martes, 8 de octubre de 2024

 

NO QUIERES CHISMES, NO TE QUEJES  (MPIDE LA LIBERTAD¡

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 En la vida de cada uno de nosotros hay momentos difíciles que provocan sensaciones dolorosas y emociones insoportables. Sin embargo, hay una sabiduría que dice que, si algo duele, a veces es mejor guardar silencio, y “no contárselo a nadie”. Las parábolas árabes que transmiten esta verdad filosófica nos enseñan a tener precaución al comunicarnos con los demás y la importancia de guardar nuestras experiencias dentro de nosotros mismos. "No hables mal de ti mismo, porque cuando menos lo esperes y de donde menos te dañaran"

 Recuerda, cada palabra que pronuncias tiene poder, y cuando te menosprecias, menosprecias tu propio poder. No te quejes de tus errores y fracasos con nadie. Si hablas mal de ti mismo, vas creando un entorno negativo en tu vida, y esa fuerza negativa te ira quitando la energía para resolver tus conflictos los cuales se convertirán en obstáculos que no serás capaz de superar. La autoestima es de gran importancia. Al hablar de nosotros mismos con respeto y fe en nuestras capacidades, creamos un entorno favorable para el crecimiento y el desarrollo.

 No permitamos que las palabras negativas disminuyan nuestra propia fuerza y potencial. Hay personas que van contando a cada persona que se les acerca su sufrimiento, y creen que quienes los escuchan simpatizan con sus causas, sin embargo, la gran mayoría de ellas, escucha con morbo y esparce tu situación para sentir ese placer en verte destruido ¿Para qué lo comparte? En nuestros momentos difíciles es importante ejercer moderación y no cargar a los demás con nuestro dolor.

 El silencio y el trabajo interno sobre uno mismo pueden ser formas más efectivas de sanar y superar las dificultades. Hay personas que les encanta ir platicando sus enfermedades, no se dan cuenta que las personas mentalmente sanas los rehúyen para no ser enfermados. Los verdaderos amigos, no necesitan explicaciones innecesarias.

 Podemos decir que la Vida se construye sobre el principio de una escuela donde debemos aprender sabiduría: aprender las leyes de la vida y vivir de acuerdo con ellas para disfrutar cada momento de la vida. Vivimos en un sistema cerrado (Social, político, económico) en el que todas sus partes están estrechamente interconectadas entre sí y tienen influencia mutua, por lo que nada es accidental y nada pasa sin dejar rastro. Si comentas tus secretos, se esparcirá como reguero de pólvora y regresará a ti con mayor fuerza. Lo que pones es lo que recibes. Lo que se siembra se recoge. La regla de oro del budismo: “No hagas a los demás lo que no deseas para ti”

 Por qué esto es difícil de entender. Porque la vida aquí tiene una duración (tiempo, inercia) y el “regreso” no llega de inmediato. Cuando lanzas un comentario o chisme, tarda en volar, llegar a su punto final y regresar; y mientras vuela, otros cometarios, chismes, se lanzan antes de que regrese hacia ti. Dado que la mente (en la mayoría de los casos) no puede rastrear esta relación de causa y efecto, no se comprende que nada sucede por casualidad. Todo está interconectado y es natural.

 Necesitamos entender que los problemas que nos suceden no son un castigo de Dios, sino el resultado de nuestras acciones. En otras palabras, hay que reconocer “yo mismo fui la causa de este problema” Al aceptar esto como un hecho (soy responsable de lo que me sucede), creas la oportunidad de crecer espiritualmente: aprender, corregir tus errores y lograr el objetivo más elevado “La felicidad” En lo divino depositamos la confianza, esperanza en que es justo y armonioso, pero los humanos somos egoístas, y por ello, no vemos esto. Tú eres la razón de lo que te está pasando. Debes entender lo que se siente hacer o haber hecho a los demás. Sólo así podrás aprender Sapienza, la felicidad.

 Sentirse ofendido o enojado con una persona que le crea problemas es un error que conduce a un fortalecimiento de su propio ego, que se alimenta de la negatividad. En este caso, el crecimiento espiritual es imposible o inhibido. La otra persona a través de quien surgió el problema no es la fuente de este problema, sino sólo quien la difunde, o comenta como descarga negativa. Nos enojamos porque la vida se encarga en nuestra mente en señalarnos nuestros errores, siendo que nuestra mente solo nos está pidiendo que pensemos bien lo que hacemos, que actuemos razonadamente que nos demos cuenta y saquemos las conclusiones correctas. Si esta persona que nos dañó, no hubiera existido, habría habido otra, pero la situación habría sido la misma.

 Necesitas aprender una lección de los problemas. A menos, claro está, que queramos seguir tropezando con la misma piedra una y otra vez. Si el mismo problema llega a tu vida una y otra vez, esto indica que estás volviendo a tropezar con la misma piedra, y caminas por donde mismo. La vida está tratando de enseñarte algo, pero todavía no aprendes. De inmediato sacamos confusiones erróneas culpando a los demás, y seguimos haciendo estupideces. Por eso, la Vida se ve obligada a enseñarnos a través de situaciones cada vez más duras. Esto puede llegar muy lejos y ser cada vez más doloroso.

 

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