jueves, 2 de noviembre de 2023

 

TOMAS CASTRO VALVERDE MAESTRO QUINTO GRADO EN EL PUEBLO DE SAN IGNACIO.

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

¡Cuántas líneas maravillosas están dedicadas a personas que se llaman maestro! Y no es de extrañar. Después de todo, es necesario tener un gran don y talento para inspirar en sus alumnos la sed de conocimiento, la pasión por la búsqueda, para poder formar una persona real y un ciudadano digno. Y todo esto, día tras día, de lección en lección, a menudo de forma inmediata e imperceptible, despierta al maestro en los niños. Cada uno de nosotros tuvo su propio maestro en la vida, cuya imagen era fascinante y cuyas lecciones tenían un poder mágico especial. Cada uno merece mi más profundo agradecimiento, por ser amables con sus palabras, y el tan necesario apoyo que necesitamos para desarrollarnos.

Como suele suceder, conoces a una persona, hablas y queda claro que dedicó toda su vida a su profesión favorita, aplicó todas sus habilidades al negocio más cercano a su corazón, que este negocio que siempre ha sido su alegría. Entre estas personas maravillosas se encuentra el maestro Tomas Castro. Una persona de alma bondadosa, educado y talentoso quien cuidaba de las almas de los niños en la escuela Morelos frente al quinto grado de primaria.

 Era un maestro muy letrado en historia, ciencias sociales y tenía experiencia amplia en todo lo relacionado a su profesión. Llegaba temprano al salón para verificar que todas las cosas estuvieran en su lugar y el aula limpia. Al principio me asusto su seriedad, pero luego me resulto interesante. Muy al contrario, me gustaba su personalidad, sobre todo que conocía perfectamente los contenidos, y los explicaba claramente. Nos hizo interesar incluso en los temas más complejos y problemáticos.

Cuando todavía era un niño, comprendía lo valioso y lo importante que es para un maestro que como alumnos le retribuyamos con conocimientos sus esfuerzos estudiando. Es un trabajo colosal que muchos no respetamos ni valoramos. Le gustaba estudiar, se apegaba a los programas educativos, pasaba del dicho al hecho. Era un maestro romántico en literatura, y se inspiraba en sus conocimientos del campo rural. Sin duda se preparó para ejercer la profesión. Vivía por la calle libertad a un lado de la escuela por lo que recorría un camino de su casa a la escuela caminando de cinco minutos.

 Sus métodos poco los recuerdo, lo que sí es su vasta experiencia pedagógica. Se preparaba en cada una de las lecciones pensando en cualquier cambio o pregunta. Tal vez para mí fue suerte el tenerlo como maestro por su calidad humana y enseñanza, lo que me impulso a mis futuras responsabilidades con respeto al estudio. Estar en sus clases fue precisamente lo que se convirtió en mi camino personal hacia la vida escolar. La escuela era de dos turnos, asistíamos en la mañana y regresábamos por la tarde.

Recuerdo el empeño que destinaba para revisar las tareas y trabajos de cada niño comprobando el grado de avance en cada niño. Enseguida nos hacia las recomendaciones explicándonos las deficiencias. En una palabra, conocía todos los métodos de enseñanza y nos daba la oportunidad de rectificar poniendo a prueba los conocimientos que íbamos adquiriendo en base a ese arsenal de su base metodológica. Hoy despues de tantos años cuando me pongo en el lugar de un maestro frente a un grupo, siempre me pongo en el lugar del alumno. Es el recuerdo de ese apoyo y compresión que recibí, el disfrute de aquellos momentos. Una experiencia acumulada gracias a sus años de trabajo.

Para amar la escuela primaria no bastan las habilidades, lo interesante de una materia por sí solas no son suficientes. Lo principal es interesar, no alejarse ni de uno mismo ni del tema. Y el maestro con su bondad viene al rescate, que puede contener un maestro como Tomas en su alma quien independientemente de las circunstancias, las condiciones climáticas o los problemas en su vida personal estaba presente, sonriente prestándonos la debida atención para trabajar con sus alumnos, para guiarnos a extraer conocimientos de los libros de texto y enriquecerlos con su propio conocimiento.

 Hoy es fácil para un niño y está en solo apretar un botón en una computadora o deslizar el dedo en el teléfono, y se puede acceder directamente a cualquier información. Pero antes todo era diferente. Para ampliar sus horizontes y despertar el interés de los estudiantes, el propio maestro Tomas Castro la propia tuvo que leer varias revistas, enciclopedias, sintetizar con una libreta en la mano para al otro día mostrárnosla en el aula. Pero también debía prepararse para ver cómo hacerlo, que despertara en nosotros el interés, el deseo con una sonrisa en su cara para que de esta forma no perdiéramos en interés en su clase.

Es el momento en que un maestro lo es todo. Tomas Castro siempre trato en ser un maestro amable, el tacto y el respeto por la personalidad del niño estaban presentes. Nunca le escuche una sola palabra grosera. Los niños siempre respondíamos amablemente a la bondad. Nunca nos reprimió en las emociones, nos hablaba respetuosamente. A quien se lo merecía lo elogiaba, y tal vez sentía pena por los que se quedaban atrasados. No le agradaba que sacáramos malas notas y a esos niños les prestaba mayor atención para regularizarlos. Nos hacía preguntas para interesarnos.

Nunca admitió el fracaso de uno solo de los niños, en si un maestro muy competente y posiblemente en su vida personal con sus defectos como cualquier persona. Tomas Castro tenía ese don de lograr resultados en cualquier nivel de preparación de los niños. Durante muchos años trabajo en la escuela Morelos. Se jubiló ya viejo, porque todo tiene su tiempo. A veces en la vida es importante salir a tiempo para hacer algunas de las tareas del hogar. Cuando lo saludaba por en la calle, su mente inquieta me recordaba como uno de sus alumnos, y su rostro se transformaba en una sonrisa.

 Un hombre serio, convertido en una de las personas más dignas del pueblo. Ser un profesor como Tomas Castro tan responsable, sigue siendo un ejemplo para sus ex alumnos en comportamiento y comunicación. Los niños sienten al maestro de manera muy sutil, por eso lo principal para un maestro es el equilibrio. Un maestro que cuido nuestra salud física y mental, que entendió nuestro cansancio y nos dejaba reposar, nos prestaba atención a cada uno ¿Cómo olvidarlo? Un maestro lleno de bondad, comprensivo, que nos calentaba el alma. Un maestro a toda prueba.

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