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INICIO DE LA DESGRACIA EN LA
VIDA DE UN NIÑO
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
La edad
de entrada a la escuela primaria son los 6-7 años en edad, y a los 9/11 años,
en este período tiene lugar un mayor desarrollo físico y psicofisiológico del
niño, sobre todo en las niñas. El inicio de la escolarización conduce a un
cambio radical en la situación social del desarrollo del niño. Ahora tiene
deberes socialmente significativos, cuyo cumplimiento recibe valoración
pública. Cuando un niño ingresa a la escuela, hay cambios en sus relaciones con
otras personas, y bastante significativos. El tiempo con sus padres y la
escuela se divide, lo que aumenta su comunicación con otro adulto, y niños que
lo rodean. Cambia por completo su reconocimiento y halagos, además su deseo en
ser escuchado disminuye.
En niño
busca apoyo en la formación de su personalidad, su comunicación se vuelve
cognitiva, conocimiento, aprendizaje a diferencia de los mo0tivos que lo
llevaban al pre-escolar. Le nacen nuevas necesidades para que no cumplen sus
satisfacciones personales. Finalmente se da cuenta que la distancia entre sus
padres se va agrandando en sus actividades diarias. Mucho depende de la
comunicación de su maestra, y compañeros.
Cuando
un niño ingresa a la escuela, el contenido de la comunicación cambia, incluye
temas que no están relacionados con el juego, es decir, se destaca como una
comunicación especial que la mayoría de las ocasiones no tiene nada que ver con
sus padres, y que incluso ellos la desconocen. En los primeros grados de la
escuela, los niños se comunican más con el maestro, mostrando más interés por
él que por sus compañeros, ya que la autoridad del maestro es muy alta para
ellos.
La
maestra debe ser capaz en planificar las relaciones sociales, ya que no solo se
trata de conocimiento, sino organizar el proceso educativo de forma flexible en
donde todos participen, comprendan y se desarrollen moral y emocionalmente.
Ella debe ser capaz en transmitir alegría, motivación, amabilidad, para que
todos los niños se involucren y desarrollen sus capacidades. Recuerde que a
esta edad un mal maestro es una influencia negativa para esos niños que la
arrastraran toda su vida. Una maestra no puede ser reemplazada por una tableta,
computadora, libro de texto o la televisión.
El éxito de su actividad depende de muchos
factores, ya que cualquier situación de aprendizaje crea sus propios problemas
y matices de relaciones. Las relaciones que surgen en la situación de
aprendizaje tienen un gran impacto en los niños de 7/12 años en edad. A esta
edad forman su personalidad, se estimula su capacidad productiva, creatividad,
y contribuye al desarrollo emocional y moral. Antes de organizar ciertas
relaciones, la maestra debe pensar y desarrollar opciones de comunicación
mutuamente beneficiosas, es decir, un lenguaje entendible, claro y sano que
corresponda con la edad del niño.
El
maestro es la persona con más autoridad para los niños de primero a tercer
grado. Sus evaluaciones, juicios se perciben como verdaderos, no sujetos a
verificación, control. El niño se siente atraído por el maestro, en quien ve lo
que le gustaría ser en su futuro. Por eso la maestra debe ser justa, amable,
atenta. El niño ve en su maestra a una persona que sabe mucho, que es exigente,
lo sabe motivar y lo sanciona con justicia. Ella debe crear ese ambiente de
trabajo en equipo.
Mucho de
esto es lo que trae acumulado el niño desde el pre-escolar. Los problemas y
desviaciones de los niños se consideran como una especie de reacción al fracaso
del niño en la escuela y otras actividades. Este punto es muy importante que
los maestros de primaria lo tomen en cuenta, para no permitir que los niños les
tengan miedo, o se la pasen reprimiéndolos con su autoridad. Recuerde que la
relación que el niño establezca con su maestra es lo más significativo para el
niño a esa edad, por lo que la maestra es una gran influencia en el niño, en el
desarrollo de su personalidad, y contribuye a su desarrollo emocional e
intelectual.
Aunque
se debe reconocer que en la práctica la plena responsabilidad por los cambios
positivos y negativos en la personalidad del niño no puede ser asignada
únicamente al maestro, ya que el desarrollo del niño está sujeto a diversas
influencias externas que el maestro no es capaz de controlar como lo es los padres
del niño, el entorno familiar etc. Sin embargo, el niño en edad de primaria
tiene una gran dependencia emocional del maestro. Quiere ser amado, ser tratado
amablemente por su maestra, que ella no le de quejas a sus padres y que estos
se muestren complacidos con él, que sus compañeros lo traten bien.
Comienza a esforzarse por cumplir con las
reglas, porque este es su deber, dándole la oportunidad de disfrutar del
derecho al silencio durante la lección. Por lo tanto, es la maestra quien le
llena esa hambre emocional sea positiva o negativa dependiendo de la maestra y
es quien determinara el comportamiento del niño en el aula, en el recreo,
patio, juegos con sus compañeros, y en otros lugares reservados para
actividades y entretenimiento. Un tarto amable acompañado de una sonrisa es lo
que un niño necesita para sentirse tranquilo en una complacencia mutua, una
sonrisa es un atributo indispensable del diálogo.
Una
maestra amargada con su vida y su trabajo aumenta la distancia entre los niños.
Algunas maestras son muy dadas en su pensamiento a crearse ideas de ciertos
niños a quienes observan silenciosos o por ser feos físicamente en que son
tontos, o necios, influyendo en el desarrollo de su personalidad. Igualmente,
la aprobación y desaprobación de los padres tienen una fuerza motivadora
significativa para el niño. Todos estos tratos contribuyen a la aparición de
trastornos de la personalidad en la adolescencia.
Una
maestra benévola les proporciona la oportunidad en desarrollarse. Una maestra
que permite que un niño pueda expresar libremente lo que quiere, no solo su
alegría, etc., sino que también puede llorar sin temor a que se burlen de él,
lograra que el niño desarrolle su sentido de seguridad. Si la maestra lo
abandona, no hay calidez, comprensión, y se comporta de forma opuesta el niño
se alejará por completo y desconfiará de ella.
Toda
burla, castigo, obsesivo control de la disciplina, insultos, malas palabras,
son errores que llevan al fracaso de los niños en su vida. Todo influye
negativamente en el desarrollo de la personalidad y contribuyeron a la
formación de la falta de confianza del niño en sus habilidades. Tanto en la
escuela como en la familia, el niño ante todo debe recibir el reconocimiento de
su persona, que nunca se sienta indefenso. Unos padres que provocan miedo con
sus palabras, ya que no están seguros del futuro, muestran sentimientos
negativos frente a un niño.

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