CÓMO SE
VISTEN LAS MUJERES Y LA VIOLENCIA
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM.
Las
condiciones sociales de la mujer y las luchas están representadas en la
vestimenta. Durante mucho tiempo, la ropa de mujer se utilizó como herramienta
de control social y exhibicionismo masculino. Mientras los hombres hacían uso
de ropa que les permitía movimientos libres, a las mujeres se le limitaba a la
incomodidad. Una de las prendas femeninas más conocidas y comentadas por su
poder para inmovilizar a una mujer era el corsé. La estructura difícil y
apretada de los corsés, las mantenía atrapadas entre fierros, luego fue
acompañada del cinturón de castidad para prevenir el engaño sexual.
El cuerpo
femenino y su ropa fueron el signo de la posición social a la que pertenecían.
Concurrieron épocas en que la mujer se vio sometida a la opresión y
discriminación. Las mujeres estaban dirigidas hacia la reproducción y el
sometimiento del poder y control masculino. La lucha de ellas apoyadas por
masculinos lograron que la ropa cambiara para ellas, siendo esa ropa uno de
grandes recursos en la revolución femenina, paso de ser una mujer escogida para
el deleite de un hombre a una conquistadora, liberada en lo físico,
psicológico, emocional, profesional.
A finales del
siglo XX, comienza utilizar pantalones, luego falda corta, a usar ropa más
cómoda, sin embargo, la nueva indumentaria las llevo a una nueva lucha argumentando
que solo las mujeres inmorales usaban falda corta y las lesbianas pantalones
perdiendo su feminidad. Una gran parte de las mujeres atendieron las críticas y
no utilizaron estas prendas, otras por considerar que en faldas cortas enseban
el sexo y no era la forma de comportarse de una señorita.
A partir de
allí, vendrían luchas importantes por mejores condiciones de vida y de trabajo.
La revolución sexual se hizo presente con el movimiento feminista quien en
forma abierta la mujer exige sus derechos básicos de igualdad, derechos de
expresión y sexualidad. Los medios de comunicación en manos de los hombres las
quemaban vivas en cada intervención que ellas reclamaban, no solo en sus
derechos sino en su vestir y la posición que asumían en lo laboral. En
consecuencia, la violencia contra las mujeres a permanecido arraigada
culturalmente y justificada hasta el día presente.
El machismo,
herencia del patriarcado, ha persistido en el comportamiento de la sociedad
mexicana y en la mayoría de los pueblos de México la mujer sigue en su antiguo
estatus de mercancía, sirviéndole a su dueño quien a su juicio aplica el
castigo. El hecho de que el cuerpo de la mujer siga siendo considerado un mero
objeto del deseo del hombre y que en sus actos necesita la aprobación del
hombre para que este se sienta satisfecho y no la castigue no ha cambiado.
La
explicación la encontramos no solo en lo patriarcal, sino en la religión
católica con los temas morales, y explicando aspectos sobre el papel de la
mujer.
Por otro
lado, la costumbre y la tradición de una cultura golpista, violadora en las
relaciones sexuales que es contemplada como algo normal, puesto que la mujer
solo sirve para eso, y que debe cuidar el honor del hombre. La existencia y
reproducción de este tipo de conductas hasta nuestro entorno actual expone la
aceptación y fomento de la dominación y la violencia contra la mujer, presente.
Una mujer que es fuente de deseo. Una sociedad sexista que no respeta a las
mujeres, sus derechos, sus ideales y su cuerpo, sometida al machismo.
Un hombre que
usa el lenguaje para martirizarla, denigrarla y la golpea para que reconozca su
marca en un comportamiento animal ¿Es ese el ideal humano? Unos medios de
comunicación de las masas en manos de hombres empresarios que venden comercialmente
a la mujer al identificarse con la artista, la ropa, joyas, seducciones,
sueños, deseos, fantasías y actitudes. Esos medios influyen en la mujer en la
forma en la que se percibe y debe relacionarse con la sociedad. Les modifica su
forma de pensar haciéndolas creer en la mujer perfecta, la de belleza ideal, la
mujer descompuesta que discute ya trasformada en lo superficial de lo que se le
vende.
La ropa es
una herramienta de expresión, poder y conquista en las luchas feministas. Por
otro lado, la ropa también tiene la responsabilidad en la violencia contra la
mujer. La ropa de mujer ha sido utilizada como pretexto y argumento en el
comportamiento de personas que abusan de las mujeres. La ropa ha asumido el
papel de coartada para alegación y justificación de tales actos.
La percepción
distorsionada de la exposición por parte de la sociedad del cuerpo de la mujer
y el poder otorgado sobre él hace posible que la ropa sea vista y utilizado
como instrumento de discriminación, tributación y violencia contra las mujeres.
El mexicano común y corriente cuando ve en la televisión o escucha en la radio
que una mujer fue violada sexualmente o agredida, lo primero que expresa es
¡Que no se vistan como putas! ¿Qué ¡No! muestren sus cuerpos para que no
generen tentaciones?
Es decir,
convierte a la víctima en culpable ¿Acaso la mujer que viste provocativa que
muestra su cuerpo merecen ser atacadas? En respuesta muchas feministas han
salido a la calle desnudas en protesta para reafirmar su derecho sobre su
cuerpo y la forma de vestir. Los mexicanos culpan a las mujeres de sus
desgracias al llamarlas provocadoras. En los casos de muerte las exhiben con su
ropa, tatuajes, si consumieron alcohol para justificar ese abuso y no dar
cuentas en la localización del asesino.
Los violadores
actúan de esta manera apoyados en discursos sexistas que son transmitidos a
ellos por sus propio padre y madre, amigos o de la forma más variada.
El discurso
se centra en lo puta de la mujer, la idea de tener sexo con ella sin su
consentimiento por el poder del hombre. Tal valor se transmite a toda la
sociedad, lo que re victimiza a las mujeres principalmente porque, según la
concepción general, son ellas las que se colocan en las situaciones de riesgo.
Es culpable por no seguir las reglas establecidas por los hombres en esta
sociedad y ser laxa en su conducta y comportamiento. La mujer es culpable y
responsable de lo que le pasa, por esos actos en los que no mide el riesgo en
el cuidado de su integridad sexual.
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