viernes, 17 de octubre de 2025

 

CUENTOS VISIÓN DE VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

LA ESTUPIDES DE UNA RANA: La primera lluvia fuerte de la temporada había inundado el estanque. El camino también estaba inundado. Todas las ranas que vivían en el estanque estaban muy felices. Al ver el agua extenderse por el suelo, una pequeña rana planeó mentalmente vagar por los prados, y esperó con impaciencia el anochecer para que sus padres no la controlaran. Al caer la noche, la pequeña rana salió del estanque, evitando la vista de sus padres, y de las demás. Empezó a pensar en su ingenio y pensó: “En una tierra tan grande, recién renacida por el agua, solo yo tendré un imperio”

– “Menos mal que nadie me vio salir, de lo contrario todos me habrían seguido y arruinado la alegría de establecer mi nuevo imperio” Consideró este logro, que obtuvo gratis, una maravilla de su inteligencia y comenzó a vagar de aquí para allá como una rana reina. Mentalmente se consideraba nueva emperadora de un mundo entero. En cuanto dejó de llover, después de un tiempo, el nivel del agua en el camino comenzó a bajar y el camino se secó en un instante.

Esta rana pequeña ahora estaba asustada. Se esforzó mucho por encontrar el camino de regreso a la casa de sus padres, extrañaba el lago, así que saltó y saltó, pero todo fue en vano. El lago no aparecía por ningún lado. Finalmente, cubierta de lodo, se sentó exhausta cuando de repente llegó un auto, y la atropelló. La rana, que respiraba su último aliento, se arrepintió profundamente de su astucia. Comprendió que no se debe engañar a los padres, porque siempre acaba mal.

EL BILLETE: Un famoso orador comenzó su discurso con un billete de cien pesos en la mano. Toda la sala se llenó de risas. Tan pronto como comenzó su discurso, mostró el billete que sostenía y preguntó: “¿Quién quiere este billete de cien pesos?” Lentamente, una a una, las manos comenzaron a levantarse. Entonces el orador dijo: “Está bien, les daré este billete de cien pesos a uno de los que haya levantado su mano, pero primero tengo algo que hacer” - Diciendo esto, dobló el billete de cien pesos. El silencio se extendió por la sala. Lentamente abrió el billete arrugado y preguntó: “¿Quién quiere todavía este billete?” Las manos comenzaron a levantarse de nuevo.

Diciendo “Está bien”, y tiró el billete de cien pesos al suelo y lo aplastó bajo sus zapatos. Recogió el billete arrugado y aplastado de nuevo y preguntó: “¿Quién quiere todavía un billete tan sucio y polvoriento?”. A pesar de esto, todos levantaron las manos. – Al continuar su discurso dijo “Mis queridos amigos. Hemos aprendido algo muy importante hoy. He arrugado, pisoteado y ensuciado este billete, pero aún lo quieren, porque sabes que su valor no disminuirá. Incluso ahora, sigue siendo un billete de cien pesos.

De igual manera, muchas veces, debido a las circunstancias de la vida, nos deprimimos, nos decepcionamos y nos encogemos por decisiones o errores. Al igual que este billete, nos aplastamos y sentimos que nos hemos vuelto completamente inútiles, pero no es así. Pase lo que pase, nuestro valor no disminuye. Todos somos especiales; nunca lo olvides.

HISTORIA: Un joven campesino que acaba de emigrar del campo a la ciudad, y estaba desempleado solicitó el puesto de empleado de oficina en el gobierno. Un empleado público lo entrevistó. Al final de la entrevista, le pidió su correo electrónico. El joven no lo tenía, le dijo que en su rancho no se utilizaba. El empleado público dijo: “Hoy en día, quien no tiene correo electrónico no tiene identidad. Lo siento, pero no hay lugar para personas anónimas en el gobierno” El joven rural se sintió decepcionado, pero no se desanimó. Tras pensarlo un rato, acondiciono unas tablas poniéndole llantas, compró verduras con su modesto capital, y las vendió de puerta en puerta gritando a todo pulmón para atraer clientes.

A partir de allí, hacia el trabajo tres veces al día. Cuando regresaba a su casa contaba el dinero, y veía que cada día aumentaba su dinero, por lo que se levantaba con mayor ánimo para continuar trabajando. En un año se compro una camioneta vieja, y en tres años contaba con 7 camionetas he igual número de empleados. En cinco años estableció fruterías por toda la ciudad y se convirtió en el principal proveedor del mercado (tenía docenas de camionetas de reparto) Llegó el día en que necesitaba seguros tanto para sus negocios como autos, y llamó a un agente de seguros. - Hablaron sobre diversas pólizas de seguro relacionadas con las necesidades del negocio. Al final de la conversación, el agente de seguros le pidió su correo electrónico.  - El hombre respondió: “No tengo correo electrónico”

El agente, sorprendido, preguntó: “Si no tienes correo electrónico, ¿cómo has creado un negocio tan grande? ¿Tienes idea de qué serías si tuvieras correo electrónico, algo indispensable hoy en día?” El comerciante respondió “Si, tuviera correo electrónico, hoy sería un agente de seguros, o un empleado de gobierno frustrado, contando los minutos que faltan para salir de ese infierno” Moraleja: Los problemas son parte inevitable de nuestra vida diaria. La clave está en mirar cada problema desde una perspectiva diferente. Si vemos un problema que parece frustrante desde una nueva perspectiva, podemos ver en él una oportunidad. Para convertir un problema que impide el éxito en una oportunidad, necesitamos cambiar nuestra visión de vida.

 

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