CAMINO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Manejo
tranquilo a bordo de un coche, bajo una ventanilla y afuera el calor se siente
infernal, reflexiono ¿Cuándo llegara la lluvia? Tal vez se tarde un poco me repelo.
Entretengo los dedos moviendo la radio, no hay nada que hacer sino caminar a
bordo de un coche y los pensamientos, nada más que me entretenga, solo observar
la línea de la carretera, los pensamientos, sucede, las circunstancias, lo
celoso en la forma en que las personas hacen que las cosas acontezcan. Miro a
los lados y vuelta a empezar. Allá entre los arbustos quemados por el sol,
agazapados se medió muestran unos pájaros sin otro sitio al cual acudir para protegerse.
Su vida y la nuestra son muy semejantes solo descansan unos minutos para
continuar sin importar que en ese camino por los aires pierdan su vida o yo, termine
el viaje saliendo ileso. Los accidentes se presentan cuando menos se le espera,
solo basta un segundo y la vida queda.
Si,
pensé; hay que ir menos veloz, tener mayor cuidado para no encajar en el común
de ellos. La mente me lleva a esos miles de muertos alcoholizados quienes
tambaleantes se atrevieron a manejar apostándole a su frase favorita que
borrachos manejan mejor. Lo admito en la juventud fui uno de ellos y al paso de
los años llegué a comprender la magnitud del daño que produce unas cuantas
copas antes de agarrar el volante. - Podrán ver que voy pensando cosas claras
en la rutina de manejar, e ir escuchando música, ya que no hay nada que hacer.
El
camino no es equivocado, quien lo hace en esta forma es uno mismo, cada cual es
capaz en creer a ciegas que el destino nos está esperando y no admitir que
nosotros lo acercamos al tomar la decisión que al final resulta una respuesta. Los
movimientos que se toman al decidir son las manos del destino, lo demás es mera
fantasía. La vida nos arroja en manos de la muerte cuando entra en escena la
imprudencia, ignorancia, estupidez. Nos lleva dando tumbos y va dependiendo del
como enfrentemos situaciones. La conciencia nos conecta con la realidad de tal
forma que sabemos hasta ¿Dónde? se encuentra el hilo que se puede romper sin
embargo cuando no se quiere ver, se toma, se atreve y se consigue el boleto.
La
vida nos llena de frustraciones, arranques molestos, despreciamos, nos surge la
envidia porque amamos lo material y solo vemos en el mismo el error de un
supuesto progreso. Dejamos de amar, sentir, agradecimiento. Los seres que nos
aman y amamos los alejamos porque no encajan en darnos lo que creemos merecer. Nos
gusta ir tropezando, sufriendo, le agarramos amor en hacerlo, pero en el fondo
es un desprecio a la vida, un fin desesperado que nos ganara en la esquina
siguiente apagando la luz gracias a que nosotros la consideramos inútil.
Dar
rienda suelta a los instintos tiene su costo, se lleva dentro del alma, se
reparte en pedazos. Las frustraciones son los charcos que hay que brincar en
época de secas. La envidia es la pared de esa barda que no permite exaltar las
emociones. Tal vez la única oportunidad con la que se cuenta es bajarle a todo
lo que empaña el pensamiento. A los lejos se observan un par de conejos que
marchan entre brincos a merced de que en su camino no aparezca un coyote y se
los coma, solos entre saltos corren.
-
Es la historia que aprendieron con sus padres, no pueden hacer otra cosa, así
las personas corren por las calles exponiendo siempre lo mismo, las molestias
de ayer no cambian, más bien embullen con mayor energía, es como si el día
despertara nuevos bríos por el calor. -Nadie respeta a nadie, todos actuamos en
razón de micrófonos viciados sin el menor respeto a quien escucha. Mentes
enfermas, emociones y placeres descompuestos, es la historia, siempre pensando
que la gente sale a la calle con la esperanza que nosotros tengamos algo nuevo
que contar para que alegre su vida ¿Quién escucha a quién? ¿Hace caso de lo que
se platica?
Aquí, está la radio como ejemplo: El locutor se pierde entre sus motivaciones
engañosas, aprovecha estar al aire para tranquilizar sus negaciones.
El
camino es corto y largo según se viva, los que transitan, unos con buenas
intenciones y los otros enterrando frustraciones, amores fallidos, aventuras
guardadas entre sus escombros mentales incapaces en poder hablar de ellas, esas
son la cicatrices que nadie se atreve a recitar, pero permanecen inolvidables. Poco
podría contestar después de esta reflexión en las que en mis manos puse mi
vida, en los ojos la mirada sobre la línea carretera y la mente la enfoqué a
tantas calamidades necesarias para que nos mantenga en ese camino llamado vida.
Ruge el motor acelerando mi sangre en exigencia para llegar pronto, es el
animal que cada uno llevamos dentro.
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