EL NIÑO “SUFRE
LA FALTA DE AMOR”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Ya hemos
hablado muchas veces de cómo los niños sufren la falta de amor de los padres,
de lo desesperanzada y dolorosa que puede ser la soledad de un niño en una
familia si no lo comprenden, no cuentan con él y no se interesan por él. Una
mujer que es madre, pero es rechazada por su pareja, no es feliz, e muestra
aburrida, molesta, de mal humor, agresiva, indiferente.
Puede
ser una madre que involucre a su hijo en su sufrimiento, y lo utilice como
forma de presión y chantaje con su pareja, o, manipular los sentimientos del
niño para que odie a su padre. Todas sus quejas las descarga en su hijo
dañándolo sentimentalmente. Ella le comparte sus experiencias de igual a igual
destruyendo la armonía del niño por su padre creándose una distancia que con el
trascurrir del tiempo se convertirá en un abismo y odio. Es esa madre la priva
al niño de desarrollar la seguridad, confianza en sí mismo y va creciendo
sufriendo, inseguro, apegado cada vez más a ella.
La madre
se obsesiona con el hijo de su propio fracaso sentimental, se valora como una
inútil, incapaz de hacer feliz a un hombre, una que no sirve para nada, ni
siquiera como madre y solo siente odio por sí misma y los demás. Si escucha a
otra persona hablar bien de su pareja o a su hijo se muere de celos y, estalla
de forma intensiva, irritada. Hay ira y vergüenza en el fondo de sus
pensamientos, y a su juicio es su pareja la culpable, y por ello es imposible
que su hijo hable bien de su padre. Ella es la mártir, la digna en ser
victimizada, la que proclama ser victoriosa “Guerrera” por permanecer criando
sola a su hijo.
Grita,
llora, patalea a solas para no hacer escandala delante de otra persona
tragándose su coraje. Enseguida se queda en silencio, pero la ira y la
hostilidad entre flotan en el aire. El
sentimiento de culpa es un sentimiento pesado, su toma de conciencia es
dolorosa para ella. En ese silencio construye nuevos insultos, reflexiona en
las groserías que recibió. La autoridad paterna (madre y padre), sin duda, debe
tener derechos e influencia, de lo contrario reinará el caos y la anarquía en
la familia, de la cual, como muestra la experiencia, sufren los niños y
adolescentes. La experiencia también demuestra que, si te guía el principio de
igualdad de derechos y la presunción de inocencia, entonces puedes construir
relaciones justas en una familia.
Puedes asegurarte de que tu casa no parezca
una mazmorra de castigo a un niño. Los conflictos se observan por ejemplo que
la hija se escapa, no obedece, se convierte en un problema permanente a menudo
sin forma de arreglarse. Las raíces se encuentran en la infancia de los padres,
y quizás sean aún más profundas.
En la
profundidad de las generaciones. ¿Es un
hijo planeado, es producto de un embarazo no deseado, se casaron porque ella
salió embarazada etc.? ¿Tal vez estaba ofendido (a) con la vida. ¿Una persona
con su naturaleza de mal genio, se siente vacía? ¿Disfruta provocar, le gusta
armar teatros para llamar la atención?
Los
padres desean lo mejor para sus hijos por eso revisan cada paso del niño,
estudian con él, profundizan en sus relaciones, y en los amigos, y compañeros
en detalle, experimentan con él todas las complejidades de las intrigas de
adolescente. Les sirven como cofre de sus recuerdos, les exigen cumplan con
normas y reglas, los van acostumbrando a la disciplina porque quieren lo mejor,
pero no siempre el resultado les resulta favorable. Hay buenas intenciones y
malos resultados, pero no en todas las familias deriva en un fracaso.
A menudo
es la madre la que más tiempo se encarga del niño, ella lo lleva y trae a la
escuela, lo acompaña a sus fiestas con sus compañeros de escuela. Cuando la
madre trabaja y la mayor parte del tiempo se queda con su padre, el papel
sentimental de la madre para ese hijo se insignificante. Ese niño va
aprendiendo y recordando las veces que en la escuela le preguntaron sus
maestros ¿Por qué no vino tu madre, en dónde está?
Para esa
madre en concepto de disciplina se va borrando o todo lo contrario establece
una disciplina férrea en el poco tiempo que convive con el niño, solo abre su
boca para emitir regaños, quejas, se nota irritada, categórica al mandar
exigiendo el cumplimiento de sus mandatos justificándose argumentando que desea
que su hijo haga las cosas bien, que se correcto. Son fines de semana cuya
convivencia se puede desarrollar entre caprichos, berrinches, gritos, llanto.
La madre no encuentra la forma de hacer frente a esto.
Puede
ser una madre que desea en poco tiempo que convive con su hijo este sea
perfecto, y este deseo la hace actuar en esta forma. Al final de esa
convivencia ella termina agotada, decaída, tiene la sensación en su hijo no la
quiere y se preocupa, temerosa de perder sus sentimientos al no poder hacer
frente a la crianza de su hijo. Eso le provoca ansiedad, y tensión constante.
En efecto esa madre quiere lo mejor para su hijo, por eso trabaja tanto, pero
será en vano en cuestión de afecto y cuidados.
Un
esposo que no le gusta hacer nada en su casa, tiene la tendencia a ser manipulador.
Este tipo de persona elije como pareja a una mujer que sea inseguras que tienen
miedo al rechazo. ¿Qué es lo que más molesta a las mujeres de sus maridos?
Interroga a las novias, esposas y aprenderás el ¿Por qué de su pasividad? Cada
vez más hombres prefieren acostarse en el sofá de la sala, o hacer nada, solo
disfrutando de entretenimientos sin sentido como juegos de futbol, computadora
mientras la pareja (esposa) hacen reparaciones, trabajan, crían a los niños,
cuidan a los padres ancianos y, en el medio, se quejan de que a su marido no lo
puede obligar hacer nada, ni siquiera sacar el bote de basura a la calle.
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