viernes, 27 de septiembre de 2024

 

CONTAR HISTORIAS A LOS NIÑOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro en Danza y Maestro en Teatro. - Egresado del Instituto Nacional de las Bellas Artes.

Las historias no dejan indiferente a casi nadie, involucran diferentes partes del cerebro y obligan a la persona a comunicarse a un nivel más profundo consigo misma. Las historias, activan muchas más partes del cerebro: la corteza sensorial, la corteza motora y el hipocampo. Cuando una historia tiene suficientes detalles y emoción, el alumno puede entenderla fácilmente, lo que crea un sentimiento de afecto. Es explicar cosas complejas con palabras sencillas, adosarlas con humor, y decorarlas con interesantes ejemplos de la vida.

Contar historias es una forma importante de autoexpresión. La humanidad comenzó a intercambiar información de forma oral mucho antes de aprender a escribir, por lo que las historias, parábolas, cuentos y leyendas han sido una forma de comunicación desde la antigüedad. Este intercambio de información ocurre en diferentes contextos: desde un aula escolar, la conversación en la mesa de la cocina hasta un discurso ante una audiencia de miles de personas. Algunas situaciones narrativas requieren libertad de acción, mientras que otras, por el contrario, son muy formales.

La capacidad de encontrar un formato de historia adecuado y complementarlo con detalles y ejemplos vívidos es una habilidad importante que necesita una persona que desea agregar la narración a su trabajo de maestro. Es esta importante esta habilidad en los maestros. La narración es el arte interactivo de utilizar palabras y acciones para revelar los elementos e imágenes de una historia mientras se desarrolla la imaginación del alumno. Una historia sobre personas o personajes y los acontecimientos pueden ser imaginarios o reales contados para entretener, o dar un mensaje educativo. Para lograrlo debe contar con el interés atractivo de quien lo escucha para que se conecte directa e íntimamente al narrador.

Algunas historias, por ejemplo, requieren espontaneidad y digresión lúdica, mientras que otras exigen un cumplimiento casi exacto de ciertas reglas. El mensaje incluye un personaje principal y varios otros personajes, una trama central, algunos conflictos u obstáculos, un tema (una idea que se repite a lo largo de la historia) y una trama. Al narrar, el alumno imagina vívidamente lo que sucede en su imaginación. La tarea del maestro, es crear activamente imágenes, acciones, personajes y eventos vívidos y Multi-sensoriales basados en la actuación del narrador (Maestro) y en sus propias experiencias pasadas, forma de pensar y visión del mundo.

Así, el alumno se convierte en coautor de la historia tal como la vivió. La narración de historias se puede combinar con otras formas de arte. La narración de cuentos puede funcionar bien con el teatro, la música, la danza, la comedia, los títeres y muchas otras formas de expresión. Sin embargo, aunque se fusiona perfectamente con otras formas de arte, su esencia permanece reconocible y sin cambios. A los niños y a la gente en general, le gusta escuchar, ver en los aparatos electrónicos, leer historias interesantes porque crea una conexión humana basada en la simpatía ¿Para qué le sirve a un maestro contar historias, cuentos?

Para atraer la atención del alumno, que el mensaje se quede mejor grabado en su memoria, para explicar cosas complejas mediante palabras sencillas, para que el alumno asocie el tema del discurso narrativo, para que se despierten emociones. Una historia o narración hablada es mucho más atractiva que una escrita ya que de inmediato atrae la atención del alumno. Sin embargo, el maestro debe contar con la habilidad para contarla, y no caer en el sonsonete de una cacofonía aburrida.

Cuanto más personal la platique el maestro, más interesará al alumno y aumentará su atención y participación. Con una habilidad desarrollada el maestro podrá darle a su mensaje claridad, resaltar los puntos que le interesan sean apropiados en la mente del alumno, incluso lo inspirara en esa dirección. Durante muchos años se ha venido utilizando el cuento de hadas para los niños, pero no aplica con los jóvenes adolescentes, ellos requieren y exigen mayores argumentos en los hechos, por lo que para encajar se necesitan conceptos en comunicación mucho más detallados al explicar un tema.

El buen manejo no debe llevar más de 15 minutos en donde la historia sea interesante con una conclusión importante y, a veces, una moraleja valiosa. La capacidad para contar cuentos, historias emocionantes no a todo mundo se le da sobre todo el poder evocar los sentimientos a la hora de narrar, y además en las escuelas formadoras de maestros no se les enseña a los futuros maestros mediante prácticas constantes para que desarrollen esta habilidad, como tampoco hacen prácticas de oratoria, y declamación por lo que al momento en que están frente a un grupo de alumnos sus técnicas en el discurso son muy limitadas.

Para muchos maestros el simple hecho de leer historias al alumno les resulta difícil por su falta de lectura, y lenguaje, en voz alta durante su preparación en la escuela para maestros. La mayoría de ellos quedan paralizados cuando de exponer un tema frente a su propio grupo es una práctica que debería ser normal. Cualquier gente cuenta con recuerdos que se activan de inmediato, y que hacen sentir a la persona ser parte de esa historia o anécdota. La gente recuerda cosas que les hacen sentir. Entonces, por ejemplo, después de una conversación tensa, muchos recuerdan no las palabras y los hechos, sino las emociones que evocaron esta conversación.

Cuanto más emotivo sea el acontecimiento, más probable será que permanezca en la memoria durante mucho tiempo. Cuando la historia se refuerza con imágenes (fotos, cartulinas, videos, etc.) permanece por más tiempo en la memoria del alumno. Contar historias aumenta los niveles de oxitocina, una hormona que promueve sentimientos de amor, conexión y bienestar. Esta hormona se produce cuando se confía en una persona o se muestra bondad hacia ella. Esto ayuda a las personas a colaborar entre sí.

Las historias basadas en personajes desencadenan la liberación de oxitocina, lo que a su vez aumentaba la disposición del alumno a ayudar a los demás.  Para crear empatía en el alumno, la historia debe captar su atención creando tensión. Esto lo hace simpatizar con los personajes. La historia debe ir siendo contada por el maestro siguiendo los pasos de introducción, un aumento de tensión, un clímax y una resolución. El maestro necesita contar con la habilidad de persuasión para que el alumno sea receptivo, y abierto

 

 

 

 

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