LOS RECUERDOS EN LAS FOTOS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Un día hacia el final de unas vacaciones en el pueblo las
cuales eran frecuentes me entretenía esculcando entre mis cosas lo guardado con
tanto esmero antes de marcharme a la ciudad. Los contemplaba y muchos de ellos
ya no tenían significado alguno, se veían empolvados, viejos pero eran el
testimonio fiel de lo que amaba.
Un viejo veliz de lámina lo mire amarrado debajo de una cama,
permanecía igual en como lo deje (Nudo sin moverse) Posiblemente fue
presentable en otra época, pero las modas avanzan y lo pomposo se muestra
obsoleto, dentro del veliz había una caja de cartón, al abrirla me encontré con
viejas fotografías familiares dentro de una bolsa. Empecé a mirarlas, los dedos
desfilaban entre una y otra.
Observaba los rasgos y cambios en las personas aunque las
fotos se mostraban amarillenta por el paso del tiempo. Los gestos de algunas de
las personas en la actualidad han cambiado me dije.- Son más toscos, agrios,
soberbios, altivos.- Mucho se trasforma la cara con el paso de los años.- Ver
las fotografías me producía un placer inexplicable, aun corría por mis venas el
recuerdo fresco de ellas. Apareció la foto de una de las tantas personas a
quien inicie queriendo como posible novia a futuro.
Muchos años habían pasado, una a una las fui recorriendo y
recordando, niños, muchachas, tíos, abuelos, amigas, hombres que no recordaba
su nombre pero que estaban allí parados en la foto. Un día nos paró mi madre
frente a la cámara de ¿Felipe Neri o de Alfonso Blancarte? en el patio de la
casa, y por primera vez me vi en un calzón de manta tipo pañal con
aproximadamente 3 años, eso desato alegría al reconocerme, en otra estaba en
brazos del abuelo (5 años en edad)
Mi madre joven con un rostro que no le conocía (15 años en
edad) con la tía Chole y sus primos los Millán, mi hermana Margarita
recibiéndose de la normal junto a su primas con las que vivió en Culiacán en
época de estudiante (Ana Alicia y Silvia Torróntegui Manjarrez) y su antiguo
pretendiente un normalista que le encantaba tocar la guitarra, mi hermana
Isabel con otro ramillete de primas, el tío Indio bañándose con sus hijos y
sobrinos en el arroyo de Colompo rodeado de sobrinas entre ellas mis hermanas,
las Parra, ect-, el tío Parra con sus hijos en Altata, mis primas Parra (Betty,
Rosy y Martha Olivia) en una obra de teatro.- Un mundo de posturas, vanidades,
en donde aparecían personas que compartieron su alegría de la vida y que el
tiempo se encargó en desparecerlas.- El tío (a), abuelo, vecino, amigos, la
banqueta antigua, un carro nuevo en la calle (De aquel tiempo)
Las fotos desataron que empezara a extrañar con melancolía lo
que sin duda fue lo que quería, eso ni ponerlo a duda. La intimidad en unas
fotos que la mente se niega en recordar. La fachada de la casa en su antigüedad
(Peculiar) El guamúchil, mi perro, todo llamaba mi atención en esas estampas
(Muy bellas) Las miraba con atención preguntándome ¿Por qué las había guardado?
Años trascurrieron para que volviera a ellas.
Entre ellas se encontraba una foto comprometedora (Para aquel
tiempo), con emoción deje que la vista y la memoria se recreara. Allí, estaba
una foto de una chiquilla dedicándomela (Recuerdo de sus 13 años) en el colmo
de nuestra ingenuidad le planto un beso rojo con la intención en clarificar lo
mucho que según ella en aquel momento me amaba y me la había regalado antes de
que me fuera del pueblo a estudiar.- Es una mera anécdota pero fija el recuerdo
en un pedazo de papel que inquieto mi ser al recrear la escena en la plazuela
cuando me la entrego un día antes en partir (Casada y hoy convertida en
abuela). La foto al contemplarla e ella se miraba un dulce semblante, hermosa
sonrisa, profunda mirada, ojos como la noche más oscura jamás vista (Fotos:
Blanco y negro).
El mensaje aunque corto, muy amoroso. Recree la vista en la
foto y daba vuelta para releer el mensaje. Una niña a la cual nunca la
acaricie, ni siquiera mis dedos lograron engarzarse con los suyos tomados de la
mano.- Inocencia de niños en actos amorosos que constituyen los primeros
acercamientos los cuales nos confunden ante esa imperiosa necesidad de
reencontrarnos los unos a los otros en las relaciones sentimentales. Una vez
más mire la foto, no terminaba en saciar mi ego, creyendo que realmente me
quería y no era una chiquillada.
La ciudad acaricio mi sensibilidad de brusca manera, no
fueron las mismas formas en mirar la vida-, la ciudad para un joven que no
había aprendido amar con sentimiento de pareja era feroz, sus relaciones las
manejaba de manera huidiza, tímida, los estímulos de la carne lo carcomían pero
apretaba los dientes para no tomar la ofrenda que cortara su transitar soltero.
Un sentimiento profundo en la oscuridad de la necesidad
carnal-, esperar crecer para que la felicidad deseada se conjugue con el
respeto a las normas. Incapaz en arrebatar una virginidad para satisfacer un
placer. Y, vaya que los golpes de pecho me ocasionarían ser juzgado incluso de
maricón. La juventud hizo de mi persona que los perfumes de las jóvenes la
oliera y disfrutara pero jamás mancillara la flor o la cortara.
Un joven apasionado, ardiente que embriagaba los sentidos
escribiendo poesía para espantar o controlar los demonios. Mi padre se
preocupaba al ver que la costumbre del pueblo en tener una o dos mujeres e
hijos a la edad de 18 años era síntoma de poca hombría por su parte mi madre
era de pensamiento más puro, me aconsejaba que no lo hiciera, que pensara antes
de hacer una cosa de esas en que tenía hermanas y no me gustaría que alguien
les hiciera lo mismo.- Era pues un inexperto que ahora no solo me sirve para
reír por el hecho de lo aprendido en lo familiar. Contemple la fotografía
siguiente y para mi sorpresa al observarla bien me di cuenta que la niña y mi
madre cuando fue niña tenían mucho parecido en la cara.
La compare con otras fotos de mi madre y lo parejo no me
dejaba ninguna duda. Allí fue cuando la luz del entendimiento baño mi mente
dando respuesta al ¿Por qué me gustaba aquella niña? Los rasgos de la niña y
los de mi madre eran muy parecidos, indudablemente nuestros genes venían del
mismo lugar. Allá muy en el fondo de mi inocencia la mente vislumbraba sin
saberlo la imagen de mi madre “Que drama” Por eso sentía algo por ella tal vez
por ser cimientos del mismo cemento.
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