lunes, 16 de diciembre de 2024

 

SER MAESTRA “NO SE TRATA DE DINERO, SINO DE ACTITUD”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Mi camino profesional como maestra ha sido bastante bueno y a la vez espinoso. Sobre todo, con algunos padres, porque siempre pienso primero en los niños y dejó de lado mis intereses, trató a cada niño con respeto y trató de crear un ambiente verdaderamente familiar y confortable en el aula. Trato de que en el aula en ambiente sea agradable, lleno de aventuras, curiosidad, pero algunos padres funcionan de forma indolente ante las necesidades de su hijo, y yo hago todo lo posible para que ellos se conviertan en verdaderos padres, y estén al pendiente del trabajo y avance de su hijo puesto que esa es su responsabilidad y función como padres.

 La maestra de este testimonio, es una persona agradable, medio bonita físicamente, y es posible que ya ande a unos 10 años de su jubilación. Es decir, es medio atractiva para su edad, con voz agradable. En su testimonio me comenta que en muchas ocasiones en su vida profesional como maestra (20 años frente a grupo) se le han presentado padres con un humor pésimo, de ese tipo de padres que les encanta crear problemas a los profesores de la nada. Me dijo: El día más agradable de mi vida fue cuando una mañana en mi cumpleaños al entrar al aula encontré a todas las madres y niños cantándome las mañanitas.

 Ese día con ellas tuve una agradable conversación, sobre la vida y el trabajo. Sin embargo, también he tenido en mi vida profesional un tipo de madre que le molesta hasta si me pongo un moño en el pelo, de todo se queja, desde si la maestra en el recreo pasa todo el tiempo con los ojos sobre su hijo cuidándolo, si le permito ir al baño, lo acompaño por aquello de que otros niños lo vayan a violar, cuanto me pagan como maestra, cuantas horas trabajo. Siempre he sido cortes, amable y respetuosa de este tipo de madres, sin embargo, he tenido que ser tolerante al punto en que he estado a punto de estallar mandándola a freír espárragos.

 Me ha molestado el tono con el que me cuestiona, y deseaba responderle de la misma manera, pero prefiero ser calmada, cortes, amable. Una de este tipo de madres en una ocasión le envió un escrito al director acusándome en que utilice un lenguaje vulgar en una conversación con su hijo. En mi vida, lo juro utilizo este tipo de lenguaje obsceno. El director le pregunto al niño a solas ¿Esto no es cierto? Y el niño lo negó – Enseguida le pregunto delante de su madre y el niño llorando admitió que su madre mentía.

 A partir de ese momento me di cuenta que debía tratar con pincitas a esa madre, y busqué no tener ninguna conversación con ella, sin embargo, ella me interesaba debido a que constantemente el niño me llegaba sin desayunar y a veces con golpes en su cuerpo. Le dije al director sobre lo que estaba sucediendo, y en contestación me dijo “Aguántese maestra” espero que el ciclo siguiente no lo inscriba aquí” – “Bonita forma de resolver el conflicto de mi director” El siguiente ciclo escolar me decidí a cambiarme a otra escuela primaria que estaba dirigida por una directora talentosa, inteligente, y muy proactiva.

 Ella apoyaba al profesorado con palabras y trato amable, sabía escuchar y en situaciones controvertidas ponerse del lado de quien tiene la razón, lo que muchos de sus colegas no hacen. Me acostumbre a los niños, y el día de descanso obligatorio los extraño, es un gran mundo lleno de colores hermosos que inspiran la vida. Dos años despues la directora se jubiló, y fue sustituida por una joven maestra con solo tres años de servicio cuyo mérito era ser sobrina de un supervisor escolar. Una maestra ambiciosa, que se decía estar muy bien agarrada. Todos los intentos de abordar temas con la nueva directora fracasaban, y ella consideraba indigno presentarse a tiempo a la hora de entrada por lo casi a diario llegaba 20 a 30 minutos tarde.

 En la dirección se la pasaba en los chats, WhatsApp. Llego en momento en que ninguno de los profesores la tolerábamos. Los padres de familia al darse cuenta de la desatención que la directora mostraba comenzaron a inventar acusaciones, abusos sobre los niños (que por alguna razón seguían asistiendo a clases con gusto y se regocijaban sinceramente) La nueva directora comenzó con chantajes, amenazas, coacción absoluta para que cambiáramos de escuela ya que la vida que le daba a los maestros comenzó a ser insoportable.

 Al finalizar ese año solicite mi cambio a otra escuela, incluso me cambie de zona para no volver a escuchar su nombre. Como suele ocurrir, la mayoría de los maestros pedimos el cambio, y la nueva directora logro su cometido por lo que el nivel de la escuela comenzó a caer. Soy una maestra vieja en experiencia quien ve a los niños como si fueran sus hijos, me preocupan, les lleno de entusiasmo, y motivación para que con sus risas y bromas se ayuden mutuamente a progresar. Ser maestra no se trata de dinero, sino de actitud.

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