domingo, 19 de octubre de 2025

 

ADRIANA EN LA PREPARATORIA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Todos los padres deberían explicarles a sus hijos que nadie puede tocarlos si no quieren, que nadie puede hablarles mal si no están de acuerdo, que tienen que reaccionar, acudir a los adultos y decírselo. Necesitamos clases donde se les explique a los estudiantes que la libertad de uno termina donde empieza la libertad del otro. Cuando pienso que algunos extrañan la preparatoria, que podrían retroceder el tiempo... tengo pesadillas con volver a la preparatoria... fue lo peor para mí. Y así, sin más, unos compañeros arruinaron mi visión de lo que significa la preparatoria. Ahora me da vergüenza usar una falda más corta que las rodillas porque seguro que habrá algunos que silben, toquen la bocina. Esa gente debería pensar que podría ser su hija y no creo que les hubiera gustado que alguien le silbara en la calle, le diga obscenidades.

Empecé la preparatoria a los 16 años, (Ahora tengo 25) Yo, era una chica que usaba uniforme, y para salir a la calle me ponía lo que mis padres me elegían y compraban. No me fijaba mucho en peinados, no tenía curvas, tenía algunos granitos en la cara, no usaba maquillaje. Era una chica sencilla, que se dejaba llevar por su cabeza. Por desgracia para mí, el hecho de no estar a la moda con el resto de las chicas que se maquillaban y vestían provocativamente me causaba ansiedad. – No fui a la peor preparatoria, pero creo que estaba llena de compañeros y compañeras mediocres quienes conseguían calificaciones haciendo trampas o insinuándoseles a ciertos maestros (No piensen que hacian cosas malas, solo los manipulaban a su conveniencia para gozar de ciertos privilegios)

Desde el primer día en esa clase, me di cuenta que tenía algunos compañeros traviesos (Chicos y chicas) que no asistían a la escuela con la intención de estudiar, y pensé que seguramente me causarían algunos problemas... y así fue. Tuve que pasar todos los días por el calvario de la humillación: se burlaban de mí por no usar maquillaje, por no llevar ropa provocativa, por escuchar su música, por estar flaca, y me gane todo tipo de apodos La flaca, la lombriz parada, la patas de catre, la catrina, la monja loca, y otros que mi memoria ahora no quiere reproducir. Tuve compañeras que se dejaban manosear por los compañeros, las que usaban un lenguaje en donde cada palabra era obscena. Ellas se metían al baño a fumar. A diferencia de ellas, mis padres no me dejaban platicar o salir con algún chico, no iba a las fiestas, y cuidaban que no hiciera locuras como las de mis compañeras.

El problema era, que si no te dejabas manosear el chico te insultaba, y las chicas te aconsejaban que dejaras lo hiciera para que sintieras lo rico que se siente. Preferí seguir siendo para ellos la monja loca, porque eso era lo que me parecía normal entonces, y me parece normal ahora. Fui a la preparatoria para aprender, no para que me manosearan debajo del pupitre, para sentarme en brazos de chicos en los recreos o para ir al baño juntas a fumar. Durante la clase de inglés, uno cde los chicos comenzó a manosearme desde el pupitre de atrás. Varias veces le llame la atención para que parara con su juego al ver lo que sucedía la Teacher molesta nos pidió a ambos que explicáramos lo que nos estaba sucediendo.

– Le conté lo que estaba pasando, y ella solo me escucho sin que pasara nada. A partir de ahí, todos los chicos y chicas me molestaban. Algunas chicas cuando pasaba cerca de ellas en el pasillo en voz baja para que yo las escuchara decían a otra “Eres una putilla reprimida, come santos y caga diablos” – No niego, me molestaba y tenía ganas de agarrarlas y darles de golpes, pero no era la educación que recibía en mi hogar. Me cuestioné por decírselo a la Teacher ¿Qué hice? Me quedé callada y pensé que era mi culpa, que debería haberme callado, que era mejor. No niego, pensé en decirle a mis padres, quejarme en la dirección. Enseguida razonaba que no conseguiría nada, ya que todos los profesores estaban enterados, y nada de los comportamientos cambiaban. Mis padres nunca se enteraron.

Comprendí que las hormonas de mis compañeras y compañeros ya estaban desbordadas, y que su primer obstáculo era controlarlas. Los jóvenes iban perdiendo la dimensión de sus abusos lo que provocó un abuso aún mayor. Levantaban faldas y vestidos, tiraban de blusas, nos manoseaban en las tetas, enviaban notas con textos obscenos y dibujaban varios órganos en la pizarra (incluso en biología). Al ser una clase de matemáticas e informática, tenía muchas clases de informática, lo que significaba pasar muchas horas frente a una computadora. ¿Y qué hacían mis compañeros?

Ponían películas porno. ¿Y cuando era profesora la de la clase? Se ponía colorada de tanto gritar, y eso era todo. Durante una clase en donde el maestro no llegó y el aula quedo a manos de los rufianes que se decían estudiantes, uno de ellos cerró la puerta, y a su paso junto a mí me manoseo las tetas. Mi instinto reacciono y le di una bofetada. El me agarro con sus manos y me tiro al suelo, me agarró, y sujeto del pelo para inmovilizarme. Le clave las uñas en el cuello. Las chicas no se molestaron en defenderme, solo observaban. Creo que ellas disfrutaban al ver que me hacía daño, es decir para ellas era un placer. Fui a la dirección de inmediato, pero el director era amigo del padre del estudiante.

Para taparle el ojo al macho, acudió al aula, y les pidió a las chicas que escribieran en una hoja todo lo sucedido. El resultado final fue que todos los maestros me bajaron las calificaciones a siete por mal comportamiento y al chico a seis. Los profesores, tanto hombres como mujeres sabían que el chico era el culpable, pero lo justificaban argumentando que yo tenía algo de culpa por andarlo provocando. - No digo que me gustara el papel de víctima, pero por fin puse sobre la mesa que no le permitiría a nadie que me manoseara o pusiera en tela de juicio mi dignidad como mujer.

A partir de ahí, dejaron de manosearme las tetas, aunque todos hablaban en secreto mal de mí. Ya no escuchaba en los pasillos preguntas ¿Cómo amaneció hoy tu vagina, etc.? Así, fue para mí la preparatoria, llena de ansiedad, frustración, palabras obscenas, compañeras vulgares. Y solo quiero decirles que “Nunca, fui una monja” Con los novios que he tenido mantengo una relación de respeto, y el que se pasa tocándome “Ahí de inmediato termina todo tipo de relación”

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