viernes, 13 de septiembre de 2024

 

NIÑEZ Y RELACIÓN CON SUS PADRES

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

A medida que los niños crecen, involuntariamente "absorben" el estilo de la relación entre padre y madre, abuelos, hasta el más mínimo detalle, hasta el tono de voz. El tipo de relación entre los padres es tomado inconscientemente por el niño como modelo de comportamiento, al que posteriormente se adherirá. Si el padre respeta a la madre en la familia, nunca le levanta la voz, entonces el niño instintivamente actuará de la misma manera cuando crezca. Si la madre se comporta como la dueña de la casa, la niña intentará posteriormente administrar a su esposo.

Si los modelos son copiados de una relación estable, la familia de su hijo será estable, de lo contrario vivirá en relaciones una tras otra en contantes peleas, y problemas familiares. El gran choque se da cuando en la familia del hombre, el padre es la ley y se hace lo que él manda sin discusión y en la familia de la novia es la madre la que manda (Despues del matrimonio comenzaran las disputas, y enfrentamientos entre los nuevos cónyuges sobre el tema "quién es el jefe en la casa".

Los padres se pelean por la noche, a veces en voz muy alta. Estas peleas, por regla general, coincidieron con la aparición de otra mujer en la vida del padre. Los hijos se molestan al considerar que su mamá es casi una “Santa” y no lo merece. Entra en cuestionamiento el respeto por su esposa, que se exige de por vida. Si eres soltero y cambias a casado o viviendo con una pareja, el estilo de vida cambia por completo. De solteros hay muchas tentaciones, calenturas, y el hombre trata de ser discreto y su esposa paciente, pero llega el momento en que ninguno de los dos logra relajarse.

 Hay mujeres que soportan las juergas del esposo siempre y cuando no las haga públicas, y lo hacen porque vieron en su propio padre este comportamiento. Aprendió claramente que un hombre puede dejar a la familia, lo que significa que se debe hacer todo lo posible para mantenerlo, incluso si esto significa hacerse de la vista gorda ante sus muchas traiciones.

No podemos proteger a nuestros hijos de todos los peligros del mundo, pero podemos afectar significativamente su autoestima. Mientras los niños son pequeños, debemos enseñarles a apreciar y comprender su propio temperamento. También podemos enseñarles a apreciar el temperamento de los demás. El poderoso vínculo entre padres, abuelos, e hijos, utilizado para ayudarlos a cuidar su propia identidad, crea una base sólida para crecer y convertirse en personas seguras de sí mismas. El carácter es un modelo de comportamiento en el que se manifiesta el temperamento innato de una persona. El mundo será un lugar mejor si cada niño crece para ser una persona íntegra, inquisitiva, compasiva, capaz de amar y ser amado por una persona y desarrollar su potencial interior.

Los padres se consideran con derecho a crear en sus hijos su imagen y semejanza como si copiaran en un papel al carbón. Ellos extraen de su propia memoria lo que padecieron con sus padres y les agregan su experiencia, sazonándola con los sueños que ellos no pudieron realizar y elaboran un plan para su hijo. Ningún padre normal puede controlar la precisión y la conciencia de la ejecución del plan que ha establecido. Por lo tanto, los padres seguirán perdiendo la guerra del plan dado por orden con el plan interno e inconsciente para el desarrollo del niño.

Las consecuencias de esta guerra también son obvias: neurosis, indiferencia, malicia oculta, infantilismo, etc. Los padres infringen el trauma psicológico más grave al tratar de romper la resistencia del niño, y esto se hace supuestamente por su propio bien. Los alimentamos sin darle importancia si el hijo odia ese alimento, y mediante castigos o cariños logramos que lo consuman, en nombre del bien del niño, pero dicha preocupación obedece a un control total sobre el niño.

Los padres modernos afirman que están criando a sus hijos bajo límites y supervisión más estrictos de lo que alguna vez los criaron. El crecimiento constante de información a nivel nacional sobre la delincuencia actual aumenta los temores de los padres de que sus hijos puedan ser atraídos, abusados o simplemente caer bajo la influencia de malas compañías.

Los padres imponen "toques de queda" estrictos a los niños pequeños, prohíben jugar afuera después del anochecer y exigen informes regulares cuando están fuera de casa con amigos. Dado que ahora pocos padres están constantemente en casa, la escuela asume una mayor responsabilidad por la seguridad de los niños. Como padres modernos, debemos comprender los posibles peligros que amenazan a nuestros hijos. Tenemos la obligación de ver nuestro entorno y las calles por lo que son, y enseñar a nuestros hijos a trazar su propio “curso seguro”.

 Los niños modernos necesitan que se les enseñen habilidades especiales para que puedan evitar peligros de varios tipos. Debemos aprender a equilibrar entre abrir oportunidades para nuestros hijos y al mismo tiempo protegerlos de las adversidades de la vida. Y debemos dotar a los niños del conocimiento de que pueden tener confianza y, al mismo tiempo, cautela.

Todo esto parece terriblemente lejos de los simples requisitos que existían en nuestra infancia: "No hables con extraños", "No aceptes dulces de extraños" y "No te subas a un auto con extraños". Si usted es como la mayoría de los adultos con los que he hablado, lo anterior es casi el paquete completo de nuestro "entrenamiento de seguridad personal". Los padres de los años 70 creían que tal instrucción nos mantendría a salvo. Pronto apareció la próxima generación de padres, y con la misma falta de información. Nuestras calles han cambiado, pero nuestra forma de preparar a los niños para ellas no se ha trasformado.

A menudo, los padres y los abuelos están celosos disputándose el cariño de los hijos o nietos, y le piden al niño que diga a quien ama más, eso son celos con complejo de inferioridad. Los intentos de mantener a un hijo o una hija, nieto, cerca de ellos a veces toman las formas enfermizas. Unos usan mentiras, manipulación, regalos, privando al niño de su defensa y protección por capricho. Tal comportamiento de padres y abuelos nunca conduce al bien. Los reproches por dar amor enferman al niño mentalmente

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