ELENA Y CARMEN, ALUMNAS DE
PREPARATORIA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC_ Universidad
Nacional Autónoma de México.
Al terminar mi carrera,
conseguí trabajo en un rancho alejado de toda civilización, y actualmente llevo
20 años ejerciendo la profesión. En cuanto a mis experiencias, les platico: Los
niños de primaria son tranquilos, en cambio con los de bachillerato aprendí que
pueden ser monstruosamente crueles no sólo con sus compañeros de clase, sino
también con sus profesores.
Trabajé en un pueblo pequeño
y en una escuela pequeña como profesora de primaria multigrado. El salario era
ridículo, pero todo me convenía. No tenía marido ni hijos, pero tenía
suficiente para mí, sobre todo porque pasaba la mayor parte del tiempo en la
escuela. Fui desarrollando buenas relaciones, incluso de confianza, con los padres
y los niños. Constantemente se me ocurría algo nuevo e interesante para que los
niños quisieran venir a mis lecciones; sobre todo, tenía miedo de que las
lecciones se volvieran aburridas.
Todo iba bien hasta que mi
compañero recibió su cambio para una escuela más cerca de la ciudad. Ante la
falta de un maestro me hice cargo de todos los grados en una misma aula. Pero
el hacerme cargo de todos no fue lo peor hasta que enviaron a otra maestra, y
dos años despues conseguí el cambio tan anhelado. Al llegar a la ciudad comencé
a trabajar por la mañana en una primaria, y con lo poco que ganaba se me
ocurrió trabajar en una escuela grado de bachillerato privada por la tarde. En
la preparatoria había dos chiquillas insolentes en mi clase a las cuales
llamare Elena y Carmen (Ficticios) Ambas eran inteligentes, hermosas, modernas
y, provenían de familias ricas.
Todo empezó desde la primera
clase: una de ellas me llamó víctima de la comida rápida. ¿Qué me dijiste? Le
pregunte. No me refiero a tu cara sino a tu cuerpo me contesto riéndose. – No
te escuche, le inquirí con la intención de que cambiara su negatividad. - No,
no en tu cara, sino para que pueda escuchar. – Hubo risas en toda el aula. A partir de ahí, estuve acompañada de
comentarios sobre mi peso, y mi vestimenta. Las dos sonreían a sabiendas de que
estaban molestando y hasta humillándome. Lo soporte en silencio. Más tarde
Carmen empezó a señalarme errores del habla
Ella decía que en su hogar
se pronunciaban muy bien las palabras debido a que su padre se los exigía, y
que además viajaban frecuentemente al extranjero. Con el trascurrir de los
dias, me di cuenta que estaba convertida en el blanco de sus ironías y burlas.
Me dibujaron desnuda en el baño de mujeres, me filmaron con su teléfono de
forma secreta y se las enviaron a todos los alumnos de la preparatoria. Para
ellas eso era muy divertido. Llegó el momento en no solo la clase en ese grupo
se contagió con hostilidad hacia mi persona, sino que en las otras clases me
comenzó a suceder lo mismo.
Todo se debía a que no les
caí bien a estas dos chiquillas que se habían convertido en las líderes de la
escuela por sus travesuras y groserías en contra de los maestros. No tenía
ganas de entrar en polémicas, sino que decidí conducirme con paciencia y
tolerancia, pero un día mi paciencia se agotó cuando Elena llamó a su amiga en
voz alta “Gorda inútil” justo durante una prueba mensual. Elena comenzó a
discutir con Carmen en un simulacro en voz alta dentro del aula, y ambas
comenzaron a reírse. La grosería iba dirigida hacia mi persona, pero en
principio fingí no darme cuenta. Pedí que se sentaran y comenzaran a contestar
el examen, pero no hubo reacción. Al finalizar el tiempo para el examen en la
puerta nuevamente antes de salir Carmen simulo empujar a Elena y al mismo
tiempo le grito ¡Quítate gorda hedionda!
Esta vez fui al director y
le conté todo. No recuerdo bien la conversación, pero parece que el director
intentó convencerme de que era culpa mía, me dijo que necesitaba ser más
estricta con ellas, más exigente y, tal vez, cambiar realmente mi estilo de
vestir recatado. Después de un tiempo, el director vino a mi clase sin previo
aviso, y se sentó en la parte trasera de los pupitres para observar. Supuestamente
para ver cómo estaban trabajando las chiquillas.
Elena y Carmen, estuvieron extremadamente
activas, respondiendo a todo y levantando su mano en señal de participación, no
me puedo quejar. Luego descubrí que la madre de una de las chicas es amiga del
director. Al finalizar la clase, el director me pidió que lo acompañara a la
dirección, y ahí me dijo que el problema era “Yo” que esas chicas eran muy
inteligentes y que “Yo” les tenia envidia por ser bonitas y de buena familia.
No les miento, en ese
momento perdí el ánimo para trabajar en esa escuela. Tambien descubrí que todos
los profesores se dedicaban a pasar lista de presente, y dejaban que el mundo
rodara dentro de su aula sin dar una pizca de conocimientos, y que a todos los
calificaban con lo máximo permitido, así que todos los maestros y alumnos de
esa preparatoria privada, tenían graves problemas sin resolver
Perdí el ánimo para ir a
trabajar, pero no podía vivir sin trabajo por lo que decidí quedarme hasta
concluir el ciclo escolar. Un día comencé a recibir mensajes en mi teléfono
supuestamente por un joven quien se presentó como que acaba de terminar su
carrera en la universidad. Pude notar que había interés en mi persona. Él me
enviaba mensajes todos los días. Estaba claro que estaba interesado en mí: me
preguntó sobre la escuela, me dio consejos y me hizo muchos elogios.
Incluso me propuso reunirnos
y estuve de acuerdo. Me prepare poniéndome a dieta, haciendo ejercicios, y
espere su nueva señal. Recuerdo que me envió fotos. Me preocupaba decepcionarlo
a la hora de nuestra primera cita. Acudí al restaurante y él, nunca llegó. Lo
esperé durante más de una hora, tal vez dos. Al principio me preocupé de que le
hubiera pasado algo y le escribí un watt. Él no respondió. Al regresar a casa,
me conecté nuevamente y vi que él estaba en línea, leyó todos mis mensajes,
pero no respondió.
Mi amigo dejó de escribirme
y me convencí de que posiblemente me vio en el restaurante, y cambió de opinión
sobre la cita. Los últimos dias del ciclo escolar, las aulas estaban medio
vacías, y para mi sorpresa Elena y Carmen llegaron a mi aula. Se pararon en la
puerta y las dos me miraron con simpatía, parecía que estaban a punto de
llorar. Las saludé amablemente y las invité a pasar. De repente Elena dijo: ¿Probablemente
necesitas estar sola? ¿Tu novio, no se presentó a tu cita? Carmen con una
sonrisa burlona susurro “Es muy doloroso”
Fue ahí, en donde entendí
todo. Durante un mes y medio mantuve correspondencia con una de ellas o con sus
amigos, hermanos o hermanas. Y nada despertó mis sospechas. Nada. ¿Soy
completamente ingenua y estúpida? Al terminar el ciclo escolar metí mi
renuncia, y ya quise volver a trabajar con alumnos de bachillerato por mucha
necesidad que tenga. Todo eso lo recuerdo con disgusto, con desilusión,
desagrado por ellas mismas. No hice nada malo y me tomaron como blanco para des
aburrirse por mi cuerpo gordo, forma de vestir recatada. ¿De qué me arrepiento?
De haber llorado en aquellos momentos en el silencio de mi recamara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario