DISPUESTO A CAMBIAR
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En un mundo donde la única constante es el cambio, la capacidad de transformarse puede convertirse en un nuevo criterio de salud psicológica. No hace mucho tiempo, los investigadores estaban seguros de que la personalidad de una persona permanece inalterada hasta la muerte. Pero ahora la plasticidad del cerebro es un hecho científico, y existe amplia evidencia de que una persona puede cambiar bajo la influencia de las circunstancias y con la ayuda de esfuerzos conscientes. Te cuento cómo ocurre exactamente esto y si es posible transformar completamente tu personalidad. Sigmund Freud y muchos de sus seguidores estaban convencidos de que la personalidad se forma a los cinco años.
Y, después, permanece inalterada. Pero la investigación moderna demuestra que Freud no estaba del todo en lo cierto: si bien el marco de la personalidad se mantiene estable a lo largo de la vida, sus rasgos en la mayoría de las personas cambian gradualmente hasta la vejez.
Esta investigación inicio en el año 1960, y en 2010, se repitió el procedimiento. Resultó que, en los últimos años, los voluntarios, en general, se volvieron más tranquilos, más cuidadosos y socialmente responsables, y menos impulsivos. Además, los hombres adquirieron mayor confianza en sí mismos y las mujeres, más sensibles. Gracias a otros estudios, se supo que los rasgos de personalidad cambian de forma especialmente activa entre los 20 y los 40 años de edad. Y a los 65, el proceso se ralentiza.
Existe la hipótesis de que estos cambios ocurren de forma natural en el proceso de cambio de roles sociales, cada uno de los cuales exige ciertas exigencias de la sociedad. Por ejemplo, si una persona se preocupa mucho por su trabajo, se vuelve más responsable en todo lo relacionado con él. Y si se esfuerza mucho en desarrollar relaciones con los demás, esto aumenta su confianza en sí misma y su estabilidad emocional. Eventos importantes en la vida: el matrimonio, el nacimiento de hijos, la muerte de seres queridos, los trastornos mentales y las lesiones cerebrales graves, también pueden cambiar el grado de expresión de los rasgos de personalidad.
Pero si “Yo” quiero cambiar de forma consciente mi personalidad. - Esto requerirá mucho tiempo y esfuerzo. Y los cambios es poco probable que los cambios sean espectaculares: no podrás convertirte en una nueva persona, pero sí podrás ajustar ligeramente algunos rasgos.
Uno de los métodos fue desarrollado por el psicólogo estadounidense Nathan Hudson. Sugiere no fijarse metas globales como: “Quiero convertirme en el rey de todas las fiestas” En cambio, crear un programa de acciones no muy difíciles, pero inusuales, que... serían naturales para una persona con los rasgos de personalidad que tú no tienes. El segundo paso: realiza regularmente una de estas acciones. Después de unos meses, notarás cambios. El Consejo de Hudson tiene su sede en los resultados de uno de sus exitosos experimentos.
En 2016, él y sus colegas reclutaron a un grupo de estudiantes voluntarios, cada uno de los cuales quería cambiar un rasgo de su personalidad. Se dividieron en dos grupos: el grupo principal y el grupo de control. Los participantes de cada grupo recibieron recordatorios durante 15 semanas de su deseo de cambiar. La diferencia radicaba en que los líderes del experimento ofrecieron a los estudiantes del grupo principal acciones específicas para modificar su comportamiento. Por ejemplo, a quienes querían ser más sociables se les recomendó llamar a un amigo e invitarlo a cenar. Al final del experimento, los científicos midieron el efecto: se observaron cambios pequeños pero positivos en ambos grupos. Sin embargo, quienes recibieron recomendaciones específicas y, por lo tanto, sabían qué hacer, obtuvieron mejores resultados.
En un mundo en constante cambio, dos cualidades cobran cada vez mayor importancia: el dinamismo personal (la capacidad de transformarse internamente) y la flexibilidad psicológica (el arte de cambiar de estrategia sin perder la integridad). Cambiar te puede llevar a la perdida de ser tú mismo. El mundo moderno nos exige no solo estabilidad, sino también la capacidad de adaptarnos a él. Dos cualidades interrelacionadas cobran protagonismo: el dinamismo personal (la capacidad de transformarse y desarrollarse internamente) y la flexibilidad psicológica (la capacidad de adaptar el comportamiento y el pensamiento a las nuevas circunstancias). Estos conceptos se están volviendo clave para comprender cómo una persona mantiene la integridad en una era de cambio.
El término “dinamismo de la personalidad” enfatiza la naturaleza procesual de la personalidad: su capacidad de cambiar y desarrollarse continuamente. A diferencia de los modelos estáticos que consideran la personalidad como un conjunto de rasgos fijos, este enfoque se centra en propiedades humanas como la capacidad de autorregulación (la capacidad de reestructurar objetivos y valores en respuesta a nuevos desafíos); la apertura a la experiencia (la disposición a aceptar la incertidumbre como una oportunidad de crecimiento); la reflexividad (una actitud consciente ante los propios cambios), etc.
La flexibilidad psicológica incluye varios aspectos: flexibilidad cognitiva (la capacidad de cambiar las estrategias de pensamiento); plasticidad emocional (regulación de las reacciones sin supresión); adaptabilidad conductual (elección de acciones apropiadas al contexto). El dinamismo personal y la flexibilidad psicológica son dos aspectos complementarios de la adaptación al cambio. Si imaginamos el proceso de desarrollo personal como un movimiento, el dinamismo reflejará su dirección y energía, y la flexibilidad reflejará la capacidad de cambiar de trayectoria, evitando callejones sin salida.
El dinamismo personal proporciona motivación para el cambio (El deseo de cambio), mientras que la flexibilidad psicológica permite elegir las estrategias óptimas para este movimiento. Las personas con alto dinamismo, pero baja flexibilidad pueden agotarse debido a la rigidez en el logro de objetivos. La adaptabilidad puramente reactiva puede convertirse en un estado de inactividad si no se sustenta en un deseo consciente de crecimiento. Por ejemplo, en una situación en la que un empleado se adapta fácilmente a los cambios en la empresa, pero carece de sus propias directrices profesionales.
La paradoja de la relación entre dinamismo y flexibilidad radica en que el dinamismo personal requiere un núcleo estable (valores, identidad), mientras que la flexibilidad presupone la disposición a reconsiderarlo. Por lo tanto, al desarrollar estas características, es importante construir una brújula interna (orientación de valores) y entrenar la flexibilidad. Este equilibrio permite no solo adaptarse a los cambios, sino también encauzarlos hacia un desarrollo significativo. Puedes desarrollar el dinamismo personal y la flexibilidad psicológica con la ayuda de una práctica de atención plena (entrenar su atención en el momento presente puede reducir la rigidez del pensamiento; experimentar con nuevos roles, salir de la propia zona de confort (por ejemplo, aprender habilidades desconocidas) aumenta la adaptabilidad)
Reflexión de valores: una comprensión clara de “por qué estoy haciendo esto” ayuda a ajustar de manera flexible los caminos para lograr los objetivos. Entrenamiento de aceptación de la incertidumbre: las técnicas de reevaluación cognitiva (Esto es un desafío, no una amenaza) desarrollan la tolerancia a la incertidumbre. La combinación de dinamismo personal y flexibilidad psicológica predice mayores niveles de bienestar en condiciones inestables, ya que en este caso las personas no simplemente sobreviven a los cambios, sino que los utilizan como motor de desarrollo. En un mundo donde la única constante es el cambio, la capacidad de transformarse puede convertirse en un nuevo criterio de salud psicológica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario