miércoles, 17 de septiembre de 2025

 

“COMO SER OPTIMISTA” LIBRO DE MARTÍN SELIGMAN

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

El fundador de la psicología positiva, Martin Seligman, en su libro “Cómo ser optimista”, considera el optimismo como un estilo de pensamiento que explica los éxitos y los fracasos. Cuando los optimistas alcanzan logros, tienden a verlos como un resultado natural de sus habilidades y como factores estables que pueden aplicarse a situaciones futuras ejemplo: “Superé esto gracias a mi experiencia y puedo hacerlo la próxima vez”.

Los fracasos se perciben como temporales y situacionales (“Tuve mala suerte con las circunstancias hoy” o “Simplemente no tenía suficientes conocimientos específicos sobre este asunto”). Este estilo de atribución cumple una función protectora: mantiene la motivación y la confianza en uno mismo incluso en situaciones difíciles, ya que los fracasos no se perciben como fatales ni como evidencia de incompetencia personal.

Es importante distinguir el optimismo sano de las ilusiones: no niega los errores, sino que los localiza racionalmente, impidiendo la devaluación total de las propias competencias. Este estilo de pensamiento, descrito en detalle por M. Seligman, promueve la estabilidad psicológica: las personas con este enfoque se recuperan más rápido de los fracasos y avanzan con mayor constancia hacia las metas, ya que ven la conexión entre sus acciones y los resultados.

 En su libro, M. Seligman afirma que el optimismo es importante no solo para el bienestar psicológico, sino también para la salud física. Los optimistas no solo padecen enfermedades infecciosas con menos frecuencia, sino que generalmente adoptan un estilo de vida más saludable. Su sistema inmunitario funciona con mayor eficiencia, demostrando una mayor resistencia a las enfermedades. Además, existe evidencia convincente de que el pensamiento positivo promueve la longevidad: las estadísticas muestran que los optimistas, en promedio, viven más que quienes tienden a ver el mundo de forma pesimista.

A primera vista, podría parecer que el optimismo es definitivamente bueno y el pesimismo malo, pero en realidad, el punto medio es importante. El optimismo flexible, que combina la fe en lo mejor con una evaluación sobria de los riesgos, resulta mucho más útil que el positivismo irreflexivo. Además, los pesimistas, con su pensamiento crítico, suelen desempeñar un papel importante: ven obstáculos que los optimistas ignoran, lo que los hace indispensables en el análisis y la planificación de riesgos. Lo principal es mantener el equilibrio: creer en lo mejor, pero sin perder el contacto con la realidad. El optimismo no es color de rosa, sino una linterna que ilumina el camino hacia la solución.

El optimismo es un sistema de creencias en el que una persona cree en un resultado favorable de los acontecimientos “Puedo con esta tarea”, ve las dificultades como temporales y superables “Este fracaso no es el fin del mundo, sino una experiencia” y se centra en las oportunidades en lugar de las limitaciones. La comprensión del optimismo disposicional (es decir, inherente a la persona) se describe como una posición cognitiva estable en la que una persona se inclina a esperar acontecimientos positivos en lugar de negativos del futuro. Esta actitud de visión del mundo no solo colorea la percepción de la realidad de colores brillantes, sino que actúa como un poderoso recurso psicológico.

Las personas con un alto nivel de optimismo disposicional gozan de mejor salud mental y física, tienen mayor éxito en el desarrollo de relaciones sociales y, en general, demuestran un mayor bienestar psicológico. Se considera que el mecanismo clave de dicha influencia es el efecto motivacional: los optimistas muestran mayor persistencia en el logro de metas y están dispuestos a invertir energía en la solución de los problemas de la vida. A diferencia de la expectativa pasiva del bien, este tipo de optimismo se manifiesta en una actitud activa y perseverante. Esta perspectiva nos permite considerar el optimismo disposicional no como una creencia ingenua en lo mejor, sino como una actitud funcional que promueve el desarrollo personal y la adaptación efectiva.

En la actualidad vivimos en un ambiente en donde se escucha por todos lados que debemos ser optimistas para ser alegres y feliceses, sin embargo, caemos en la positividad toxica que niega los acontecimientos negativos, o los ignora suprimiendo las emociones negativas que generan. Ante ello escuchamos “Debería estar feliz, pero me siento mal”. El optimismo flexible, no exige ignorar los problemas; al contrario, presupone una evaluación sobria de los mismos, con énfasis en la búsqueda de soluciones. Mientras que la fe ciega en “Alcanzar el bien sin esfuerzo” a menudo conduce a la ceguera estratégica; en este caso, podemos recordar a los inversores que perdieron capital por ignorar los riesgos evidentes.

