lunes, 9 de marzo de 2026

 

UN MAESTRO “NO ES UN SANTO”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de le escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

Todo el mundo quiere que el maestro sea un santo, pero mucha gente trata al maestro como un mentiroso. A los maestros de hoy se les pide que estén siempre tranquilos, siempre pacientes, siempre entiendan con amor y tranquilidad al niño, siempre se traguen la ansiedad de los padres, y sus desatentos comentarios. Los profesores escuchan como un psicólogo, entienden el sistema familiar como una trabajadora social, cuidan todo como una niñera, llenan documentos como una asistente administrativa, responden mensajes como servicio al cliente.

Una maedre dice: le hablas demasiado fuerte a mi niño, y si el niño se cayo jugando el profesor es responsable, si el niño discute y pelea, el profesor es responsable, incluso si el maestro le llama la taneicón al niño, el es culpable. Lo que significa que su trabajo es duro, y las acusaciones en su contra surgen en cuanquier momento, pero por si fuera poco los padres se encargan de etiquetarlo frente a su hijo. Un comentario del niño en el hogar puede ocasionar que el profesor sea acusado injustamente, y esto explica en parte la ansiedad que desarrolla un maestro por su vida escolar tan limitada. Esta es parte de la escena educativa en este momento.

 Cuando un maestro detiene a un niño de pelear, puede decirse que es demasiado duro. Exigir a los niños que arreglaran sus tareas, compoertamiento dentro del aula, sus deberes son criticados por ser demasiado estricto, y cuando el maestro llama sus padres para conversar sobre el hijo por lo general ellos responden que estan demasiados ocupados. Los profesores están bajo una presión indefinida pero abrumadora cada día: problemas de los niños, emociones de los padres, demandas administrativas, lupa social, todo apilado sobre sus hombros. Así que cada vez más maestros suspiran en sus corazones por la necesidad de un descanso porque en este sistema actual, solo a los maestros no se les permite tener emociones, no se les permite cometer errores, no se les deja decir “Estoy harto, cansado”.

 Los niños pueden llorar, los padres pueden estar ansiosos, la sociedad puede enojarse, solo los maestros deben ser siempre racionales, siempre en control y siempre soportar.Tristemente cada día contamos con mayor numero de maestros frustrados, ansiosos a los que les llega ese moento mental en que se resiten por las mañanas acudir a la escuela pero lo hacen por su responsabilidad pero no quieren enseñar o no les gustan los niños, pero no quieren ser consumidos por malentendidos, ataques y expectativas incondicionales una y otra vez.

 Si una sociedad quiere que sus hijos sean tratados bien, el primer paso no es monitorear y odiar a los maestros, sino estar dispuestos a respetar a los maestros, apoyarlos, estar al pendiente de su hijo. No necesitamos poner a los maestros en el altar, pero al menos podemos tratarlos como personas normales—un adulto que está cansado, molesto, emocional, pero aún dispuesto a amar a todos los niños.

 A los maestros no se les permite sacar sus emociones, y esto se convierte en norma, cuando los padres siempre están del lado de sus hijos se convierta en un hábito, cuando la queja se utiliza como método diario de comunicación, todo el entorno educativo se desmorona lentamente.

Y el primer resultado del colapso no es que los niños se fortalezcan, sino que los buenos maestros se ven obligados a alejarse de ese niño. Es tiempo en que los padres paren su hostigamiento, y preguntarse ¿cómo se puedo proteger a mi hijo si los maestros no pueden protegerlos?

 Los profesores no necesitan ser vistos como santos, solo necesitan lo más básico. Y sólo cuando la sociedad está dispuesta a entender, la educación es posible volver a lo que es: un lugar donde los niños crecen, los maestros respiran, los padres se sienten a gusto. Los niños necesitan una educación completa, y una educación completa debe comenzar con un maestro completo.

 Normalmente, las puertas de la escuela se abren cada lunes, justo cuando termina un día de descanso (Domingo) Para los profesores, el nuevo reto de cinco dias de la semana acaba de comenzar: enfrentarse a diversas dificultades de los alumnos en clase y, potencialmente, soportar un aluvión de quejas de los padres después del trabajo. ¡Es una prueba implacable de resistencia física y mental! Aunque los padres esperan que sus hijos tengan éxito, ¿tratan a los profesores con menos respeto que antes? ¿A mejorado el trato de los padres para con la maestra de su hijo?

 Antes solo eran las madres con bajos niveles educativos quienes trataban mal a las maestras, y ho en día los padres, generalmente con un alto nivel educativo, ya no tratan a los profesores con la máxima deferencia. En cambio, examinan con lupa su servicio docente al que le prestan atención con una mentalidad consumista. Esperan que la maestra le preste mayor atención a su hijo durante la clase. Si descubre que su hijo ha sufrido un trato injusto por parte de la maestra o de sus compañeros, y ella no responde con prontitud, sumado a la parcialidad del relato del niño, el padre acude a la escuela a criticarla por su supuesto inadecuado comportamiento en la aplicación de la justicia.

 Algunos padres exigen trato especial para su hijo, y critican a la maestra con la conocida frase “Para eso te pagó con mis impuestos” La falta de psicología y pedagogía de los padres nos les permite razonar que este trato especial puede provocar celos o conflictos entre sus compañeros, lo que afecta las relaciones interpersonales del niño. Si un niño se acostumbra a los privilegios, puede desarrollar valores distorsionados y una comprensión distorsionada de la equidad y la justicia. También puede conducir a una dependencia excesiva, lo que dificulta su futura independencia en el aprendizaje y la vida.

Además, la intervención excesiva o la sobreprotección pueden hacer que los niños pierdan la motivación para aprender, reducir la resiliencia, debilitar su capacidad para afrontar los desafíos y los contratiempos, e impedirles aprender a asumir responsabilidades. “La maestra no es niñera, ni es una enciclopedia ambulante” Hay padres que utilizan incluso influencias políticas para intimidar a los maestros para que a su hijo le den un trato especial, y puntos extras en la calificación.

Esto genera frustración tanto a la maestra como todos los niños “Las calificaciones se otorgan conforme a las normas para garantizar los derechos de cada uno” Las calificaciones son un indicador del rendimiento académico, pero no son el único factor que determina el éxito futuro. Muchos padres suelen centrarse en las notas de sus hijos y compararlas con las de otros, descuidando su actitud de aprendizaje, sus amistades y su salud mental y física. Este tipo de educación no solo afecta la motivación de aprendizaje de los niños, sino que también supone un mayor reto para los maestros a la hora de educarlos.

 

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