¿VIVO, Y ME SIENTO
CÓMODO POR DENTRO?
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Las actitudes pueden darse no solo en la infancia, sino también en la edad adulta. Si la sugerencia proviene de una persona importante, entonces, al no poder sentir nuestros límites, inconscientemente las aceptamos como verdad. Por ejemplo, una esposa le dice a su esposo “Me gustaría que tuviéramos un coche mejor. Deberías trabajar en otro sitio para esto, y, además, nosotros, como los compadres, deberíamos ir al mar dos veces al año” – Este trabajo que tienes, no nos da ni para alimentarnos bien, ya es tiempo en que tomes en serio el cambiar de trabajo ¿a poco te gusta lo que haces por ese sueldo?
¿Estas satisfecho con la miseria en la que vivimos? Esto cuando estemos más viejos no nos conducirá a nada bueno (Actitudes y la comparación). Pero, de hecho, no hay momentos en nuestra vida en la que no vayamos comparándonos con los demás. Compararnos es perder ser uno mismo, no estar satisfecho con nosotros mismos, ni con la persona que está a nuestro lado a la cual le echamos la culpa “Le rompemos el alma, le envenenamos su espíritu” Si no estás satisfecho con la persona que tienes a tu lado, no intentes rehacerla, no rompas su identidad interna. Si quiere cambiar, lo hará él mismo.
El autoengaño es pensar: “Mi novio lo hare cambiar por mi” Por el bien de nuestra relación” Cambiara medianamente para conseguir lo que desea es decir solo se adaptara por un tiempo, y volverá a ser lo que era. A la vida hay que agradecerle con pensamientos positivos. Desde niños aprendemos a ser negativos, nadie nos enseña a ser agradecidos y damos por un hecho que todo lo que nos dan es porque lo merecemos ¿Por qué no pensar de forma diferente? De niños, teníamos sueños, nos brillaba la vida, pero al final crecimos dándonos cuenta de que no se hacían realidad, y comenzamos a utilizar el echar culpas.
Nuestros padres, abuelos, nos exigen que seamos como los demás, que no pensemos en grande sino en el círculo de confort en donde nos desenvolvemos. Si reímos, nos callan por hacerlo a carcajada abierta. Con los años, estas actitudes negativas se han arraigado en nosotros, y creemos que es nuestra obligación enseñárselas a nuestros hijos. Abusamos obligándolos a pensar y sentir como nosotros. El niño necesita creer que es una persona extraordinaria y abandonar la idea errónea de los padres de que las personas exitosas son personas con los mayores logros que viven una vida maravillosa, que son sobrehumanas. “Los hábitos hacen a un niño, que sea un adulto feliz”
Ser feliz, no depende tanto de su talento natural, ni de su inteligencia o títulos Universitarios, sino de sus convicciones, y principios profundos para convivir con las personas y el entorno que le rodea. Nuestro comportamiento diario refleja nuestras creencias más profundas. Si quieres ser feliz y tener éxito, necesitas reprogramar tu pensamiento y, por consiguiente, cambiar tu comportamiento. Una actitud mental positiva es fundamental en el camino hacia una vida armoniosa. Ser agradecido, es curarte en salud del odio, la envidia, la mediocridad. Una actitud mental positiva te cura para que no pierdas tu dignidad.
Si eres agradecido cada día, tu visión del mundo empezará a cambiar y tu nivel de felicidad y energía positiva “Felicidad” aumentará. Es importante ser agradecido no una vez al año, sino a diario. Dado que nuestro cerebro está programado principalmente para la negatividad, un hábito diario de agradecimiento con la vida y las personas que te rodean se ira grabando con fuego en tu espíritu, y eso te enseñara a pensar de forma diferente. “Aprende a disfrutar de las cosas buenas de tu vida” Aprende a ser agradecido con que tienes salud, alimento, un techo para dormir, una familia, amigos “Saborea ese aroma que solo el ser agradecido te proporciona” Agradece todo lo bueno de la vida.
Cuando te das esos momentos para agradecer en ese momento, se producen reacciones químicas asombrosas en el cerebro: la producción de serotonina y dopamina, y el nivel de cortisol disminuye. Tu pensamiento se reprograma para apreciar lo bello de la vida. Simplemente un instante para reflexionar: “Estoy agradecido; estoy sano; veo lo positivo en los demás”, etc. “Esto, es pensar y sentir” Es en ese instante en que borras el odio, la ira, los resentimientos, y te da una nueva perspectiva. Hay un proverbio persa: “Maldije no tener zapatos hasta que vi a un hombre sin piernas”.
Ve en cada persona lo mejor, y no lo peor, o sus defectos, si trabajas no te valores como un ser desesperado el cual si lo pierde no tendrá nada (Miedo a no ser lo que quieres ser) Concéntrate en lo bueno de tu vida personal, no en lo que te asusta. La razón por la que la gran mayoría sufrimos es que camínanos siempre reprimidos sea en amor, económico, político, y vamos acumulando sentimientos negativos que se convierten en tóxicos, y terminan por intoxicar nuestra mente, alma y espíritu. Estos sentimientos tóxicos nos impiden sentir la alegría de vivir; nos convertimos en personas con baja productividad emocional, con hábitos emocionales negativos, poco optimistas.
Echamos culpas por nuestros traumas, sin embargo, olvidamos que todos hemos enfrentado dolor y sufrimiento. En la infancia nuestros padres nos exigían que ocultáramos nuestros sentimientos, que no lloráramos en público, que si estábamos enojados lo ocultáramos, “Guardábamos todo”- “Reprimíamos nuestros sentimientos”
– “Escuchábamos órdenes”, y luego crecimos sin comprender por qué no nos sentimos felices. Siendo niño, y adolescente los adultos (Padres, maestros, etc.) violaban los límites y éramos incapaces de responder con coherencia puesto que fuimos controlados para escuchar y obedecer. Esto significa que debíamos tolerar todos abusos verbales negativos que recibíamos, y hoy como adultos hacemos lo mismo con los niños y jóvenes (Eso, es lo que cargamos acumulado en sentimientos negativos “Lo que no nos gustó, y tuvimos que hacerlo”)
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