HISTORIA DE “SEXO” EN MI SECUNDARIA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Somos adolescentes cumpliendo 13- 14 años, y estamos en
segundo de secundaria. Un compañero del salón llevó a la escuela una revista
del play boy, y otra más ardiente, donde describía el cuerpo femenino y
masculino, y lo que se puede hacer en materia sexual con ellos. Para nosotros,
que recién estábamos entrando en la etapa de la pubertad, esto fue muy
interesante. Gran parte de lo que leímos fue muy diferente de lo que escuchamos
de nuestros compañeros mayores en edad, y lo que estábamos viendo en la
revista. Durante el intermedio entre clases nos juntábamos en la parte de atrás
del aula, y en pleno silencio comenzábamos a hojear las poses y desear los
cuerpos.
Todos los pubertos corríamos de inmediato en cuanto el
maestro salía del aula para educarnos en ese placer desconocido. De repente
alguno lanzaba exclamaciones de sorpresa. Naturalmente, comentábamos despues en
clave para que las chicas no entendieran ¿a qué nos referíamos?, pero todas
sospechaban, ya que un evento de esta naturaleza no podía pasar desapercibido.
Así, que alguien fue con el mitote con la prefecta y ella nos sorprendió
quitándonos las revistas. Recuerdo que nos llevó a todos a la dirección, y el
director nos armó un escándalo que, de libertinos, enfermos sexuales, no, nos
bajaba.
Fue la primera ocasión que escuche el concepto “Pornografía”
y lo malo que significaba ver fotos de chicas desnudas. Nos dejaron ese día
hincados en la puerta de la dirección, y a la hora de salida los padres
preguntaban por qué estábamos tantos castigados a lo que el director les
contestaba que, por leer literatura vulgar, clandestina. Tambien fue la primera
ocasión que supe lo que significaba “Literatura clandestina”, y las
consecuencias de querer satisfacer mi curiosidad masculina. Al otro día un
profesor joven que nos daba biología, llegó y nos preguntó ¿En dónde
consiguieron esas revistas, y desde cuando estábamos viendo ese tipo de
revistas? - Nadie quiso revelar ese secreto.
Lo extraño es que no, nos regañó, sino que solo pregunto. –
No creo que ninguna chica pubertá se hubiera atrevido a hojear una revista de
estas, además a ellas no les gustaban las mujeres, y sabían lo que escondían
bajo su uniforme. Nosotros estábamos con la curiosidad alterada, pero para
nuestros maestros estábamos rompiendo el patrón de conducta impuesta, por eso
teníamos que escondernos. Dias despues el maestro de biología tuvo la brillante
idea de organizar una clase con este tema con los puros hombres para que
pudiéramos analizar con tranquilidad, despejar dudas, y explicar algo.
En materia de educación hay que empezar por uno mismo y
hacerse la pregunta: ¿qué siento respecto al sexo? ¿Qué significa el sexo en mi
vida de soltero, o matrimonial? ¿Por qué los padres deberían responder estas
difíciles preguntas? El hecho es que no importa qué consejos inteligentes sobre
educación sexual lea en artículos y libros, inconscientemente le transmitirá a
su hijo su verdadera actitud hacia el sexo. Si esto es alegría y placer, se
transmitirán al niño. Si se trata de vergüenza, dolor y tensión, entonces su
descendencia “considera” estos sentimientos como negativos.
Nuestros padres se
molestaban bastante cuando en aquellos años tocábamos este tema. Se ponían
serios y nos tragaban con los ojos para que guardáramos silencio. Y para
incomodidad de ellos en las series de televisión estaban presentes. No en vano
se dice que la edad entre 13 y 16 años es “difícil”. Y no está claro quién lo
tiene más difícil: los niños o los padres. Para algunos, las hormonas están en
pleno apogeo, el cuerpo cambia, las relaciones sociales surgen y colapsan,
mientras que otros intentan pacificar y disciplinar todo esto. Los pubertos
defienden celosamente sus límites, ahí es donde se manifiesta el conflicto
entre “padres e hijos”. Hablar de sexo se vuelve difícil e incómodo tanto para
los niños, y pubertos como para los padres.
