jueves, 28 de agosto de 2025

 

AQUELLOS NIÑOS DEL PUEBLO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Los niños que nacíamos en el medio rural, creó que crecíamos menos mimados, y eso nos permitía adaptarnos mejor a la vida cotidiana, y se debe a que aprendíamos desde muy pequeños

que todos tenían que trabajar: recoger leña, traer agua, ayudar al padre en el campo, o a la madre en el hogar, etc. Y también tenían la oportunidad en poder interactuar de forma independiente con otras personas, tanto niños como adultos. En aquellos años, no había pañales, geles, talcos, toallitas húmedas, crema para que no te roces, y si te orinabas por la noche te bañaban a las cuatro de la mañana con agua fría.

Como talco a veces te ponían maicena, y como caricia a tu piel por orinarte te daban unas cuantas nalgadas. En aquella época no había agua embotellada, y la que tomábamos la agarrábamos de un pequeño pozo que hacíamos en la arena a orillas del arroyo o corriente del rio. No había protector solar, mucho menos repelente, ni champú o jabón para los parásitos, para los mosquitos y, no conocíamos las enfermedades que pasaban a los humanos las chinches, piojos. Nuestras piscinas las hacíamos mediante un pequeño borde de arena en la arena del arroyo o rio, y en casa era una tina de latón para 40 litros de agua, que calentaba el agua mediante los rayos del sol. No existían la porta bebes, ni las carriolas.

Es decir, todo lo que hoy se considera esencial para que supuestamente un niño viva feliz no existía hace aproximadamente 30 años. Los autos particulares no existían en el pueblo y eran un lujo solo para gente muy rica. Nuestro medio de transporte eran los burros, mulas, caballos o caminar con huaraches de tres puntadas. Las gentes que llegaban al pueblo lo hacian en un transporte público, y tenían que caminar debido a que aquellos transportes viejos no eran capaces de cruzar el rio sin que se apagaran y se quedaran en medio de la corriente del agua con gente y carga arriba, así que lo dejaban en un lugar al que le llamaban “El cantón”.

Enseguida los niños llegábamos para ayudarles a transportar su equipaje al pueblo por unas cuantas monedas. Ganábamos dinero, pero el trabajo era pesado para un niño. A veces por ayudar, acompañar o por otra razón, a nuestros padres no asistíamos a la escuela primaria, y ningún profesor lo veía como algo fuera de nuestra responsabilidad. Los niños siempre encontrábamos en que entretenernos, nos organizábamos y poníamos nuestras reglas “Inviolables”

La mayoría del tiempo jugábamos a las canicas, el trompo, y béisbol, así como otro tipo de juegos. A las niñas sus madres las mantenían entretenidas en el hogar jugando a las comiditas, o ayudándolas en los quehaceres. Todo transcurría de forma tranquila y mente social lógica. Nuestro tiempo libre era muy diversificado y divertido. Quizás uno de nuestros juegos surgió mediante las películas que veíamos en el cine del pueblo, y era el jugar a los indios y vaqueros, también hubo un tiempo en que lo dedicamos aprender hacer cometas y volarlos. Por las tardes noches nos reuníamos en las esquinas cerca de casa, y ya siendo jóvenes preferíamos reunirnos alrededor de una fogata cantando.

Por lo general en la bola siempre había uno que tocaba bien la guitarra y alguna chica o chico que le encantaba cantar haciéndolo más entonado que todos. Al son de la guitarra nos clavamos los ojos con romanticismo sobre la persona que nos atraía (Edad romántica) Hoy en la ciudad a pesar de que existe mucha infraestructura los niños no juegan, no cantan, no corretean por las calles, y los jóvenes perdieron el atractivo de mirarse a los ojos con romanticismo. Para mi generación, y la de mis padres y abuelos, era difícil siquiera imaginar que dejaran de trabajar para salir de vacaciones, había muchas menos oportunidades, pero la gente valoraba más su tiempo libre.

Los campesinos no tenían derecho a descansar un solo día de la semana, los jóvenes hacian su educación física con machete en mano deshierbando la milpa, su deporte era corretear o andar atrás del arado azuzando a los caballos para que no se pararan Tanto para un niño como para un joven había muchas dificultades, y hoy es difícil para esta generación imaginar algo así. Mi idea o mejor dicho creó que el niño que experimentó la vida rural de hace 30 años, y el romanticismo en mirar a las chicas con respeto a los ojos sin sobrepasarse tocándola se convirtió en una persona un poco más libre e independiente. Mi idea es que cuanto más involucrados están los abuelos, y los padres en la vida de sus hijos, y nietos, más felices son y menos problemas emocionales y de comportamiento tienen los niños.

Afrontan de forma mejor los conflictos de la vida. Los padres y abuelos pueden brindarles a sus hijos, y nietos una sensación de seguridad, lo que les ayuda a superar cualquier prueba con mínimas pérdidas. En lo personal agradezco a la vida por dejar en ella a dos de mis abuelos cuando nací. Uno paterno y una abuela materna. Ellos me ayudaron a sentirme parte de su historia, eso me dio confianza para afrontar la vida con dignidad, y responsabilidad. De ellos aprendí su historia sobre los momentos difíciles que vivieron, y como los enfrentaron. De sus labios siempre escuche palabras sanas y amables.

Creó que la mejor vacuna que los niños de mi época recibían era la amistad con sus abuelos. La comunicación con ellos fortaleció mi sistema emocional, sus consejos, regaños, siempre con amor pulieron mi piedra bruta. Todos envejecemos algún día, y nos gustaría sentirnos importantes en la vida de nuestros nietos. Por eso creó que los niños que crecimos en mi generación somos menos propensos a enfadarnos con nimiedades. Somos ejemplo de tolerancia, y tenemos reglas diferentes para enfrentar los conflictos de la vida. Los niños que salían del campo a estudiar a la ciudad cambiábamos de estilo de vida, y esto nos ayudaba adaptarnos a diferentes normas de comportamiento, y esta habilidad sin duda nos fue útil en la edad adulta.

Las muñecas de las niñas eran monas feas de trapo, el caballo del niño era un palo de escoba “A los niños no se les complacía con juguetes caros, y el niño no se irritaba por un juguete sencillo” Era sencillo satisfacer nuestras expectativas, todo servía para jugar “Mucha imaginación”  _ Cuenta la historia que alguna vez existió un pueblo así en donde yo nací, y como me gusta recordar ese pasado me atreví a redactarlo ya que considero que los recuerdos del pasado, y de su propia infancia pueden ser invaluables. Hoy los niños no consideran escuchar a los adultos, mucho menos a sus abuelos, se aferran a que no los quieren para chantajear. Hoy los niños están inmaculados, consagrados, intocables, y sus padres se desviven porque no se preocupen por nada. “No lo toques ni con el pétalo de una rosa” (Amado Nervo)

 

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