una de las principales razones por las que las personas insultan a otros es el deseo de afirmar su dominio y superioridad. Las raíces de este comportamiento se remontan a nuestro pasado evolutivo, cuando la supervivencia a menudo dependía de establecer una posición de poder en la jerarquía social.
Al insultar a otros, una persona intenta demostrar su poder y control sobre la situación, compensando así sus propios sentimientos de inferioridad o vulnerabilidad. El deseo de dominar mediante insultos es especialmente característico de las personas con rasgos de personalidad narcisistas. Utilizan la humillación de los demás para alimentar su ego inflado y sentirse importantes. Sin embargo, irónicamente, este comportamiento suele enmascarar una profunda inseguridad y miedo al rechazo. Los insultos también pueden servir como mecanismo de defensa para quienes luchan con sus propias inseguridades y complejos.
Cuando una persona se siente amenazada en su autoestima o identidad, puede recurrir a los insultos como forma de protegerse y proyectar sus inseguridades en los demás. Al centrarse en las deficiencias y vulnerabilidades de los demás, se distrae temporalmente de sus propios problemas y experimenta una ilusoria sensación de superioridad. En algunos contextos, los insultos pueden percibirse como algo normal o incluso como una señal de camaradería. Esto es especialmente cierto en entornos competitivos donde las personas compiten entre sí, como en los deportes o los negocios.
En estos entornos, los insultos se convierten en parte del juego y una forma de afirmarse en el grupo. Pero también los insultos pueden fomentar el comportamiento abusivo. Cuando una persona está en compañía de amigos o personas con ideas afines, puede sentirse más relajada y permitirse libertades que no se tomaría en privado. El deseo de encajar y ajustarse a las normas del grupo a veces lleva a las personas a hacer declaraciones agresivas y ridiculizar a los nuevos, o a los que observa débiles. La mayor parte de insultos y discursos de odio, se está dando en internet gracias al anonimato.
La raíz de muchos insultos es la envidia y la falta de empatía que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus sentimientos. Las personas con baja inteligencia emocional a menudo no se dan cuenta del daño que pueden causar sus palabras. Insultan a otros sin pensar en las consecuencias ni saber cómo expresar sus emociones de forma más constructiva. El nivel de ignorancia va en aumento y con ello vamos perdiendo el aprender a reconocer y comprender los sentimientos, tanto los propios como los de los demás. Vivimos a la defensiva, y con echar culpas, no somos capaces de explicar ¿En que nos ofendió, hirió, nos hizo enfurecer aquella persona, ni deseamos dialogar para encontrar una solución?
Por ejemplo, un hijo puede decirles a sus padres “Me siento ofendido, es desagradable escuchar tus palabras, por favor, no me insultes, aunque estés molesto” – “Hablemos de nuestras diferencias con calma”. Si el padre o madre continúa comportándose agresivamente, conviene interrumpir la comunicación y darle tiempo para que se tranquilice. Es fundamental recordar que nadie tiene derecho a humillarte ni a destruir tu autoestima, ni siquiera tus seres queridos. Mantener la dignidad y la paz mental no es egoísmo, sino una necesidad básica y un signo de madurez.
Por ultimo recuerda: Hay acciones que no se perdonan. Hay palabras que no se olvidan. Hay momentos en los que las personas más cercanas se vuelven intolerantes. Hay acciones que no se perdonan, hay palabras que jamás se olvidan, y como una grabación que se repite, emergen una y otra vez en la memoria, exponiendo y avivando el dolor y el resentimiento. Y por mucho que ames a alguien, por mucho que le des sentido a tu existencia, es imposible perdonar. Porque esto no es perdón, sino solo la ilusión de que puedes volver al principio y todo volverá a ser como antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario