domingo, 25 de junio de 2023

 

UN PUEBLO SIN PUENTE

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Mi madre era una persona muy católica, de niño me hizo creer en Dios, en los Santos, los domingos hacia que asistiera a misa, me unió a seguir la pasión de Cristo, aprendí el catecismo de memoria, me unía a las procesiones de semana Santa. Eran mis creencias, creía en los milagros. Me bañaron con agua bendita en el bautizo, me liberaron de los demonios en la primera comunión, tenía como tarea principal todas las tardes ir con la maestra Fela a repetir las oraciones que me aprendía de memoria en casa. Rece mucho cuando a mi pequeño hermano Oscar le dio apendicitis y tuvieron que llevarlo a la ciudad de Culiacán para ser operado.

Una tarde noche mientras llovía comenzó Oscar a sentir un fuerte dolor en el estómago que lo doblaba y sus lágrimas salían sin control permaneciendo doblado sobre su pequeño cuerpo. Fue hasta el día siguiente cuando mi padre decidió aventurarse a cruzar el rio en una pequeña lancha de remos para tratar en conseguir un auto que los llevara con su hijo a la ciudad. (Mi madre se encontraba en Culiacán, visitando a mi abuela Rosa) El río estaba medio crecido por las intensas lluvias en los últimos días, las gentes permanecían en sus casas por miedo aventurase a cruzarlo.

Recuerdo que yo lo acompañe hasta el otro lado del río y desde ahí, lo despedí deseando no sin la congoja que mi hermano no muriera como lo había pronosticado el encargado de curar enfermos en el pueblo (Raúl Vega) quien le hizo la recomendación a mi padre que lo llevara urgente para que lo operaran del apéndices o de lo contrario moriría si se le reventaba. El río estaba hondo, seguía saliendo con la ayuda de los arroyos, el día lluvioso y recuerdo lo cruzamos en una lancha mientras Oscar, se retorcía de dolor. Fue operado de inmediato en Culiacán y gracias a esa operación a los días regreso al pueblo sano en salud. A los años me platico mi madre que su hermana Soledad (La tía Chole), la ayudo para llevarlo con un Doctor de apellido Aragón quien fue el que lo salvo.

Yo para ese entonces para quería mucho a mi tía, y a su esposo Parra pero al enterarme de lo que hizo por mi hermano la adore mucho más. Mi padre decía que fue un milagro que llegara vivo y que un señor se prestara para llevarlo en su camioneta a la ciudad en ese día tan difícil para salir de viaje. Bien que recuerdo que tuvieron que apresurarse antes de que creciera el arroyo de Tacuitapa lo que hubiera significado no poder salir y quedar entrampado entre el Cantón y el pueblo en medio de la lluvia.

Esa noche me quede solo en casa, los rayos tronaban como un grito desesperado de llamamiento a la muerte, no podía dormir, el miedo se apoderaba de mi tierno subconsciente, la lluvia caía intensa, el pueblo estaba en completo silencio y solo la luz de esos rayos inquietaban a sus moradores, mientras en mi cama abrazaba a mis perros con la intención en que calmaran mi miedo.

Muchos años después, mi hermano Oscar Manuel se accidento en Culiacán y coincidentemente quien ayudo para que fuera trasladado a Toluca en calidad de emergencia fue mi primo Luis Alfonso Parra Torróntegui, hijo de mi tía Soledad, desgraciadamente en esta ocasión no tuvo un final feliz y como siempre me llegó tarde la noticia sobre los hechos suscitados en Culiacán, debido a que me concentre en ir a Toluca a la sala de cuidados intensivos, debido a que en ese momento me encontraba en Cuautitlán y mi amigo Jaime Humberto Ojeda López me consiguió un raite que me llevara a Toluca en medio de esa noche.

Su muerte nubla mi entendimiento, el problema se hallaba allí, alrededor de esas cosas que suceden cuando menos las esperas, en donde se van los que quieres y nadie te garantiza que esto parara. Las ves convertidas en un manojo de sentimientos que en cualquier momento estallan en llanto, son instantes en que se borran las creencias y llegas a la conclusión que los imposibles existen en ese delgado hilo entre las cosas que tenemos, las creemos son nuestras y lo pequeño que somos.

Al reconstruir esta experiencia con sus rasgos los vas convirtiendo en esa regla en la que la imaginación marca la simpatía mezclada con el dolor en la medida que lo recuerdas en la trágica consecuencia de tu socialización. Con el paso de los años, el rio siguió creciendo cada temporada de lluvias, la gente se resguardaba en sus casas en necesidad de cuidarse, nuevos seres humanos continuaron naciendo y el mundo siguió su marcha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario