ESTUDIABA MEDICINA Y PREPARABA CUERPOS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Una historia de un amigo que llego a vivir conmigo en la
ciudad de México: Corría el año de 1976, cuando yo era estudiante de Medicina
Veterinaria y Zootecnia, y él estudiaba medicina. Al inicio del semestre académico, mi amigo y
yo, sentíamos de forma aguda la falta de medios materiales de subsistencia. No
podíamos salir los fines de semana a ningún lado por falta de dinero. El dinero
que nos llegaba apenas aguantaba para medio mes y el resto del tiempo
sobrevivíamos. A veces, la situación llegaba al punto en que sólo había una
barra de pan, un cuadrito de caldo de pollo para caldo y medio kilo de
tortillas.
En uno de los departamentos de enfrente vivía un señor que se
dedicaba a instalar lapidas, hacer cruces y todo lo relacionado con los
entierros. Un día domingo, mientras jugábamos en la calle y en el momento del
descanso la conversación giró hacia la falta de trabajo y dinero, y se siguió
con el tema de la muerte en general y los muertos en particular. El vecino le
pregunto a mi amigo que si le tenía miedo a los muertos y a la muerte.
Ante una respuesta sorprendida sobre lo que se suponía que
debían tener miedo, dijo que su oficina necesitaba urgentemente un maquillador
de muertos. Como habrás adivinado, mi amigo, no lo pensó mucho y le pidió que
lo recomendara para ese trabajo, y después de un par de días ya había comenzado
a aprender una nueva profesión mientras estudiaba medicina. Le pregunte a mi
amigo sobre lo que hacía en la funeraria y recuerdo me dijo: No realizamos
autopsias a los fallecidos. Nos toca ir a recogerlos al hospital donde murió o
al forense despues de que le practican la autopsia.
Si murió en casa, si una persona ha estado enferma con
enfermedades crónicas durante mucho tiempo, si es anciano y murió en casa, con
el certificado de defunción de un médico lo recogemos, y no es necesario abrir
el cuerpo. Si la muerte es repentina, la persona no era anciana ni estaba
particularmente enferma, deberán abrirla. Si la muerte es violenta, criminal,
debido a accidentes, los peritos forenses realizan una autopsia. Entonces, la
gran mayoría de nuestros “clientes” son aquellos que murieron en su casa.
Después de confirmar la muerte, tomamos el cuerpo y le realizamos
manipulaciones según sean los deseos de su familia, y llevamos al difunto hasta
el final, hasta el propio entierro.
A veces, los cadáveres cuando los recogemos en la morgue ya
les lavaron el cuerpo, cortaron el cabello, lo afeitan, lo lavan y lo peinan.
Si este nivel no es suficiente para los familiares, entonces el cuerpo nos pasa
a nosotros. También si, en las circunstancias de la muerte, se vulneró la
integridad del rostro, la cabeza y, con menos frecuencia, el torso y las
extremidades, nos dedicamos a reconstruirlo. – Me dijo: Mi trabajo consiste en
hacer que el rostro del difunto parezca decente. Como uno vivo. Y a veces hasta
es mejor. Las enfermedades graves y duraderas afectan en gran medida la
apariencia de una persona. Agotamiento, cambio de color de la piel, hinchazón,
manchas de la edad, hematomas, manchas cadavéricas, en fin. A veces muecas de
dolor, si una persona muere de forma bastante grave y con dolor.
Personas desplomadas en accidentes de tráfico, caídas desde
altura, como consecuencia de explosiones y disparos. Las cosas se ponen peor
con difuntos con caras quemadas y personas ahogadas, especialmente las que
llevan varios dias que se ahogaron y permanecieron en el agua. Este trabajo es
verdaderamente muy creativo. Al principio me sentía raro, extraño, incluso con
ganas de renunciar y salir inmediatamente de ahí, pero ya con los primeros 15
cadáveres creo que comencé a funcionar bien. Incuso ahora mi trabajo me
satisface.
La mayoría del tiempo
me toca trabajar de noche, a solas, en silencio principalmente los fines de
semana. Cuando me toca vestir al cuerpo aun guardo prejuicios tanto con hombres
como con mujeres jóvenes, no es muy conveniente, pero tiene sus propias
sutilezas. - En realidad, no tuve miedo desde el primer dia de trabajo, solo
sentía una sensación de tensión, melancolía, ni siquiera sé cómo describirlo
con precisión.
Algo sutilmente deprimente y a veces algún tipo de ansiedad,
o algo así. A veces no era muy cómodo estar por la noche en la misma habitación
con varios muertos. Aunque cuando esto sucede trabajamos varios. Lo peor que me
sucede, es cuando tengo que maquillar y arreglar a un niño, o una niña, eso me
entristece y me pone de mal humor. Es bastante difícil. Hace poco me toco una
chica que se iba a casar, y en el camino a la iglesia se accidento, esto
parecía una serie de telenovela en la televisión. Ya que sus familiares
exigieron que la vistiéramos de novia, pero su vestido blanco estaba totalmente
bañado en sangre, y en el hospital lo desgarraron para intervenirla. Su vestido
estaba totalmente arruinado.
Pero le consiguieron un vestido nuevo y ese fue el que le
pusimos. Las mujeres flacas y mayores en edad se trabajan fácil con ellas, las
gordas causan mayor problema. Esas antes de trabajarlas comienzan a gotear, y
su color de la piel cambia con rapidez, se fermentan más rápido, y sus intestinos
alcanzan la putrefacción, además se hinchan. Estoy aprendiendo a dejar el
rostro de las personas sonriente, sonrojado, pacifico. Casi como si estuviera
vivo. Hace poco le acomodé las pestañas a una chica y comencé a temblar porque
clarito vi que abría los ojos ella sola. Pero luego comprendí que eso no podía
ser verdad sino mis fantasías.
Mi trabajo es hacer que sus familiares admiren a su ser
querido por última vez y recordarlo como hermoso, joven y floreciente. Mi
trabajo es como cualquier otro, dirán muchos que los hay peores, pero el
cualquier caso el trabajar con la muerte y estar estudiando medicina me ha ido
dejando una huella en mi persona. Uno se acostumbra a todo esto. Empiezas a
tener una actitud completamente diferente ante la vida, y más ante la muerte. Y
tu ¿Aceptarías un trabajo así? Mirándome a los ojos, me pregunto. A lo que
respondí de inmediato “Probablemente no por mucha hambre que ande padeciendo”.
Repito que en ese momento me guiaba exclusivamente por el lado material del tema.
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