domingo, 17 de agosto de 2025

 

TE QUEDA CLARO ¿QUIEN ERES, Y A DONDE VAS?

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La primera afirmación se relaciona más con el razonamiento de las personas de mediana edad cuando dicen: “Tengo 40 años, pero todavía no entiendo qué quiero, quién soy, a qué me quiero dedicar, etc.” Este tipo de razonamiento también es una especie de crisis existencial, pero puedes corregirlo tú mismo. Pero si tu amigo o familiar te dice: “He perdido el sentido de la vida”, es decir, no ve el sentido de la vida en sí, y sabes por lo que ha pasado antes, entonces presta atención a su estado psicológico y comportamiento, que te dirán que sus palabras son serias, y anda con problemas que no lo dejan vivir con tranquilidad.

Esa amiga, la veraz triste, con mirada ausente, lágrimas a punto de salir, sin que nada de lo dicho sea sumamente importante. Incluso podrás escucharle que dice que no quiere vivir, que ojalá se muera “No lo está diciendo en broma, ni se lo tomes a la ligera, no es broma, tu amiga, o familiar necesita ayuda” En cuanto a tu persona, puede que en ese momento tengas un deseo de estar solo, sin que nadie te moleste, o sientes una pasión por conseguir o tener algo. Suele suceder que sea al revés y tengas una falta de interés por todo lo que sucede a tu alrededor.

Estos son los rostros con los que caminamos por la vida, “Un rostro de felicidad, o uno de tristeza” Parecemos a veces feliceses, pero no lo somos, y se nos nota por esa mirada tan profunda que no deja lugar a dudas a quien nos ve a los ojos. Los problemas pequeños que caben en una taza de café, los hacemos grandes y nos ahogan como si cayéramos en un mar. Nos comportamos agresivos con personas que nada nos han hecho “Que no tienen vela en el entierro” Y, todo porque ese problema nos está ocasionando inestabilidad emocional

El hecho es que cuando una persona pierde el sentido de la vida, nada la hace feliz. Se vuelve indiferente a las relaciones, a su pareja, a las dificultades, a los amigos, a los hijos, etc. Es como si estuviera anestesiado. Ya no sueña con nada, simplemente existe y se mueve por inercia. Quienes han perdido el sentido de la vida son indiferentes tanto a la vida como a la muerte.

Es posible, e incluso necesario, devolver a esa persona al mundo de la felicidad y la alegría. Al volverse indiferente tanto a la vida como a la muerte, sus acciones pueden ser deplorables. Será difícil para una persona salir de este estado por sí sola. Puede sentir la alegría de vivir por un tiempo, pero luego los problemas, y traumas que aún persisten en su interior se harán notar en sus actitudes. Sin que nadie me lo pida, les daré un consejo:  Queridos amigos, sean más atentos entre sí, no se alejen de un amigo, o una persona si la ven agobiada por los problemas, el apoyo en ese momento es esencial, es cuando se demuestra el amor fraternal. Apoyar a un amigo, amiga es necesario para que le sea más fácil de superar y pronto vean en su rostro de nuevo esa sonrisa optimista por vivir.

Muchas ocasiones las heridas del alma vienen desde la infancia y no, nos damos cuenta que a pesar del tiempo transcurrido no han cicatrizado, no lo hemos superado. Las heridas recientes son más fáciles de superar que las antiguas. Les comento la historia personal de una amiga quien al ver en sus ojos la melancolía le dije que sus ojos no brillaban de alegría, ¿Qué te sucede? – Ella me contesto “Lo tengo todo para una vida aparentemente feliz: un apartamento, un auto caro, una familia y un trabajo. Otras desearían estar en mi posición. Pero me siento sola, como si anduviera vagando por la vida, sin ver nada, más allá de mis narices, en ratos cuando me quedo sola reflexiono que tengo un enorme deseo de ser vista, de brillar, de sentirme “Yo, misma”

Y cuando estoy justo en medio de este vacío me dejo caer sobre la cama, y empiezo a llorar sin ningún sentido. No lo niego, vivo muchos momentos como este en donde no sé qué camino tomar. En ratos me siento realmente perdida en la vida, a pesar de cómo te digo no carezco de necesidades económicas. - ¿Le pregunte ¿Qué es para ti estar perdida? ¿No te sientes bien contigo misma, acaso piensas que no mereces lo mejor de la vida? – Dijo: Mira creó que no soy feliz porque tengo que trabajar todo el día, llegar a casa y continuar, y aunque tengo un ingreso estable me doy cuenta que no estoy en el lugar correcto, pero no puede cambiar de trabajo, más bien creó que lo que necesito es buscarme a mí misma, pero me he dado cuenta que desde niña se me metió el virus en la cabeza de que cualquier cambio me genera miedo.

En el amor me siento perdida ya que a pesar de tener novio lo veo demasiado rutinario al igual que yo, y si me caso con él, viviremos una vida de aburridos. – Yo, quiero una vida diferente, quitarme el miedo a cambiar, escuchar a mi alma. Reflexión: Todo lo que sentimos es nuestra autopercepción subjetiva a través del prisma de las actitudes que escuchamos en la infancia. Somos personas que, desde niños, hemos escuchado de nuestros padres: “Mira a tu vecina, ella es buena, se porta bien, es económica para gastar, se la pasa leyendo libros” Esas frases nos exigen que la superemos para quedar bien con nuestros padres. (Les sonó familiar)

 Si, no haces lo que te dicen viene la siguiente embestida “Eres una tonta, no vas a ser nada en la vida” ¿Te suena familiar? Me pregunto, ¿Entonces la hija, o el hijo, no es una persona con su propia visión interior de la vida y de sí mismo? ¿Qué es tu hijo?". Piensen en estas preguntas, amigos, tal vez le estén diciendo a su hijo lo mismo. Traemos traumas desde la infancia porque son los padres, al compararnos y poner constantemente a alguien como ejemplo, quienes condenan a sus hijos a perderse, es decir, a sentirse vacíos en su vida.

Nuestra reacción si estamos molestos es mandar todo al carajo, pero si queremos quedar bien con ellos decimos “Les demostraré, mamá y papá, que también puedo servir de ejemplo”. Y el niño, niña, empieza a actuar, es decir, a vivir no según su propia visión del mundo, se olvida de sí mismo. Su única motivación es la competencia y “ser el mejor” para sus padres, y este es un camino directo a perderse, y caer en vacíos existenciales que cargamos desde la infancia.

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