PERDER EL TIEMPO EN CHARLAS VACIAS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
¿En qué gastamos nuestra vida? En grandes y pequeñas peleas,
en pasar tiempo diciéndonos tonteras o palabras estúpidas que denigran a otras
personas, en las charlas vacías, en la vanidad de los insultos, en la ira, una
y otra vez. ¿En qué gastamos nuestra vida? Quemamos el tiempo de nuestra vida
hasta los cimientos, todo por cosas vacías, por cosas aburridas, preocupaciones
innecesarias, y justificamos que lo hacemos por el bien de la humanidad ¿Por
qué nos inventamos tantas mascaras? Desperdiciamos la vida en lúgubre
aburrimiento, en “imagen” y “prestigio”, en ciencia innecesaria, en mentiras y
alardes, de lo que aparentamos.
¿En qué gastamos nuestra vida? Charlando tonteras con gente
que creemos es nuestra amistad pura en lealtad. - Siempre tenemos prisa por
llegar a alguna parte, por conseguir algo. Siempre estamos buscando algo, pero
estamos perdiendo más. Nos preocupamos, gritamos, sufrimos por nimiedades.
Elegimos cosas divertidas con poca seriedad. Pero por mucho que preveas,
siempre elegirás el equivocado. ¿En qué gastamos nuestra vida? Tenemos miedo de
la alegría, tenemos miedo de creer en los cuentos de hadas, tenemos miedo de
los sueños, de la ternura y del cariño. Tenemos miedo de amar, para no llorar
después.
Sin embargo, proclámanos que somos felices, que dedicamos
nuestro mejor tiempo al amor, y que hay que vivir el momento. Por charla vacía
nos referimos a palabras vagas, o innecesarias. Estas palabras vagas o frívolas
influyen en nuestras imágenes y contaminan nuestra conciencia. Si se arrepiente
sinceramente de sus charlas inútiles, podrá adquirir una previsión, una
premonición de su futuro, que será muy clara, Y sobre todo no enfermera la su
mente, ni perderá su tiempo escuchando lamentos ajenos. Nos perdemos en el
mundo de las pasiones, y la forma en dar consejos para que supuestamente
resuelvan sus problemas.
Este es el mundo de las pasiones que nos está ahogando, y
nosotros mismos hemos creado para ser infeliceses cargando con los problemas de
otras personas que a diario nos buscan sea de forma física o por teléfono para
descargar sus insatisfacciones y frustraciones, y por si esto no bastara
recibimos información negativa por los medios de comunicación masiva. Todo va
afectando nuestra conciencia. Allí en nuestra mente va quedando plasmado lo que
escuchamos y la imagen que nos formamos de lo que escuchamos, y desde allí en
cierto momento terminamos por lanzarlo mediante nuestras palabras o acciones.
Son esos malestares con los que vamos sembrando en nuestra
alma los miles de cosas innecesarias que escuchamos de almas vacías que creen
decirnos lo necesario para vivir en paz, y terminan por enfermarnos el alma. Si
desea vivir según su propia voluntad, aléjese de esas personas, y si disfruta
escuchándolas, es que usted ya está enfermo del alma, ya le fue trasmitido ese
mal a su alma. Surge la pregunta: ¿qué debes hacer cuando estoy en compañía de
amigos o familiares a los que por prudencia no puede quitarlos en que estén
cerca de mí a sabiendas de que hablan puras tonterías? ¿Por qué complacerlos
escuchándolos en sus tonteras? “Trate de no hablar tonterías ni complacerlos” Y
asuma el riesgo en que esas personas que usted le acomoda las ideas se irán con
otras personas a manchar su dignidad.
- No hay nada más
molesto para una persona de honorable comportamiento que escuchar lenguaje
corriente. Ese tipo de lenguaje molesta su alma, y con ello despierta en quien
lo escucha una negatividad en simpatía. Me dirán que todos usamos malas
palabras, pero a la vez, no reflexionamos que con ellas estamos expulsando la
parte negativa de nuestra alma, y que quien la escucha contaminara su alma.
Usar malas palabras o hablar mal de otras personas sin que estén presentes para
defenderse es una enfermedad del alma, sin embargo, mucha gente lo hace como
una forma de placer insano mental. Las malas palabras que una persona suelta
siempre regresaran en su contra. Las malas palabras denotan sufrimiento,
debilidad, incapacidad para soportar la vida con alegría y buenos deseos para
el prójimo.
A nadie le gusta que lo señalen o regañen con malas palabras.
Por general esas palabras groseras son una clara señal de abuso sobre la
persona a la que se le dirigen, y eso trae consecuencias mentales, genera
sufrimiento. Las malas palabras se basan en manifestaciones tan desagradables
del alma como el odio, la ira, la envidia, etc. Si hablas malas palabras,
transformas tu mundo, el de tus hijos, el de las personas de tu entorno, es
decir, el mundo que te rodea, y dinamizas un entorno lleno de ira, odio,
envidia y manifestaciones similares del alma. Si esto comienza a suceder, te
encontrarás en relaciones humanas muy crueles y duras.
Me parece que una persona qué toma un teléfono, o sale a las
calles hablar pestes de los demás, y de su propia familia arrastra complejos,
no aprendió a vivir, e intenta deshacerse de sus miedos, de sus dudas, no sabe
amar, mucho menos amarse a sí misma. Para ella la vida resulta difícil. Tiene
miedo a la soledad, su vida y su hogar no viven tranquilos.
Recuerdo que siendo niño me veía amenazado por mis padres con
que si decía malas palabras me iría al infierno. Por lo tanto, cada vez que se
me salían de tanto escucharlas en el medio en donde vivía sufría angustia, me
arrepentía. – “Amigos, recuerden: no encontrarán su felicidad en la experiencia
de otra persona. Porque nadie en este planeta sabe qué es lo mejorpara ti”
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