SIMBOLISMO ASTROLOGICO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México
Hay una suposición muy
importante en la que se basa la astrología: la unidad del ser humano y el
universo. Los antiguos astrólogos definieron esta unidad como la relación entre
el microcosmos y el macrocosmos, un concepto que sugiere que las funciones y
factores internos básicos de la naturaleza humana reflejan procesos y
principios universales que operan en todo el universo. La astrología nos trata
de mostrar ciertas realidades trascendentales como principios universales
generales que mueven todo en el universo.
La astrología antigua partió
del hecho de que existen principios formativos en el universo y que influyen en
una persona, tanto desde el exterior como desde el interior. Para describir
estas fuerzas trascendentales, se creó un lenguaje astrológico que describe un
complejo sistema multinivel de varios factores. Los factores astrológicos contienen
estos principios universales formativos. Desde la antigüedad se fue
desarrollando la carta natal que se tomó en cuenta desde el momento del
nacimiento de una persona en un día y hora determinados y en un punto
determinado de la Tierra. Se suponía que la carta natal reflejaba las energías
y los ritmos cósmicos y cómo se refractarían en una persona.
Esto, por así decirlo, es un esbozo del estado
de ánimo del cosmos en un momento determinado, cuyos reflejos una persona lleva
dentro de sí a lo largo de toda su vida. Se cree que una persona es más
sensible a las configuraciones planetarias reflejadas de acuerdo a su carta
natal. Los antiguos astrólogos leían la carta natal y describían el futuro de
la persona, lo que lo impulsaba, guiaba, a lo que se enfrentaría, en su vida,
cuál es su reacción individual ante los desafíos de la vida, cuál es su
respuesta, así como su estilo de vida individual en general, el tono vital de
su existencia.
Con el trascurrir del tiempo
la astrología se enfocó a la personalidad. La astrología tiene, quizás, el
lenguaje simbólico más desarrollado y completo en el campo de las disciplinas y
prácticas relacionadas con el estudio de la naturaleza humana, las
características de su psicología y alma. No conocemos ninguna teoría psicológica
que tenga un lenguaje tan amplio y completo que, al describir una combinación
única de factores universales, ayude a una persona a darle sentido a su vida. En
el sistema astrológico desarrollado a la fecha, existen varias líneas generales
según las cuales se realiza el análisis.
Todas estas líneas están
interconectadas y deben considerarse en un cierto campo de unidad y lucha de
opuestos, utilizando un enfoque sintético. Básicamente, se utilizan tres líneas
generales: estos son los signos del zodíaco, las cartas astrales, y los
aspectos entre los planetas que habitan los signos. Aunque, hay que decirlo,
este no es todo el espectro simbólico de la astrología, sino sólo su sección
más alta. Todos los factores que utilizan los astrólogos son símbolos de
procesos cósmicos y ciertos principios estructurales universales, realidades
trascendentales del cosmos, que no pueden expresarse de otra manera que no sea
a través del simbolismo astrológico.
Aquí viene la analogía con
el significado y el significante lacaniano. Un símbolo es sólo un significante,
y el significado mismo es inexpresable, siempre está oculto. El símbolo
astrológico más famoso son los signos del zodíaco, el círculo de las
constelaciones del zodíaco. Para los antiguos astrólogos, el zodíaco era
considerado el "alma de la naturaleza", es decir. aquello que da
forma y orden a la vida. Está claro por qué el alma de la naturaleza es el
ciclo duodecimal, es decir. el ciclo anual de doce meses, el círculo eterno que
nosotros hacemos, reflejando el aliento de vida en el cambio de estaciones.
La teoría astrológica se
basa en el antiguo concepto de los elementos. Los elementos son la base del
Zodíaco y de todo el planteamiento astrológico. Entonces, los cuatro elementos
son fuego, tierra, aire y agua. Según las ideas de los antiguos, el mundo es
creado por dos principios: femenino y masculino (yin y yang). Estos dos
principios se manifiestan en cuatro elementos: masculino en los elementos fuego
y aire, femenino en los elementos tierra y agua. Estos cuatro elementos son los
componentes básicos de todas las estructuras materiales y orgánicas, forman
todo tipo de materia. Todo lo que existe nace del choque de estos elementos.
Cada uno de los elementos tiene su propia
naturaleza, carácter de manifestación y función, sintonizando a una persona con
un cierto tipo de conciencia y forma de percepción. El elemento fuego está
asociado con la expresión de la energía como tal, es un principio de vida
excitante y vivificante, la expresión de una idea energética. Tierra atrae hacia
el mundo de las formas. Pueden ser formas densas o delgadas. Aquí es donde
tiene lugar la búsqueda de las formas ideales. El aire ajusta nuestras energías
mentales, es un modelado del mundo y de las conexiones en él. Ideas mentales y
conceptualizaciones.
Y finalmente, el agua: nos
imparte sensibilidad y empatía, pacifica, suaviza y tiene un potencial
transformador y curativo. El agua simboliza la capacidad de percepción y
transformación esencial. Según Jung (psicólogo), los elementos son los
constructores invisibles de toda vida, tanto material como mental. En la
psicología junguiana, los elementos se denominan arquetipos, en astrología,
signos del zodíaco. Así, hay 12 signos del zodíaco en total, y a cada elemento
pertenecen tres signos del zodíaco, pudiendo analizar tres signos del elemento
fuego, tres del elemento tierra, etc. Los signos del zodíaco se manifiestan: Fuego:
Aries (cardenal), Leo (fijo), Sagitario (mutable). Tierra: Tauro (fijo), Virgo
(mutable), Capricornio (cardenal).
Aire: Géminis (mutable), Libra
(cardinal), Acuario (fijo). Agua: Cáncer (cardenal), Escorpio (fijo), Piscis
(mutable). Según la tradición astrológica, este círculo zodiacal con el cambio
de los signos del Zodíaco y, por tanto, los elementos y modos de su manifestación,
se refleja simbólicamente en todos los procesos y estructuras. Doce meses son
doce signos y observamos una transición gradual de un estado a otro.
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