martes, 14 de octubre de 2025

 

CUENTOS CORTOS PARA SU HIJOS

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

HORMIGA AMBICIOSA: Érase una vez, una niña hormiga como todas: trabajadora, organizada, sabia y siempre ocupada. Pero parecía un poco demasiado ambiciosa comparada con sus hermanas. Por ejemplo, cuando tenían algo que llevar, corría a la parte más voluminosa de lo recogido por sus hermanas. Y a veces tropezaba un poco por lo pesado que era. Era una hormiga que en todo se involucraba. Siendo una niña la mandaron a la escuela de las hormigas para que aprendiera. De inmediato la niña quería el primer dia aprender a leer, y a escribir.

En la escuela vio en los libros que los humanos habían construido elevadores para que las personas subieran sin esfuerzo. De inmediato al regresar al hormiguero les propuso que construyeran un elevador para las hormigas enfermas, y ancianas. Ante la negativa, ella exclamo ¡Yo, misma lo montaré, sin ayuda de nadie! A partir de allí, cada dia que regresaba de la escuela traía en su cabeza nuevas ideas para mejorar el hormiguero, y la calidad de vida de todas sus hermanas. Trabajaba todo el día en sus planes para que se concretaran sus ideas, descansaba poco y siempre volvía a empezar con sus grandiosos planes para el hormiguero.

Y un día de verano tuvo una nueva revelación. Al oír en la escuela que había hormigas voladoras, pensó que podría convertirse en una. Es más, podría hacer alas para que todas sus hermanas pudieran disfrutar de alas, y no volar sola. Ambiciosa, como era, empezó a hacer pruebas. Primero intentó improvisar algo con una telaraña abandonada. Pero no le sirvieron como alas. Luego encontró unos pétalos de rosas diminutos, que parecieron funcionar mejor. Pero se marchitaron enseguida.

La suerte le trajo las alas perdidas de un mosquito, de las cuales no sabemos qué le pasó al mosquito. Y se las pegó al cuerpo con una gota de pegamento, y mucha habilidad, lanzándose al vuelo desde una rama de un limón. Pero no basta con tener qué, ¡también hay que saber cómo! El vuelo resultó mucho más difícil de lo que imaginaba, terminando, sin su voluntad, en el pico de una gallina en el patio. La gallina de inmediato estiro el pico, abrió el pico para ofrecérsela a sus polluelos de alimento. La hormiga se salvó debido a que justo en ese momento soplo una ráfaga de aire que la hizo volar hasta caer en un estanque. Se subió a una hoja seca y la corriente del agua lo comenzó arrastrar. 

En el hormiguero todas sus hermanas preocupadas preguntaban por su hermana inquieta, hasta que tres meses despues la hormiga apareció regresando a su hogar. Quizás pienses que el susto fue una lección para su mente y que nuestra hormiga ha renunciado a sus aspiraciones. Pero no, sigue siendo como la conocemos, siempre con una idea, un proyecto, un sueño. Y si ves en el parque, en el jardín o en un prado de montaña una hormiga con pequeñas alas improvisadas, luchando por volar, debes saber que es la ambiciosa hormiga de mi historia, o sus hijos.

BECERRITO INQUIETO: Había una vez un becerrito muy travieso al que le encantaba hacer bromas, a todos. Hacia bromas a sus amigos, familia, gente de la granja, todos sabían lo travieso que era. ¿Te cuento algunas de sus travesuras? Un día, al oír hablar a un burro de cierta hierba que provocaba pesadillas extrañas en los cuernos de los becerros y vacas, mezcló unas hierbas en el pesebre, de modo que todas las vacas y toros empezaron a rondar la noche como fantasmas asustados. Habría sido muy gracioso verlos correr sin rumbo y descuidadamente en lugar de dormir, pero algunos resultaron levemente heridos.

En otra ocasión, se escondió en un establo y salió haciéndose el muy asustado, justo cuando pasaba un chivito, y este asustado empezó a llorar, y balar con tanta fuerza que su madre al escucharlo acudió lo más rápido que pudo para ver lo que le sucedía a su hijo. Al ver lo que había ocasionado el becerrito asustado se escondió. El miedo se extendió por toda la granja; nadie sabía qué había pasado, pero todos los animales corrían despavoridos de un lado a otro. No pasaba un día sin que hiciera alguna travesura, desde hacer ruidos extraños para asustar, patear tablones, hacer creer al dueño de la granja y su familia que los invadían espíritus malignos, o patear los troncos de los arboles donde veía nidos de pájaros.

Llegó el momento en que todos en la granja se acostumbraron en las bromas del becerrito. Un día llovió mucho, y uno de los rayos impacto la planta de luz de la granja, lo que interrumpió gravemente las operaciones de la granja. Sin electricidad, los productos que necesitaban refrigeración comenzaron a echarse a perder rápidamente, los sistemas de alimento y agua dejaron de funcionar y el granjero y su familia, se vieron abrumados por tanto trabajos. Algunos potreros quedaron bloqueados y los animales corrían un grave peligro. Y, aunque no era broma, el dueño de la granja, y su familia culparon al becerrito.

Hartos de sus bromas, a la hora de la cena se pusieron de acuerdo en ¿Cómo? deshacerse del becerrito “Nadie lo quería en la granja” Cuando estaban a punto de venderle a una persona que se dedicaba a comprar becerritos para engordarles y en seis meses mandarlos al rastro para que los mataran, y vendieran su carne en el mercado, para su suerte llegó del pueblo un amigo del granjero cuyo oficio era electricista, quien descubrió que el corte de luz fue a causa de un rayo durante la lluvia, y que por lo tanto  no fue una más de las bromas del becerrito.

 A partir de ahí, el becerrito aprendió su lección para no continuar haciendo bromas. Al convertirse en toro, tuvo un hijo becerrito quien traía en su naturaleza el hacer bromas como su padre. Su hijo a la edad de 3 meses fue vendido como becerrito de engorde, y a los seis meses de edad fue sacrificado en el rastro. Las madres que compraron esa carne en el mercado se la dieron de alimento a sus hijos, y hoy varios niños han nacido tan bromistas que sus padres no saben qué hacer con ellos.

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