miércoles, 4 de septiembre de 2024

 

ESTUDIABA MEDICINA Y PREPARABA CUERPOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Una historia de un amigo que llego a vivir conmigo en la ciudad de México: Corría el año de 1976, cuando yo era estudiante de Medicina Veterinaria y Zootecnia, y él estudiaba medicina.  Al inicio del semestre académico, mi amigo y yo, sentíamos de forma aguda la falta de medios materiales de subsistencia. No podíamos salir los fines de semana a ningún lado por falta de dinero. El dinero que nos llegaba apenas aguantaba para medio mes y el resto del tiempo sobrevivíamos. A veces, la situación llegaba al punto en que sólo había una barra de pan, un cuadrito de caldo de pollo para caldo y medio kilo de tortillas.

 En uno de los departamentos de enfrente vivía un señor que se dedicaba a instalar lapidas, hacer cruces y todo lo relacionado con los entierros. Un día domingo, mientras jugábamos en la calle y en el momento del descanso la conversación giró hacia la falta de trabajo y dinero, y se siguió con el tema de la muerte en general y los muertos en particular. El vecino le pregunto a mi amigo que si le tenía miedo a los muertos y a la muerte.

 Ante una respuesta sorprendida sobre lo que se suponía que debían tener miedo, dijo que su oficina necesitaba urgentemente un maquillador de muertos. Como habrás adivinado, mi amigo, no lo pensó mucho y le pidió que lo recomendara para ese trabajo, y después de un par de días ya había comenzado a aprender una nueva profesión mientras estudiaba medicina. Le pregunte a mi amigo sobre lo que hacía en la funeraria y recuerdo me dijo: No realizamos autopsias a los fallecidos. Nos toca ir a recogerlos al hospital donde murió o al forense despues de que le practican la autopsia.

 Si murió en casa, si una persona ha estado enferma con enfermedades crónicas durante mucho tiempo, si es anciano y murió en casa, con el certificado de defunción de un médico lo recogemos, y no es necesario abrir el cuerpo. Si la muerte es repentina, la persona no era anciana ni estaba particularmente enferma, deberán abrirla. Si la muerte es violenta, criminal, debido a accidentes, los peritos forenses realizan una autopsia. Entonces, la gran mayoría de nuestros “clientes” son aquellos que murieron en su casa. Después de confirmar la muerte, tomamos el cuerpo y le realizamos manipulaciones según sean los deseos de su familia, y llevamos al difunto hasta el final, hasta el propio entierro.

 A veces, los cadáveres cuando los recogemos en la morgue ya les lavaron el cuerpo, cortaron el cabello, lo afeitan, lo lavan y lo peinan. Si este nivel no es suficiente para los familiares, entonces el cuerpo nos pasa a nosotros. También si, en las circunstancias de la muerte, se vulneró la integridad del rostro, la cabeza y, con menos frecuencia, el torso y las extremidades, nos dedicamos a reconstruirlo. – Me dijo: Mi trabajo consiste en hacer que el rostro del difunto parezca decente. Como uno vivo. Y a veces hasta es mejor. Las enfermedades graves y duraderas afectan en gran medida la apariencia de una persona. Agotamiento, cambio de color de la piel, hinchazón, manchas de la edad, hematomas, manchas cadavéricas, en fin. A veces muecas de dolor, si una persona muere de forma bastante grave y con dolor.

 Personas desplomadas en accidentes de tráfico, caídas desde altura, como consecuencia de explosiones y disparos. Las cosas se ponen peor con difuntos con caras quemadas y personas ahogadas, especialmente las que llevan varios dias que se ahogaron y permanecieron en el agua. Este trabajo es verdaderamente muy creativo. Al principio me sentía raro, extraño, incluso con ganas de renunciar y salir inmediatamente de ahí, pero ya con los primeros 15 cadáveres creo que comencé a funcionar bien. Incuso ahora mi trabajo me satisface.

 La mayoría del tiempo me toca trabajar de noche, a solas, en silencio principalmente los fines de semana. Cuando me toca vestir al cuerpo aun guardo prejuicios tanto con hombres como con mujeres jóvenes, no es muy conveniente, pero tiene sus propias sutilezas. - En realidad, no tuve miedo desde el primer dia de trabajo, solo sentía una sensación de tensión, melancolía, ni siquiera sé cómo describirlo con precisión.

 Algo sutilmente deprimente y a veces algún tipo de ansiedad, o algo así. A veces no era muy cómodo estar por la noche en la misma habitación con varios muertos. Aunque cuando esto sucede trabajamos varios. Lo peor que me sucede, es cuando tengo que maquillar y arreglar a un niño, o una niña, eso me entristece y me pone de mal humor. Es bastante difícil. Hace poco me toco una chica que se iba a casar, y en el camino a la iglesia se accidento, esto parecía una serie de telenovela en la televisión. Ya que sus familiares exigieron que la vistiéramos de novia, pero su vestido blanco estaba totalmente bañado en sangre, y en el hospital lo desgarraron para intervenirla. Su vestido estaba totalmente arruinado.

 Pero le consiguieron un vestido nuevo y ese fue el que le pusimos. Las mujeres flacas y mayores en edad se trabajan fácil con ellas, las gordas causan mayor problema. Esas antes de trabajarlas comienzan a gotear, y su color de la piel cambia con rapidez, se fermentan más rápido, y sus intestinos alcanzan la putrefacción, además se hinchan. Estoy aprendiendo a dejar el rostro de las personas sonriente, sonrojado, pacifico. Casi como si estuviera vivo. Hace poco le acomodé las pestañas a una chica y comencé a temblar porque clarito vi que abría los ojos ella sola. Pero luego comprendí que eso no podía ser verdad sino mis fantasías.

 Mi trabajo es hacer que sus familiares admiren a su ser querido por última vez y recordarlo como hermoso, joven y floreciente. Mi trabajo es como cualquier otro, dirán muchos que los hay peores, pero el cualquier caso el trabajar con la muerte y estar estudiando medicina me ha ido dejando una huella en mi persona. Uno se acostumbra a todo esto. Empiezas a tener una actitud completamente diferente ante la vida, y más ante la muerte. Y tu ¿Aceptarías un trabajo así? Mirándome a los ojos, me pregunto. A lo que respondí de inmediato “Probablemente no por mucha hambre que ande padeciendo”. Repito que en ese momento me guiaba exclusivamente por el lado material del tema.

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