DISCUTIR SIN
ESCUCHAR
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Le llamamos discutir a la interacción verbal con otras personas. Sin embargo, no hace falta que les diga lo difícil que resulta esta interacción para nosotros porque generamos malentendidos constantes, tensión, terquedad, complacencia y distorsiones de ser supuestos conocedores de la verdad, pero solo superpuestos. Si analizas con sobriedad cualquier disputa, ya sea un debate de cocina, uno filosófico o uno puramente académico, descubrirás que el verdadero tema de la disputa en la gran mayoría de los casos no es la verdad en absoluto (como aparentemente se supone), sino más bien tener razón: cada oponente solo quiere que el otro se doblegue y esté de acuerdo con su punto de vista.
“Los astutos siempre triunfan sobre los fuertes” Las discusiones son parte esencial de la vida. Debatimos nuestros puntos de vista en el trabajo, con amigos e incluso en las redes sociales. Pero a menudo perdemos no porque estemos equivocados, sino porque las emociones se imponen a la lógica.
Incluso las investigaciones demuestran que, en discusiones y conflictos, la gente recuerda más cómo se sintió que los argumentos en sí. Si gritas y te pones nervioso, tu oponente simplemente se bloqueará, aunque tengas toda la razón. Pero el análisis sereno y los argumentos claros son mucho más poderosos. Cuando se recurre a la ira, el sarcasmo o el resentimiento, una discusión deja de ser constructiva. Solo se puede argumentar eficazmente manteniendo la calma. De lo contrario, la ira te hace hablar de más, y el oponente simplemente “se desconecta”. El sarcasmo provoca una reacción defensiva; en lugar de argumentos, se produce agresión.
El resentimiento te impide escuchar a la otra parte, incluso
si lo que dicen tiene sentido. Cuando las emociones se apoderan de ti, tus
posibilidades de ganar una discusión se desploman. La mejor táctica es hacer
una pausa, respirar hondo y volver a los hechos. La clave está en escuchar:
Ignorar los argumentos consiste en preparar una respuesta sin escuchar el resto
de lo que dice el orador. Prestar atención para percibir los puntos débiles y
se ignoran los fuertes. Ya has decidido que la persona está equivocada y ni
siquiera te molestas en comprobarlo. El desarrollo de la comunicación comienza
con una regla simple: antes de responder, asegúrese de comprender correctamente
a la otra persona.
EL LEON Y EL CONEJO: Había un león en un bosque. Solía matar muchos animales a diario sin motivo alguno. Todos los animales le tenían mucho miedo. Así que idearon un plan para salvar sus vidas. Y así, se encontraron con el león y le dijeron: “Cada día, sin hambre, y sin motivo alguno, matas muchos animales ¿No es acaso, un solo animal suficiente para saciar tu hambre? Si sigues matando animales así a diario, un día este bosque quedará sin animales, y todos moriremos de hambre, incluso tú. Por eso, hemos decidido que cada día un animal vendrá a ti por voluntad propia y lo convertirás en tu alimento. Así, obtendrás tu alimento sin esfuerzo.
Al león le pareció justo el plan, y aceptó, pero también les advirtió: “El día que no venga a mi puerta un solo animal, saldré a cazar y a cuantos encuentre también los matare sin importar que ya esté satisfecho, y no tenga hambre” - A partir de ese día, un animal empezó a ir hasta la puerta de la casa de león para ser su alimento. Un día le tocó el turno a un pequeño conejo. Por el miedo a la muerte que lo acechaba, el conejo temblaba de miedo. No había escapatoria, así que empezó a ir hacia la casa del león.
En el camino, el conejo vio un pozo. Al mirar lentamente dentro, vio su reflejo. En ese momento, una idea cruzó por su mente. Y, según el plan, decidió encontrarse con el león al anochecer. Cuando el León vio al conejo acercarse lentamente a su puerta, preguntó enojado ¡¿Por qué llegas tan tarde? El conejo dijo, soy un animal muy pequeño, así que no saciarás tu hambre. Pero conozco un lugar en donde han ido otros cuatro conejos exigidos por un nuevo león en la zona. Ven conmigo, acompáñame, te llevare a ese lugar. Tras mucho rogar, el Léon decidió acompañarlo. En el camino el conejo le dijo al León que en la zona ya había otro León que exigía le enviaran cuatro animales diarios a la puerta de su casa, y que aseguraba que él era el único rey león, además dijo que el día que te encontrara te mataría por impostor.
El León se molestó al saber que otro le estaba disputando su territorio y poder. Y dijo: “¿Dónde está ese león?”. El conejo llevó al león al pozo. Cuando el león miró dentro, vio su reflejo. Pensando que era otro león, por lo que rugió lo más fuerte que pudo, y se lanzó al pozo, un fuerte eco resonó en el pozo. El león perdió los estribos y saltó al pozo. Y se ahogó. – “Es más productivo trabajar con inteligencia que con fuerza. Intenta encontrar soluciones creativas a tus problemas. Las soluciones así encontradas son más satisfactorias que las que se basan en la opinión general. “La forma más segura de ser engañado es creerse más inteligente que los demás”. (François de La Rochefoucauld)
No hay comentarios:
Publicar un comentario