sábado, 20 de diciembre de 2025

 

DÍAS MUY DIFICILES DE MARTHA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Nunca he consumido drogas, ni en los momentos más críticos de mi vida, ya que considero que no es la forma adecuada de huir los problemas o de los sentimientos. Los problemas son pensamientos dentro de la cabeza que nos arrodillan y se van apoderando de nuestras decisiones. Sin embargo, la mayoría de ellos no valen la pena para que nos los tomemos tan a pecho. Todas hemos en cierto momento y circunstancia de la vida llegar a pensar que no valemos nada, que todo es inútil, que no hay porque luchar. Algunas se rinden y dirigen su insatisfacción al alcohol las drogas, incluso las mezclan.

Comento que en aquellos momentos me acostaba en la noche, y sentía mi corazón latir con tal fuerza que me daba miedo terminara por reventar, sentía que se me salía del pecho. Pensé que iba a morir y me preparé para la muerte durmiendo en piyama para que la persona que me encontrara no tuviera que verme desnuda. Otras veces salía a calle a deambular sin rumbo, y recuerdo que en mi cabeza daba vueltas que “era que la vida no valía la pena vivirla, que el mundo estaba en mi contra y que no podía hacer nada al respecto” Me hizo vivir en un constante estado de fuga y la mente me aconsejaba que bebiera alcohol, consumiera drogas para olvidar por unas horas. Sin duda mi mente estaba total y rotundamente equivocada ya que me hacia pensar en el camino fácil, rápido, inútil.

En realidad, lo que necesitaba era enderezar mi vida, y no torcer el camino para sentirme bien por unas horas. Los problemas personales, económicos, me torturaban sin dejarme dormir. Era como si el mundo entero estuviera en mi contra, y que la gente de ese mundo ya no quisiera estuviera viva. No solo sentía que estaba viviendo una tragedia, sino que tenía un peligroso deseo de muerte. Mi vida se sentía como una lucha ya que no tenía un hogar permanente, vivía en un nudo de conflictos, y el trabajo no me gustaba además de recibir una miserable paga por el mismo. Mi cabeza no me daba para reflexionar que seguía viviendo en mi pasado, que no quería dejar ir esa forma de enfrentar y vivir mi vida para seguir adelante.

Fueron momentos en los que me sentí la peor persona, y esos pensamientos no me dejaban escapar, y yo no hacía nada para contrarrestar lo peor que me sucedía. Me plantaba ante el espejo para recriminarme, o para mentirme culpando a otros “No es mi culpa, nadie me quiere, no los necesito, puedo sola, todos me mienten” con esta frase quería justificarme. “Lo mejor está por venir, no me fallare” para sentirme un poco bien. Como pueden leer, en todo, yo sola me hacia la vida más complicada. Me sentía una chica aburrida que dedicaba parte de su tiempo a perjudicar a su mente y cuerpo sentada frente al televisor comiendo chatarra, escuchando mensajes frívolos.

Ahí perdiendo el tiempo con la mente lista para justificarme, he inventar que no contaba con dinero, amor por culpa de que nadie me quería. Ahí, sentada preocupada por lo que decían de mi los demás, evitando un desafío personal, un desafío para superar mis miedos, ignorancia y solo distraerme en algo que no me beneficiaba en nada. Mi vida trascurría en pereza mental, mente loca por las incertidumbres egoístas, exigiendo que la sociedad me gratificara por mi linda cara, piernas y nalgas, pero sin que significara ningún esfuerzo personal sino haciendo lo menos posible por resolverlo. Hoy esta actitud la entiendo como “El acuerdo mental de conformidad para ser una fracasada” No supe cuándo, pero un día me levanté diciéndome ante ese espejo que ya al solo ver que me paraba frente a él se reía de mí.

Me dije: “Esfuérzate por hacer lo mejor que puedas, desafíate a ti misma” – “Muévete, sigue aprendiendo, come sano, has ejercicio” - “Deja de compararte, no te preocupes por las cosas pequeñas, habla con la gente. Si bebes hazlo con moderación, enfréntate a tus miedos, trabaja en tu sueño, pasa tiempo contigo misma, deja de distraerte” - Concéntrate en una cosa, escúchate, alimenta tu cerebro con cosas buenas. Trata de comprender a los demás, rompe todo tipo de amistad o relación destructiva y se paciente para esperar a que la vida te lo gratifique. Me llegaba el entendimiento en que si deseaba avanzar debía escuchar, debía dejar de juzgar y culpar, resolver la incertidumbre de mis pensamientos.

Pensar en que actividades esforzarme, y sobre todo dejar atrás la pereza mental, y cómoda de mi sillón frente a la televisión. Me llegó la lucidez de que debía asumir la vida con responsabilidad, y que mis anteriores fracasos no me volvieran a derrotar ahora de forma mental. Poco a poco fue quedando atrás esa chica que elegía lo fácil, y que se negaba a intervenir en su cabeza llena de humo con ideas negativas. Hoy comencé a tomar decisiones conscientes. Había llegado el momento de dejar de auto mentirme. Si me sentía un poco pasada der peso empezaba a moverme para quemar grasa, seleccionar mis alimentos, si al hablar me daba cuenta que estaba mintiendo me auto ordenaba detenerme, si gastaba el dinero antes analizaba si realmente lo que compraba me era útil, y prioritario. “Se acabaron las excusas y llegaron los razonamientos”

– “Si sabes que estás ignorando tu sueño, toma la decisión de comenzar a perseguirlo. Si sabes que estás evitando tus miedos, enfréntalos” – “Retírate de las personas equivocadas, acércate con las que te sientes bien” Estas son solo algunas de las cosas que me hicieron reflexionar para sobrevivir.  No debemos olvidar que la mayor parte del cerebro humano, y el cuerpo es algo que todavía no entendemos realmente cómo funciona. Hoy soy la construcción, integración de aquella chica la que le rompieron el corazón, que no tenía dinero, que se paraba con los pies destrozados y para que no la vieran caerse se encerraba a ver televisión acompañada de comida chatarra.

Soy aquella que juzgaba que todos la engañaban, nadie la amaba, todos la lesionaban, que según ella sufría injusticias, y que se quedaba cómoda con la idea dándole vueltas en su cabeza que la vida no es fácil, y no vale la pena luchar por cambiar la nuestra. Reconozco que fui una chica ingenua, que pecaba de pesimista, no contaba con la madures realista y práctica. Soy la chica que elegía lo sencillo, lo simple que no significara esfuerzo para no tener que usar la resistencia necesaria para construir mi carácter. Hoy soy una chica que desafía sus miedos, su vida, elige decir la verdad, se adentra en sus incertidumbres, aprende cada día cosas nuevas, las pone a prueba, ella misma se pone a prueba, y si se cae se levanta para tomar una nueva decisión. “Me desafío” – “Si no haces nada por tu vida, ella tampoco lo hará” La decisión que tome fue que haría todo lo que estuviera a mi alcance para cambiar mi vida. Dejaría de sentir lástima por mí misma, y de aferrarme a mi pasado. En cambio, me concentraría en comenzar a construir mi futuro. Hacer honesta, abierta conmigo misma.

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