Los padres tienen sus propias dificultades: tienen miedo de
que el niño puberto, sea exteriormente un adulto, pero por dentro es inmaduro,
descuidado y frívolo. Le pregunte a una madre joven de aproximadamente unos 36
años en edad sobre el tema y me dijo: “Empezamos a hablar con mi hijo, sobre
las relaciones desde temprana edad. Pensamos que, a diferencia de nuestros
padres, lo haríamos con calma y no dejaríamos que nuestro hijo se encontrase en
un vacío de información. Si bien podíamos hablar alegóricamente y sin detalles,
pero a medida que iba creciendo no pudimos decirles nada, nos sentíamos “fuera
de lugar”. Y no está claro qué decirle si no tiene preguntas.
Muestra demasiado interés en sus conversaciones sobre
nuestras formas intimas de practicarlo, sobre todo en los detalles. - No es
fácil guiar una conversación de este tipo, al ponernos en situación incómoda.
Ésta es una de las funciones de los padres: advertir al niño de posibles
consecuencias irreversibles y enseñarle a tomar decisiones informadas. Y cómo
se resuelve este problema (mediante conversaciones francas, lectura de
literatura, tal vez sesiones de adolescentes con un psicólogo). Mi hijo a los
14 años empezó a ser amigo de una chica. Ella le envió mensajes sexualmente
sugerentes. Me enteré de esto y hablé con él sobre seguridad. Me contesto que
ya lo sabe todo y evito escucharme. Por lo que decidí en no interferir y creer
que es responsable de sus actos
La vida íntima se llama así porque concierne únicamente a la
persona misma y a su pareja. Los padres no necesariamente, y tal vez no
deberían, conocer las experiencias y experimentos sexuales de sus hijos. Sin
embargo, ahora la antigua tendencia del “silencio” está siendo reemplazada por
todo lo contrario: los padres se hacen amigos de sus hijos. Pero una madre que
habla de aspectos íntimos de su vida con su padre, se están violando los
limites, lo cual es inaceptable. Para los adolescentes, las opiniones de sus
compañeros se vuelven mucho más importantes que las opiniones de sus padres.
Están dispuestos a hacer locuras sólo para ser aceptados por
su grupo social. Los padres deben mostrar mucha sabiduría para mantener el
contacto con su hijo. Si, los padres aprenden a conversar bien sobre el tema
desde etapas tempranas cuando llegue la agitación hormonal el puberto tendrá la
actitud positiva para enfrentarlas. La educación sexual no es sólo un conjunto
de conocimientos y habilidades que los padres deben inculcar a sus hijos.
Aprender a utilizar anticonceptivos es sólo la mitad de la batalla.
Es mucho más difícil enseñarle a su hijo a actuar
conscientemente, incluso si la sangre hierve y los sentimientos son más fuertes
que la mente. Construir relaciones, confiar en su pareja, comprender las
emociones y acciones humanas, conocer un yo nuevo y cambiante es mucho más
difícil e importante que saber usar un condón. Una de las consecuencias que en
la actualidad se enfrentan los jóvenes y los padres es la dificultad que tienen
los padres modernos con la educación sexual de sus propios hijos. ¿Cuándo
deberíamos empezar a hablar de esto? ¿Qué debería decir exactamente? Lo de la
cigüeña es un poco estúpido, pero es lo que aprendimos en nuestra época. Muchos
padres se preguntan si deberían comprar condones para su hijo ¿Lo aceptaran
para su hija, o cómo reaccionarían si encuentran condones en su mochila, o
bolso de mano? En mi época de estudiante, esto era un tabú, y lo que recibí fue
de boca de mis amigos. Para mis padres era incómodo y hasta desagradable tocar
mínimamente este tema.
Si los padres no pueden superar su propia incomodidad,
entonces es mejor no utilizar una conversación en la que se manifieste esta
incomodidad. Ahora hay muchos libros; en cualquier librería puedes elegir
fácilmente el que te parezca adecuado. Nunca deje la educación sexual de su
hijo en manos de la pornografía en internet. Esta información provoca y
estimula en el niño/puberto un interés innecesario por el lado íntimo de la
vida, al que simplemente no puede resistir: el interés por todo lo adulto, y
las prohibiciones. Naturalmente, proporcionar al niño la máxima seguridad de la
información es tarea de los padres. Por tanto, es necesario instalar
“protección” y bloqueo en los ordenadores y televisores de casa.
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