DIVORCIADA
LARRAÑAGA TORRÓNETGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC-
UNAM
- Soy una mujer divorciada a los 30 años de edad.
Crecí en una familia clase media en donde toda la familia vivíamos felices.
Siempre me gusto leer libros, ver documentales en la televisión y pensé que me
estaba preparando para ser feliz. Desde niña acudía con mis padres a la playa y
en ocasiones me llevaban a una alberca. Me gustaba jugar en la arena excavando.
Aprendí muy poco a nadar debido a que le tengo miedo a la profundidad. En las
partes donde me llegaba el agua a la cintura intentaba hacerlo. Mi padre se
asustaba tanto que al verme en la playa se paraba en la orilla vigilándome para
que no me pasara nada, y al menor movimiento extraño me gritaba que me saliera
un poco.
Un día me avente en una alberca decidí que debía
nadar. Lo profundo de la alberca era muy poca distancia, así que la recorrí
tranquila, pero con mucho miedo. A partir de ese día, comencé a nadar en el mar
por más tiempo y distancia en la parte baja del mismo. Lo hice y aprendí, se me
quito el miedo. Por fin vi mi sueño cumplido, y aunque chapoteo el agua. No me
importa lo que las otras personas me critiquen por no hacerlo de forma
profesional que ellos desean. En esos años ya estaba estudiando la
preparatoria, luego pasé a la Universidad y al terminar la carrera me casé.
Pero como señale al principio, mi matrimonio fue
malo, un error con toda la palabra. Elegí al hombre equivocado, me amulé a
pesar de que mis amigas me lo advertían y tenían razón. Lo conocí en la
Universidad. Al principio no quería iniciar ninguna relación con él, pero era
muy persistente, amable, detallista, constantemente me llamaba, buscaba, y ante
tanta insistencia decide comenzar a salir con la idea de no equivocarme. No
supe cuándo, ni como me comenzó a hechizar con sus encantos, quizás se deba a
que era muy atento y cordial. Les parecerá que estoy medio tonta y diré el ¿Por
qué?
Cuando salíamos y nos juntábamos con los amigos
comenzaba a beber alcohol y despues de unas cuantas cervezas cambiaba por
completo su personalidad, incluso se volvía grosero conmigo, y atrevido con sus
manos. Y la muy tonta seguí pensando que a pesar de las murmuraciones que mis
amigas me hacían creí que solo “Yo” podía comprenderlo, y que si nos llegábamos
a casar me le pondría dura para hacerlo cambiar y retirarlo del vicio. Lo
curioso fue que nos casamos y siguió bebiendo con mayor placer. En sus crudas
me prometía que no lo volvería hacer, así que le creía, pero lo volvía hacer
con más frecuencia y mayor volumen.
En varias ocasiones pensé en dejarlo, pero
recordaba las palabras de mi madre en que yo era la responsable de casarme con
ese hombre y que lo cuidara y respetara para que ambos nos tratáramos de forma
digna. Yo, insistía en cambiarlo a base de amor. en el primer año de matrimonio
me insistió mucho para que dejara mi trabajo, me decía que él me mantendría y
que deseaba tener un hijo, por lo que atendí su sugerencia y me dedique a vivir
solo para él. Al poco tiempo me llego con la novedad que ganaba muy poco dinero
y que debíamos mudarnos a la casa de sus padres para ahorrar y comprarse un
auto modesto para ir a trabajar, y lo compramos, pero el auto le sirvió para
andar de vago con sus amigos y llegar más tarde a casa, incluso fue multado por
tránsito por andar en estado de ebriedad manejando.
El infierno comenzó cuando tuve a mi hijo. Estaba
segura que sería el momento en que se calmaría, maduraría y dejaría de beber
“Se, lo juro por Diosito que está en el cielo”, pero nuevamente estaba
equivocada, las cosas empeoraron. Llegaron los gritos y sus reclamaciones, las
amenazas de echarme a la calle con la criatura, los insultos donde me acusaba
de engañarlo, hasta que un día borracho me golpeo. Ese día recuerdo que dormí
en el suelo, ya no pude más y llamé a mi madre llorando. No deseaba hacerlo
debido a que me sentía avergonzada, culpable. Pero me di cuenta que ya no soportaba
más. Necesitaba fuerzas para hacerlo, pero recordé como aprendí a nadar y me
dije “Vale la pena intentarlo”
¿Cómo irme, si tenía un hijo, sin dinero y no era
justo en ir a ser una carga para mis padres? Mi madre me ofreció que regresara.
Me negué, pero esa noche mi ex llego muy borracho y se burlaba de mí y me dijo
que ese hijo no era suyo, que le confesara quien era el verdadero padre, sus
insultos se escuchaban en toda la cuadra. Luego se durmió. Eso ya era
demasiado. Después de eso, mi decisión de luchar por mí y por mi hijo se volvió
inquebrantable, debía deshacerme de esa relación, me dije muchas han
sobrevivido ¿Por qué yo no?
En ese momento me di cuenta de que la felicidad es
paz en la casa. La felicidad es cuando el esposo llega a casa y no tienes miedo
de ser humillada y golpeada. La felicidad es cuando no te sientes atrapada en
tu hogar, esperando temerosamente sus gritos e insultos. Allí fue que entendí
la estrategia que siguió para sacarme del trabajo, para llevarme a casa de sus
padres con ello logro un poder total sobre mi persona. Y decidí irme, ¡pase lo
que pase, tope en donde tope! Lucharía por mi dignidad. Todo el drama final
inicio un día que llego muy borracho y me arrastro del pelo, me dio golpes en
la cara, me dijo que me mataría por puta. La pesadilla duro dos horas hasta que
se durmió y en ese instante llame a la policía. Se lo llevaron. Mi suegra
acudió a mí para que retirara la demanda y no le quitaran el trabajo.
En su cruda alegaba que no me había golpeado, que
eran fantasías mías, estaba asustado por el diablo que me había brotado de mi
mente. Hable con el responsable y le pedí que no lo soltara en todo un día para
que aclara sus ideas. Recogí a mi hijo y mis cosas y me fui con mis padres.
Luego a buscar trabajo, ya no sentía remordimiento por llevarlo a la cárcel,
estaba consiente que yo tenía razón. Finalmente conseguí trabajo, me liberé.
Al principio iba a mi trabajo a insistir que
regresáramos, luego al no conseguirlo me amenazaba de muerte. Supe que seguía
bebiendo, perdió su trabajo, no me ayudaba con el niño. Aún recuerdo sus
amenazas cuando llegaba al trabajo y me gritaba que me estaba prostituyendo con
los jefes, pero ya ven la vida va poniendo todo en su lugar. Ahora mi hijo y
yo, tenemos una vida digna, mi ex se quedó en el infierno de donde lo saqué
cuando decidí casarme con él, siguió en la misma situación quedándose botado de
borracho con sus amigos.
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