lunes, 18 de agosto de 2025

 

PERDEMOS EL RUMBO EN NUESTRA VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Si quieres sentirte más tranquilo y comprender mejor tus sentimientos, no intentes gritarle a la multitud. Primero, baja el volumen del mundo exterior y reduce el flujo de información entrante a tu cabeza. Este es el camino más corto para escucharte a ti mismo y recuperar la paz en tu vida. “No es nada fácil, salirte de las masas que te controlan y manipulan” Como cualquier habilidad, la capacidad de escucharte a ti mismo, de comprender tus sentimientos y tu actitud ante lo que sucede, requiere voluntad. Para desarrollarla, tendrás que superar la resistencia de viejos hábitos que se han arraigado en tu cabeza y se han convertido en parte de ti.

Un buen inicio para comprenderte es bajar el volumen y permítete estar en silencio. Los dueños de vidas y obras en este mundo se apoderan de tu mente, te manipulan, destruyen lo que más te gusta y te siembran las necesidades para que sigas sus ideas, consumas sus productos, y te mantengas perezoso en tu mente. Siempre están por encima de tus decisiones desde antes de nacer, se van apropiando de todo lo que les pertenece a las personas libres de ideas y terminan encadenándolas a necesidades inexistentes.

 En mis últimos 30 años he deseado comprender la naturaleza de la intuición en los seres humanos, y reflexionado sobre por qué algunas personas tienen mejor intuición que otras, cómo aprender a confiar nuevamente en tus sentimientos y dónde comienza una relación saludable contigo mismo. En los últimos 30 años he acumulado muchísimas publicaciones en diferentes diarios, revistas, face, blog (más de 3000 publicaciones) libros (140 publicados) y aún tengo muchas en borrador. Sin embargo, estoy consciente que su cantidad no las hace valiosas. Todas son reflexiones dispersas en diferentes medios. Por separado, no ofrecen una visión integral de mi enfoque de la vida, el trabajo, las relaciones con los demás y la toma de decisiones. Hace más 30 años mi propósito de vida fue repensarla y escribir mis experiencias tratando de hacerlo de forma coherente.

Estoy convencido que “No pretendo enseñar a nadie sobre la vida ni mostrar el camino correcto. No sé qué es correcto para los demás ni cómo lo es para mí, solo lo sé para mí” En la vida y con la experiencia acumulada aprendí que gran parte de lo que vemos, oímos y observamos está subordinado a la idea de un resultado inmediato. Por eso, cada vez vemos más personas que han caído en la desesperación y viven intranquilas. Por eso se desarrolla en las personas una competencia malsana por la cantidad y el volumen de información que consumen, en lugar de la calidad y la profundidad de su procesamiento.

La nueva generación no persigue conseguir conocimientos sino títulos que apantallen al más pintado por eso al terminar una licenciatura no buscan trabajo, sino que asisten a cursos, se inscriben en maestrías, doctorados, leen libros sin importarles la calidad de lo que leen, para ellos es un suicidio el quedarse atrás. Puedes preguntarles y te dirán que han leído 10 libros en las últimas semanas, pero si te vas al fondo de esa realidad la verdad es que llevan 10 libros hojeándolos, paseándolos, dándoles vueltas bajo el brazo, sin analizarlos a profundidad. Si les preguntas sobre su futura vida, todos hablan de conseguir el éxito “Se fijan metas imposibles y, por supuesto, fracasan” Cada fracaso solo les trae una decepción aún mayor en sus propias fortalezas y habilidades. Y tocan fondo cuando son ellos mismos quienes menosprecian sus propios logros académicos al no conseguir el trabajo deseado de acuerdo a ese nivel de títulos lo que los hace sentir “Un inútil”

Esos jóvenes, ya en edad madura se dan cuenta que existe un problema nacional, y que por mucha voluntad que le hayan puesto no les resuelve ese estudio que pensaron les resolvería su vida cambiándola. Es como si todos sus sueños y esperanzas se esfumaran, y al volver sus ojos atrás se dieran cuenta que todo ha sido un sueño que otros por medio de los medios de comunicación les vendieron, y ellos compraron. Vivimos en tiempos de constante bombardeo informativo. Hemos empezado a dejar entrar en nuestras vidas demasiada información ajena, innecesaria e inútil. Y esta es una de las principales razones de nuestra infelicidad, ansiedad y apatía. Hemos olvidado cómo vivir nuestra propia vida y, en cambio, intentamos vivir varias vidas ajenas y completamente desconocidas.

Todo con el único fin de algún día compartir cómo alcanzamos el éxito. Si alguna vez has estado en un bar viendo un juego de futbol, sabrás que es tan ruidoso que no puedes oírte. Todos intentan gritarle al de al lado, todos gritan por una jugada, por un gol, para pedir una cerveza, y la televisión a todo el volumen. El mundo moderno es como un bar transmitiendo por la televisión un juego de futbol. Hay tantas señales que todo se convierte en un flujo continuo de ruido. Entender qué señal es importante y merece atención es increíblemente difícil. Es como ver la luz del entendimiento durante una tormenta de ideas, cuando los conceptos y tecnicismos destellan alrededor. Para lograrlo, necesitas entrenar tu concentración, escucharte a ti mismo y orientarte bien en el espacio, a pesar del ruido externo.

No miento, yo también caí en ese juego manipulador. Hubo una época en mi vida en la que me llenaba la cabeza constantemente de información nueva: veía series, documentales, y leía libros hasta en el momento en que comía. Me parecía que cuantos más títulos académicos lograra mejor sería mi vida, y que cuantas más cosas podía abarcar en tiempo, más productivo y exitoso era, más me mantenía vigente. Pero como en todo “Todo con exceso empecha” En algún momento, sufrí una sobredosis de información.

La sobreabundancia de nuevos conocimientos me dificultaba tomar decisiones sencillas y tomar la iniciativa, incluso olvidaba cosas sencillas. No sabía qué comprar para comer, en qué mesa sentarme en una cafetería ni qué tema abordar con los amigos. “Dudaba dónde las soluciones eran obvias” Temía dar un paso en falso cuando el coste de un error era insignificante o inexistente. Mi cerebro estaba tan saturado de información que dejé de entender qué quería, adónde iba y qué era lo correcto para mí. Tanto ruido en mi cabeza ahogaba mis ideas. Me di cuenta que las preguntas sin resolver se acumulaban, estaba perdiendo el camino correcto, y me estaban manipulando la mente con tanta información para que los siguiera en esa masa que no reflexiona, ni mucho menos se para a cuestionar la información que recibe.

Cuanta más información almacenaba en mi cerebro, más opciones y soluciones veía, pero no me ayudó. Al contrario, solo aumentó el ruido en mi cabeza y me paralizó aún más. En lenguaje popular esto se llama “Empache informativo” – Controlar mi adicción a estar informado haciéndome comprar diarios, libros, etc. Cuantas más opciones tenemos ante nosotros, más difícil nos resulta elegir. Y cuanto más tiempo nos quedamos en este estado de incertidumbre, peor nos sentimos y más difícil nos resulta razonar y decidir. Ese ruido que vamos metiendo y acumulando en la cabeza, no permite que nos escuchemos a nosotros mismos y nos causa ansiedad e infelicidad. Nos quita una gran cantidad de energía que podríamos dedicar a nosotros mismos, a nuestra familia o a nuestra cosa favorita, y no nos da nada a cambio.

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