FRASES: La forma de pensar no es algo que nos viene dado de una vez por todas. Como sabemos por la psicología, cada persona puede elegir su estrategia de pensamiento. - Quienes están convencidos de que las causas de los acontecimientos positivos son estables se esfuerzan aún más cuando alcanzan el éxito. Quienes solo ven causas temporales tras los acontecimientos agradables pueden desanimarse incluso ante el éxito, porque lo ven como un accidente, un malentendido. - Las personas optimistas explican los acontecimientos positivos con razones estables, como cualidades personales y habilidades, que siempre ocurren. Los pesimistas mencionan razones transitorias: el estado de ánimo, el esfuerzo, la casualidad; dicen que esto ocurre a veces.

 - La capacidad de cambiar los pensamientos destructivos que surgen en tu mente cuando te enfrentas a los desafíos que la vida nos presenta a cada uno de nosotros es la base del arte del optimismo. - Nuestros pensamientos, por un lado, son una reacción a lo que sucede y, por otro lado, influyen en nuestras acciones posteriores. - El pesimismo se basa en la impotencia. La impotencia es un estado en el que ninguna acción que tomes puede influir en lo que sucede. - Las personas que creen que las causas de los buenos acontecimientos están en ellas mismas tienen una mejor opinión de sí mismas que quienes ven la fuente del bien en otras personas o en las circunstancias.

- La indefensión aprendida es una respuesta de negación, un repliegue en la pasividad que se origina en la creencia de que nada de lo que hacemos importa. - Aprender a ser optimista no consiste en adquirir una visión positiva infundada del mundo, sino en ganar control sobre el pensamiento negativo. - El pesimismo se basa en la impotencia. La impotencia es un estado en el que ninguna acción que tomes puede influir en lo que sucede. - Hay evidencia convincente de que las personas deprimidas llegan a la sabiduría a través de la tristeza. - La indefensión aprendida se convierte en depresión grave si quien ha fracasado es pesimista. Para los optimistas, el fracaso solo causa incapacidad a corto plazo.

- Hay cuatro maneras principales de ganar un argumento de este tipo: encontrar evidencia, generar alternativas, aclarar conclusiones y determinar la utilidad. - Algunas personas pueden guardar sus problemas en un cajón y seguir adelante, incluso si el problema se trata de un aspecto importante de su vida, como el trabajo o el amor. Otras se ablandan a cada paso. Para ellas, todo es un desastre. Cuando uno de los hilos que une su vida se rompe, todo se deshace. - Hay dos maneras principales de lidiar con tus creencias pesimistas una vez identificadas. La primera es simplemente distraerte cuando surjan, intentando pensar en otra cosa. La segunda es cuestionarlas. Cuestionarlas suele ser más efectivo porque las creencias que has cuestionado con éxito tienen menos probabilidades de reaparecer en una situación similar.

- En nuestras escuelas y lugares de trabajo, se acepta generalmente que el éxito es el resultado de una combinación de talento y deseo. Si una persona fracasa, es porque carece de talento o deseo. Pero el fracaso puede ocurrir incluso si una persona posee talento y deseo en abundancia, pero carece de optimismo. - Si queremos que las personas sean responsables de sus actos, entonces sí, debemos orientarlas hacia un estilo explicativo interno. Pero es mucho más importante que las personas puedan explicar los eventos adversos mediante causas inestables y temporales, porque solo así creerán que pueden mejorar sus vidas.

 - La forma de pensar no es algo que nos viene dado de una vez por todas. Como sabemos en psicología, cada persona puede elegir una estrategia de pensamiento. - Si al pensar en los problemas utilizas las expresiones siempre y nunca, y además enfatizas el factor de constancia e inmutabilidad, entonces tienes un estilo estable y pesimista. - Tu forma habitual de explicar los sucesos negativos, tu estilo explicativo, es más que un simple conjunto de palabras que pronuncias ante la adversidad; es una forma habitual de pensar que aprendiste durante tu infancia y adolescencia. Tu estilo explicativo surge directamente de tu visión de tu lugar en el mundo y depende de si te consideras importante y valioso o inútil y sin esperanza. Estas son las señales que pueden ayudarte a determinar si eres optimista o pesimista.

 - Los pesimistas se hunden en un estado de derrota que perciben como permanente y omnipresente. Se deprimen y se sienten indefensos durante largos periodos. Un obstáculo es un callejón sin salida. Perder una batalla es perder la guerra. No hacen nada durante semanas o meses, y si intentan hacer algo, el más mínimo obstáculo los devuelve a la impotencia. - Quienes se rinden fácilmente cuando fracasan suelen decir: “Todo sigue igual. Esto durará para siempre y arruinará todos mis planes”. Quienes se resisten a los fracasos, se resisten a ellos, dicen: “Es solo una desafortunada coincidencia, la mala racha pronto pasará, porque la vida no termina aquí”.

 

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