¡DISPARATES DE LA
VIDA “VACIOS SENTIMENTALES!”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex
Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Vivimos en una época en la que la pizza llega a nuestros hogares más rápido que la policía. Una época en la que es más fácil viajar en autobús que en coche particular. Una época en la que compramos el teléfono más caro que exista en el mercado, y comenzamos a pagar las cuentas por código de aplicación. Una época en la que nos destrozamos el lomo para recibir miseria de sueldo. Una época en la que te quemas las pestañas estudiando para que un hijo o pariente de un político agarre el puesto sin perfil y debas obedecerle en mínimos caprichos “Desafortunadamente esto se mueve así”
Vivimos en una época donde es más importante tener cosas que sentir, y dar amor, donde es más importante mostrarse lo que no se es para ser admirado (Vanidad, egoísmo, arrogancia, jactancia) para llamar la atención. Una época en la que hemos perdido la capacidad de razonar y resolver nuestros problemas recurriendo a lo demás o abusando de ellos. Una época en la que importa demasiado lo que vestimos, no cómo nos comportamos, con quién salimos demasiado, ni adónde vamos, ni con qué estilista nos cortamos el pelo, nos pintamos las uñas, ni qué escondemos.
Eso, por suerte, si aún escondemos algo de nuestra intimidad. Vivimos en la época de la velocidad, del IPOD. Internet, face, Instagram, y estar conectado es de vida o muerte, es ser parte de la existencia de la manada. - Vivimos en una época en el que nos preocupamos excesivamente por cómo dejar de fumar, de comer dulces, ingerir refrescos, combatir las enfermedades crónicas, pero en el que seguimos frecuentando bares y comprando dulces y refrescos para los niños. – Tomamos café sin esperar que la hornilla se caliente, las mujeres vuelan a toda velocidad por las calles manejando autos, y con su teléfono incluido en el volante para que no pierdan la costumbre de charlar.
“Todos tienen prisa, y somos demasiados” Las posibilidades de la tecnología y la ciencia han superado nuestros límites, nos han dado alas para volar. Tenemos coches potentes, pero las calles y carreteras son un desastre. Cuidamos la salud, y las aguas de los drenajes brotan por doquier. “Todos cometemos errores, todos tiramos una cana al aire, todos pecamos, y todos nos justificamos culpando a otros” – “Jugamos con el destino creyendo que lo sabemos todo. Que todo es nuestro, o que nada puede pasarnos, que somos inmunes” Hemos desafiado al mar construyendo casas, y negocios sobre su misma arena en donde revientan las olas, nos apoderamos del libre tránsito por la arena de la playa.
Hemos desafiado a la naturaleza clonando animales (Oveja Dolly) pronto veremos copias de nosotros mismos caminado por las calles “Nada es imposible para la nueva inteligencia humana” ¡Es fantástico! ¡Es extraordinario! Pero está al borde del precipicio con la locura humana por destruirnos, y todo lo que se atraviese a nuestro paso. Hoy podemos cambiar el color de nuestros ojos, el del pelo, sembrar pelo, implantes de nalgas, labios, partes íntimas, dientes, tetas. Los hombres se depilan, los niños de 13 años empiezan su vida sexual de forma activa, no hay respeto por las normas establecidas por todas las religiones sobre la moral, y para evadir esa responsabilidad las descalifican como anticuadas.
Ya no es prioridad para las mujeres casarse antes de tener relaciones íntimas “primero la cama y ya despues veremos si es el adecuado para llevarlo al altar, o seguimos probando” ¿Y, el amor eterno? Ponemos nombres raros a nuestros hijos, difíciles de pronunciar, y en arrebatos de coraje los maldecimos. Nos preguntamos seguido ¿Por qué estamos siempre cansados, por qué nos enojamos tan a menudo? A todos nos gustaría salir, ir a un lugar uy ser recibido por caras sonrientes, por ejemplo, llegas al trabajo, y te sonríen, pero al momento en que te volteas te comienzan a comer con habladurías sobre tu persona.
Vas a un lugar a tomar café y vs en las mesas a varias personas sentadas frente a frente, pero mirando todas a su teléfono. “Qué tiempos aquellos, en los que corríamos por las calles los infantes felices, sin miedos, y las chicas se reunían en las bibliotecas para hacer tareas, los parques para conversar entre ellas y conseguir pretendiente, hoy andan en los bares, y salen más borrachas que los hombres” Hoy, se habla mucho, pero no se dice nada, hoy se sonríe, pero no se está alegre, sino que se cumple con un protocolo para atender a un cliente en una tienda. La gente se ha acostumbrado a fingir los sentimientos, es un habito, ya no dice que quiere porque aprendió a repetir palabras vacías de sentimientos.
Si, le preguntas ¿Cómo estás? De inmediato responde “Muy bien, gracias” – “Realmente estará hablándonos con su verdad, ¿No esconde nada, es una persona sin problemas de ningún tipo, o responde por costumbre?” Pocas son las personas que dicen lo que piensan, y no en todos lados “Depende con quien estén conversando, y lo que pretendan ocultar” porque la gente se ha acostumbrado a mentir, a usar palabras vacías, para ocultar sus sentimientos, para no despertar demonios en quien les escucha, y se debe a que las palabras queman, arden, duelen, y muchas veces no se curan sus heridas. Por eso la gente prudente, sensata, prefiere callar, aunque sepa que la persona con la conversa se merece conocer la verdad. Realmente no en tendió el ¿Porque? No podemos hablar con sinceridad de las cosas que nos importan, y solo hablamos de cosas triviales con respuestas vacías.
En lo personal no solo escribo, sino que también hablo mucho de mí, de lo que pienso, pero aprendí también a ser discreto, a saber, escuchar, tratar de controlar el instinto de interrumpir a la persona que está haciendo uso de la voz en la conversación. Me gusta hablar, escuchar de las cosas que me interesan, de lo que realmente representa ese algo para mejorar mi vida., y trato de explicar a cada persona mis deseos, sensaciones, miedos, egos, vanidades, arrogancias, lo que creo es normal y lo que me salpica el alma.
Hablar conmigo mismo, es sano. Siempre he creído que hablar de los problemas ayuda, a disipar toda esa energía negativa y dispersarla. Por otro lado, es bueno darle vueltas a una alegría o a un plan hasta que se convierte en el sueño más extraordinario. Por eso, sobre las cosas que quiero hacer, hablo menos y le doy más vueltas.
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