domingo, 26 de mayo de 2024

 

SAMURAI MEXICANO (CUENTO)

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo humano FESC. Universidad nacional Autónoma de México.

 Señor juez, he venido ante este tribunal sin hacerme acompañar por un abogado, aunque reconozco no ser un experto conocedor de las leyes que hoy me acusan y hacen venir hasta aquí. Conociendo mis derechos y consciente de los acontecimientos que hoy le hacen juzgarme, quiero responder abiertamente a su pregunta de ¿Cómo se declara el acusado?  ¡Me declaro culpable! Sí, así como lo escucha, no pienso defenderme con alegatos que sé nada interesan, ni a usted, señor juez, ni al sistema judicial que usted representa, por lo que me declaro culpable, para ahorrarles el tiempo, ya que sé que su tiempo es dinero, literalmente.

Soy culpable de haberme hartado de ver como se degenera la institucionalidad en mi país. Culpable de sentir indignación cuando veo esos funcionarios vanagloriarse de todos los lujos que poseen gracias a los dineros del pueblo. Soy culpable de no conformarme con ver a mi pueblo ahogado en impuestos y sumido en una miseria absoluta, mientras los de arriba se preocupan por decidir en qué país europeo sus hijos pasarán sus vacaciones.

Señor juez, sí, yo soy culpable de haberle gritado y tirarle tomates a ese diputado, que tanto me juró que representaría a su pueblo tan pronto consiguiera su cargo. Lo agarré y lo obligué a ver cómo viven los ciudadanos de a pie.

Lo obligué a mirar las afectadas infraestructuras de muchas escuelas públicas y a escuchar mi queja acerca de que la educación pública no solo debería ser la mejor, sino, la única, pues las instituciones educativas privadas, son un verdadero robo, con sus altos precios y sus tácticas abusivas de cobrar unas cuotas mensuales enormes, y cobrar inscripciones, que no solo son más del doble de caras que las cuotas mensuales, sino, que cada año escolar, hay que volver a inscribir a los niños, aunque sigan en el mismo colegio.

El se defendía diciendo que la educación privada es uno opción, para los que no quieran que sus hijos estudien en escuelas públicas. Pero seamos honestos, con un sistema educativo tan marginado y deteriorado, con infraestructuras, en algunos casos carentes de todo, la educación privada, más que una opción, es una necesidad para muchos padres que quieren que sus hijos se eduquen lo mejor posible.

En este respecto, le propongo que apoye un proyecto de ley que obligue a que todos los funcionarios del gobierno, solo puedan inscribir a sus hijos en escuelas públicas. De esta forma, se preocuparán porque el sistema educativo funcione a las mil maravillas. Soy culpable porque a fuerzas lo lleve a que viera los hospitales públicos donde se mueren pacientes por falta de recursos, aparte de que cuando hay recursos, el paciente tiene que pagar por ellos. Sé que lo que vio debió deprimirlo, aunque parezca ser una persona sin sentimientos, se que en el fondo algo de humanidad le ha de quedar, pues la corrupción que carcomió su ideología, no pudo haber arrasado con todo.

Me declaro culpable de no confiar en su sistema de justicia, el cual obedece ciegamente a un gobernante, y por tanto, a la oligarquía que lo sostiene.  Aunque honestamente, al diputado solo lo retuve y lo obligué a ver el panorama del país que él debería estar representando, él optó por hacer caso omiso de mis quejas y prefirió enjuiciarme. Usted y yo sabemos que la acusación de secuestro no procedía, pues en ningún momento utilicé arma alguna, simplemente lo acosé con algunas fotos y mis directos comentarios y quejas sobre las calamidades que el pueblo padece. Pero su sistema de justicia favorece al más poderoso, por eso, ese diputado que tanto se ha enriquecido a costa de nuestros sufrimientos, hoy ante la sociedad es la víctima, mientras que yo, señor juez, me declaro culpable de un secuestro que nunca ocurrió, pero que usted asumirá porque así le ordenaron.

Me declaro culpable, pues no pienso doblegar mi voluntad ante un estado que ha degenerado todo aquello que lo erigía. Que no representa en nada la voluntad de su pueblo. Que solo utiliza al pueblo cuando necesita su voto. No, señor juez, no me van a doblegar. Prefiero que me encierren en prisión antes que humillarme frente a esta justicia tan injusta. La corrompida balanza que siempre se inclina hacia el lado que tiene más dinero, dictará su sentencia, mas no obrará de forma justa. Me siento sin honor, sin la dignidad de representar la casta guerrera de un mexicano.

Siento que he traicionado los principios y el código de honor que me fueron heredados y los que juré defender a costa de mi vida. Hoy no quiero seguir viviendo en la deshonra. Hoy he recurrido al Harakiri. He tomado mi espada y me he desentrañado, con eso espero limpiar mi honor y revalidar los valores de mi casta. Ahora puedo ir a cualquier lugar, no me detiene ningún obstáculo. Siento que soy aire y puedo volar literalmente donde desee. Me traslado hasta donde se encuentran aquellos por quienes di mi vida. ¿Qué les ocurre? Todos están en la misma situación que antes.

Nadie ha cambiado, siguen indiferentes al mundo. Siento consternación por el hecho de que no valoraron mi sacrificio. Entiendo que todos se han vuelto egoístas y solo piensan en ellos mismos. Ese egoísmo los ha hecho actuar individualmente. Qué pena, olvidaron que la fuerza está en la unión, por eso no logran sus objetivos, el hecho de que cada uno lo intente por sí solo, les evita conseguirlo.

Ahora me siento mejor de haber ejecutado el harakiri, pues si no era por mi propio honor, lo habría hecho para no vivir la vergüenza de que mi casta perdiera de repente sus principios y se dejara seducir por las promesas de riquezas individuales, olvidando a sus hermanos, olvidando lo que juraron defender y finalmente, olvidándose de quienes son en realidad.

Solo quisiera poder volver y hacerles ver a mis hermanos lo equivocados que están al preocuparse solo por ellos mismos y olvidar a sus hermanos. Nada es un logro si carece de valor, si no tiene un significado apreciable más allá de nuestro propio aprecio. Es hora de irme, de seguir mi camino hacia mis ancestros, donde esperaré pacientemente al resto de los míos. Solo entonces sabré si han cambiado de parecer, si aprendieron a preocuparse por los demás, si aprendieron a unirse para ver qué unidos es la forma más fácil de lograr los objetivos y que de esa manera, los objetivos se disfrutan mucho más. Hasta entonces, me limitaré a esperar, esperar, o quizá despertar.

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