viernes, 3 de noviembre de 2023

 MAESTRA ROSAURA MALDONADO LOPEZ(Chagua) TERCERO DE PRIMARIA SAN IGNACIO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La relación con mis maestros inicio el primer día de clases en la escuela primaria. Era un niño curioso con sentimientos encontrados sobre la escuela. Por un lado, tenía miedo de los cambios que estaban a punto de ocurrir con mi vida. Despues de toda mi vida en prescolar fue de mucho juego y sabía que la primaria era muy diferente. En prescolar podía faltar con cualquier pretexto y nadie se molestaba, incluso quedarme acostado hasta tarde. Despues levantarme y salir a jugar, pero ahora en primaria eso no me estaba permitido.
Casi todos los días debía levantarme temprano e ir a la escuela, hacer una gran cantidad de tareas y también prepararme para las lecciones. Para un niño tan amante de la libertad, esto fue un verdadero desastre. Sin embargo, mezclando mi miedo y controlándolo, a la vez soñaba con descubrir rápidamente qué es la escuela, encontrarse con otros niños que serían mis amigos y compañeros. Crecí en una familia normal formada por una madre alegre, tranquila.
No fui un niño que tuviera dificultades para adaptarse a la escuela, y sus reglas. Tuve maestros estrictos con ideas muy conservadoras sobre la educación y una idea tradicional de una familia decente por lo que no se me dificulto socializar. Tuve suerte con mis maestras de primero, segundo, tercero grado. Tambien con los maestros de cuarto, quinto y sexto. En lo general fueron todos amables y comprensivos, unos alegres otros serios pero todos interesantes.
De mi maestra de tercero grado Rosaura Maldonado recuerdo que tenía las piernas muy largas y usaba medias de nylon. A ella siempre la he recordado como si viera su retrato en mi mente. Una maestra interesante, sencilla, un tanto antiestética en la formación de su cuerpo como producto de sus años. Su apariencia, mirada, imponía, pero al final del día era comprensiva. Con una voz firme, y su forma especial de hablar.
Es como si en ella coexistieran dos personalidades paralelas. La tradicional mujer educada, y la alegre que le da miedo mostrar su simpatía. Con base en mi primera impresión, y su pase de lista pude llegar a la conclusión que contaba con un alto nivel de profesionalismo y presumiblemente una amplia experiencia como maestra. Siempre me mantenía preocupado durante el transcurso de su clase por miedo a que una regla de un metro que paseaba cogida de su mano accidentalmente me pegara en las manos, nalgas, o cabeza.
Un día una niña comenzó a sangrar por la nariz, todos los niños nos preocupamos. Sin embargo, ella lo tomo con calma, no se sorprendió, agarró una servilleta que extrajo de su bolso y, limpió la cara. Las niñas corrían horrorizadas por el aula juntándose en un rincón. La maestra se comportaba con toda la calma del mundo como si nada estuviera sucediendo. Fue mi primera vez que vi a una niña sangrar por la nariz sin que se hubiera golpeado con algo, no todos los días se puede observar una situación así, incluso teniendo en cuenta la desatención y la torpeza de los niños de esta edad, pero la señorita Chagua se mantuvo tranquila y concentrada.
Cada uno de sus movimientos atestiguo el hecho de que ciertamente conocía su trabajo. A partir de ahí, todo ese día mi cabeza se ocupó del ese hecho. No sabía ¿Cómo era tan tranquila? Y la vez tan estricta, y seca en su trato. Era una maestra muy diferente a las demás. Sé que mis reflexiones son simples y ligeras, incluso un poco irónicas, pero deben comprender que ese hecho me dejo medio traumatizado a esa edad. Pero a la vez desde esa situación se ganó mi cariño. A veces pasaba por mi escritorio y me pellizcaba la mano suavemente para verificar que estuviera atento escuchando y trabajando.
Un truco de ella para demostrar cariño. Siempre trato de ver a los niños de forma tranquila en sus travesuras. Nadie a esa edad éramos problemáticos, sino niños juguetones, curiosos. Cuando nos agarraba haciendo otra cosa, en lugar de enojarse con el niño y expresarle su desaprobación, la señorita Chagua hacia como que no había pasado nada y continuaba su clase. En una ocasión un alumno pego un papel en el pizarrón asegurando que una niña era su novia. La maestra llamó a la mamá del niño para explicarle que eso no estaba bien.
Le dijo que era una situación normal, pero que ese tipo de relaciones se aplazaban para cuando tuviera mayor edad. Este acto la caracteriza como una persona delicada y tolerante que es capaz de ver los límites personales de los niños y sabe pararlos antes de que crucen el límite. Podríamos pensar que es un acto exagerado de moral, y a la vez poner en la balanza la originalidad de los niños, pero en aquellos años el objetivo en las escuelas primarias era moldear el comportamiento en un estándar conservador. La señorita Chagua entiende que los niños dicen la verdad y casi siempre son sinceros en sus palabras.
Conoce bien la psicología de los niños y sabe cómo construir relaciones de confianza con ellos, por lo que no se centra en las acciones y palabras controvertidas del niño. – No se le llamaba acoso escolar. Los maestros se preocupaban por la reputación de las maestras. No se permitía hacer travesuras en la escuela, mucho menos ofender o expresar malas palabras, eran la norma y una etapa por la que pasaron muchos escolares. No creo que la señorita Chagua le diera mucha importancia al daño psicológico de los niños, ni que a los niños estuvieran siempre cómodos en su clase. Su objetivo era guiarlos, por eso nos regañaba.
El tratar de clasificar a la señorita Chagua con algún tipo de maestra es difícil, solo puedo decir que fue una maestra extraordinaria y compleja que lograba combinar rasgos de carácter contrastantes. Quizás una de las pocas características que describe perfectamente su esencia profesional sea la humanidad que mostro con la niña que sangro por la nariz. Por el lado profesional se dedicó a nutrir la personalidad de los niños, y luego desarrolló conocimientos, habilidades y destrezas educativas generales. Nos amó a su forma sin duda interesada en el futuro exitoso de sus alumnos.

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