jueves, 14 de agosto de 2025

 

SER DEL MONTÓN, O DISFRUTAR LA VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

A menudo vivimos según las reglas de los demás sin siquiera pensar en por qué deberíamos seguirlas. Desde niños, nos dicen frases como ¡Así es, así se hace! ¿Si, no lo haces, ¿Qué pensara la gente? Pero ¿Quién decide lo que está bien, o está mal?  Son las normas sociales las que nos impiden ser nosotros mismos. La necesidad de ser como todos los demás. Lo más fácil es dejarse llevar y hacer lo que hacen todos los que te rodean.

En la escuela, en la universidad, en el trabajo, en todas partes nos empujan hacia un único estándar masificado, y controlado. Pero cuando te adaptas constantemente a los demás, poco a poco te vas perdiendo en lo que realmente eres tú mismo. Recuerda: que todos se lancen al vacío no significa que tú tengas que hacer lo mismo. La verdadera valentía es ser uno mismo, incluso si eso significa ir contra la corriente. El hábito de dejarse llevar por la corriente construye la masa amorfa de los frustrados, de los que se auto engañan creyendo son felices y estar desarrolados en la cumbre de su éxito.

En realidad, vamos construyendo frases que nos justifiquen para contar con el pretexto de no salirse del control social. A nadie le permiten elegir su camino de forma consciente sea en el inicio de nuestra vida por los padres, enseguida la sociedad, y las circunstancias lo van eligiendo por ti. La vida es demasiado corta para dejar que otros decidan lo que quieres hacer. Toma el timón en tus propias manos; solo así llegarás adonde realmente quieres ir.

De parte de nuestros padres escuchamos frases de control como “Los niños no lloran, no puedes estar enojado, Contrólate” ¿cuántas veces has escuchado estas frases? Estamos acostumbrados a ocultar nuestros sentimientos como si fueran algo vergonzoso. Pero las emociones reprimidas no desaparecen: se acumulan en nuestro interior y se transforman en enfermedades, agresión o apatía, enfermedad mental. Permítete sentir, lo que es natural para tu cuerpo y emociones. Llora si estás triste, enójate si hay una razón, alégrate sin mirar atrás.

Eres una persona viva, no un robot. Las tradiciones pueden ser hermosas cuando tienen significado. Pero con demasiada frecuencia las seguimos simplemente por inercia. No tienes que casarte a los veinticinco solo porque “ya es hora, te estas quedando, ya es hora”, no tienes que trabajar en un trabajo que no te gusta solo porque es prestigioso. Y no tienes que celebrar festividades que no significan nada para ti.

Pregúntate: “¿Realmente quiero esto o sólo lo hago porque cuido el qué dirán?” Los padres, dan ordenes, consejos, por supuesto, quieren lo mejor para nosotros, pero sus ideas sobre la felicidad pueden ser muy diferentes a las nuestras. Si tu padre soñaba con que continuaras el negocio familiar, pero no te interesa, es tu derecho. Si tu madre espera nietos, pero tú no estás listo para tener hijos, es tu decisión. No estás obligado a vivir la vida que otros han creado para ti.  “Agradece a tus padres, pero vive como tú quieras” No vivas buscando constantemente la aprobación. El estar sujeto al que dirán las gentes es la pregunta que más nos impide ser felices. La verdad es que no puedes complacer a todos: siempre habrá alguien que te juzgue, aunque seas perfecto. Pero su opinión es su problema, sus limitaciones, sus miedos.

Vive tu vida como creas correcto, porque quienes te aman de verdad te aceptarán pase lo que pase. El teléfono inteligente llego para controlarnos, nos ha hecho adictos, y hemos olvidado cómo vivir en el mundo real. Las redes sociales, las notificaciones interminables, la importancia imaginaria de la vida en línea: todo esto nos absorbe el tiempo y la atención. Intenta dejar el teléfono de lado de vez en cuando. No hace falta fotografiar cada momento; es mejor vivirlo y simplemente disfrutarlo.

Te sorprenderá lo mucho más brillante y rica que se volverá tu vida. “No tengas miedo a destacar” quienes te controlan te dicen “No te arriesgues”, “Sé cómo los demás”, “¿Qué pensarán los demás de ti?” estas actitudes, a menudo absorbidas en la escuela, matan nuestra individualidad. Pero el mundo no necesita copias, y la vida real empieza cuando dejas de intentar encajar. Viste como te gusta, di lo que piensas y haz lo que creas correcto. Quienes merecen estar en tu vida se quedarán, y no deberías preocuparte por el resto.

Incluso las personas más cercanas pueden darte consejos basados en sus miedos y limitaciones. Y lo harán “Con sus buenas intenciones” a veces nos impiden escucharnos a nosotros mismos. ¿Quieres viajar? Hazlo. Es mejor arrepentirse de haberlo intentado que de no haberse atrevido. No renuncies a tus sueños cuando alguien te diga que no puedes, que seas realista, que no está al alcance de tus manos, son frases que han destruido más sueños que todos los fracasos juntos. Recuerda que si tu objetivo les parece descabellado a los demás no significa que sea inalcanzable.

Todos los grandes descubrimientos alguna vez parecieron imposibles. Así que sueña en grande, actúa con determinación y deja que los escépticos se muerdan las uñas. No gastes tu dinero en cosas que no necesitas, eso es el mayor engaño el hacerte por medio de la publicidad en creer que es necesaria, pero ni la ropa ni los aparatos nos hacen felices; solo crean la ilusión de alegría. La verdadera satisfacción reside en la libertad, la autorrealización y la vivencia de las emociones. Antes de comprar algo, pregúntate ¿De verdad lo necesito?

Si vives para complacer a los demás que estas traicionando a ti mismo. “No estás obligado a hacer lo que no te gusta, a justificar las expectativas de los demás ni a sacrificar tus sueños por la comodidad ajena. Tu vida te pertenece solo a ti, y solo tú decides cómo vivirla” Todo es control de masas. Todo es mentira: puedes ser quien quieras. Tu género, edad, origen no es una sentencia de derrota anticipada, es solo parte de tu historia. Hablar abiertamente, hacer preguntas, discutir: ésta es la única manera de cambiar algo. La adicción al trabajo mal pagado, es otro problema del control de nuestra época.

Vivimos en una sociedad donde se valora el trabajo, no la vida “Trabajas sin descanso y cuando te enfermas te dan una patada en el trasero sin derecho a nada” Estudias 20 años para irte a sentar en una oficina durante los mejores años de tu vida olvidándote de tus seres queridos, tu familia, de ti mismo ¿Acaso naciste para pasar sentado toda tu vida? “El trabajo es parte de la vida, pero no la completa” Encuentra tiempo para ti, tus seres queridos y las pequeñas alegrías, para que en el futuro no te arrepientas de extrañarlas.

 - La vida no se detiene: cambia constantemente, presenta nuevos desafíos y desbarata tus planes. Quien intenta detenerla está condenado al fracaso, y tu resistencia a no ser parte del montón, al cambio solo aumenta el estrés y la ansiedad. En lugar de luchar contra lo inevitable, puedes aprender a aceptar y adaptarte a la variabilidad del mundo que te rodea.

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