TODOS COMETEMOS
ERRORES “NO SOMOS TONTOS”
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Nos culpamos, nos reprochamos y nos criticamos. Nuestro crítico interno, es estricto y siempre está dispuesto a juzgarnos. Y si nos hacemos esto a nosotros mismos, reaccionamos de la misma manera ante los errores de nuestros seres queridos. Reaccionamos con la misma crítica y dureza ante los errores de nuestros hijos y nuestra pareja. Esto siempre está estrechamente interconectado. Es muy importante aprender conscientemente a tratarnos con amabilidad. Y si te das cuenta de que algo salió mal, quizás no te comportaste bien, usted como persona se puede auto regañar. Pocas veces nos decimos “Fui un tonto, un estúpido ¿Cómo puede hacer esto?” Preguntarte ¿Por qué meto la pata tan seguido? ¿Qué puedo hacer ahora para solucionar esto? ¿Cómo debo actuar en tales situaciones en el futuro? ¿Qué me ayudará con esto? ¿Cómo puedo mejorar mi comportamiento en estas situaciones?
La vida, y nuestras malas decisiones nos llevan a fracasos, y en la mayoría de las ocasiones no nos paramos siquiera a reflexionarlas el ¿porque lo hicimos? Mientras no lo hagamos no aprenderemos nunca esa lección para en el futuro corregirlo, y ser menos errático en nuestras decisiones. Imagina o recuerda a una amiga muy amable y cariñosa la cual por una pésima opinión la pierdes para siempre, ella se molesta, tú le ves el gesto en su cara y ella se marcha sin que tú le des importancia a su molestia, pudiendo en ese mismo instante rectificar o pedir disculpas, y que ella quede tranquila tomándolo como un error. Nuestra arrogancia nos impide aceptar que estamos mal, y es ella la que está mal.
Esto se repite constantemente. Solo razonando y reflexionando se puede corregir el error que cometemos, debemos aprender de esa experiencia para ser más amables con uno mismo, ver mis propios errores para poder cambiar la próxima vez. La cuestión que nos afecta sinceramente si nos dedicamos a culpar, prejuzgar, regañarlos, sin buscar resolver el problema “Arrogancia”. La gente suele sentirse culpable por lo que hizo, pensó o sintió, o por lo que no hizo, pensó o sintió. Esta culpa les lleva a regañar a otros porque lo aprendió desde niño que, si hace algo mal, nunca serán sus padres, o el profesor sino el niño por lo que merece ser regañado como castigo. Recuerda tu infancia cuando paseabas y estabas pensando que tu madre te regañaría ¿Por qué no pensabas que te abrazaría, te besaría cuando cometieras un error?
Ella dirá que, te regaña por tu bien, porque está muy preocupada, porque te quiere mucho y no desea que te pasé nada malo. La gente ha llegado al límite al grado en que no solo culpa a todos de lo que sucede, sino que además los regaña. Una vida infantil basada en el sensor de la mala conducta, los regaños, insultos, descalificaciones, sentimientos de culpa, sentimientos negativos, acciones en contra de las otras personas muchas veces sin motivo alguno, hoy es considerado como algo normal. Los adultos viven al borde de la depresión y pierden el sueño necesitando para dormir pastillas que terminan por ingerirlas para el resto de su vida. “¿regañar por nuestros errores a la gente, corrige el malestar?” “¿Reprocharle a todos lo que nos sucede soluciona nuestros problemas?”
Lo correcto es tranquilizarte, reflexionar, y darle una solución adecuada. No se trata de dar elogios, no todas tus acciones deben ser elogiadas, porque no siempre son constructivas. Por ejemplo, regañar a un niño porque se comió todo el pan sin dejarle a sus hermanos, en el fondo no solo existe la necesidad de satisfacer el hambre, sino que se puede enfermar. ¿Cómo dejar de regañar, y echar culpas? De niños, vemos las reacciones de nuestros mayores ante nuestros errores: padres, maestros y otros adultos con autoridad. Si nos castigan, regañan o reprochan por nuestros errores, desarrollamos la creencia de que equivocarse por cualquier cosa es malo, y se merece un castigo. Y debido a la vergüenza o la culpa que sentimos, empezamos a considerarnos estúpidos, inferiores, malos.
Crecemos, pero la voz de la crítica interior permanece, y continúa reprendiéndonos por nuestros errores con las mismas palabras. Todavía nos duele recibir críticas de otros, y para evitar experiencias desagradables, regañamos a otros creyendo que con ello nuestro sentido de culpa desaparecerá o nos dará placer por lo que recibimos siendo niño. Todos cometemos errores, incluso los más ilustres y experimentados. Es la naturaleza humana, y en ese sentido todos somos iguales “Nadie es tonto, nadie es estúpido, solo es el resultado de un error” Por ejemplo, un empleado comete un error, se aclara para que sea más preciso, y le preste mayor atención la próxima vez. Es semejante a cuando una amiga muy querida comete un error ¿Qué le dirías? “¿Eres una tonta, una estúpida”? ¿Qué palabras usarías para apoyarla y consolarla?
Recuerda estas palabras cuando cometas errores, y cuando algo va mal en la vida, el regaño es lo peor que puedes hacer para ayudar a ese alguien para que corrija su error la próxima vez. En la infancia aprendemos a nos saber controlar nuestras emociones, y las vamos paseando conforme crecemos como lo es el miedo, ira, indignación y culpa, y la mente se nubla. Nadie quiere encontrarse en una situación así. Y mucho menos permanecer en ese estado durante mucho tiempo: semanas, meses, años. Todos anhelamos ser feliceses, aclaro que felices no poniendo una sonrisa tonta en el face para que todos se rían y nos den like.
Yo en realidad veo la felicidad en la ausencia de estrés, ansiedad, gritos destemplados, ira, coraje, desplantes, y dolor. Al desearle la felicidad, las personas, ante todo, lo que estoy deseándoles es no preocuparse ni enojarse, no experimentar sufrimiento. La ausencia de estas emociones negativas nos permite pensar con sensatez y tomar decisiones equilibradas sin prisas ni ajetreos. La felicidad no es una sonrisa tonta en tu rostro porque el cielo es azul y brilla el sol. La felicidad es la ausencia de estrés, ansiedad y dolor, no la presencia de alegría y diversión.
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