viernes, 24 de mayo de 2024

 

SINDROME DEL SALON DE CLASE CERRADO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo humano FESC. Universidad nacional Autónoma de México.

 

En la actualidad, un gran porcentaje de tiempo transcurre en ambientes cerrados, como son los salones de clase los cuales por estar cerrados contaminan en mayor o menor medida. Cada día adquiere mayor importancia los efectos provocados para la salud la mala calidad del aire que respiran los niños dentro de las aulas. A partir de la década de los 80 estos efectos se han incrementado ante la aparición de nuevos edificios modernos con un diseño y una construcción hermética en los que hacen aparición de forma masiva los sistemas de aire acondicionado y en los que la recirculación del aire es muy importante con objeto de asegurar un ahorro de energía.

 La Organización Mundial de la Salud (OMS), lo ha definido como Síndrome del Edificio Enfermo (Silk Buildings Syndrome, a un conjunto de molestias y enfermedades originadas por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen humano, los olores de los marcadores y los bio aerosoles con los que se limpian, sin olvidar el cloro y desinfectante de los pisos, entre otros agentes causales identificados.

El tipo de dolencias que producen estas situaciones es variado: jaquecas, náuseas, mareos, resfriados persistentes, irritaciones de las vías respiratorias, piel y ojos, etc. Entre estas dolencias las alergias ocupan un papel importante. En donde mayormente se presenta esta situación es en edificios nuevos o de reciente remodelación y son los edificios permanentemente enfermos haciendo que los síntomas persistan, a menudo durante años, a pesar de haberse tomado medidas para solucionar los problemas.  Esta situación origina una sensación de intranquilidad y encierro.

Cuando esta sintomatología afecta a más del 20% de los niños, es cuando hace su aparición la pérdida del rendimiento escolar que supera el 25%, lo cual conlleva a la pérdida del 10% de asistencia a clases. Es frecuente que la sintomatología se presente con variaciones según la época del año, dependiendo en muchas ocasiones de la temperatura, humedad, grado de funcionamiento de los sistemas de refrigeración, calefacción, etc.

Toda esta sintomatología tiene una cronología muy concreta, aparece cuando se comienza a trabajar en la mañana y se va incrementando a medida que la jornada escolar se alarga, y el sol es inclemente o los niños llegan del recreo sudados.

Los contaminantes pueden ser materiales químicos, bacterias, hongos, el polen y el polvo todos pueden contribuir al problema, al igual que factores que no tienen que ver con la calidad del aire, tales como la temperatura, la humedad, la iluminación, el ruido, el estrés personal y el relacionado con el trabajo y condiciones de salud preexistentes, el mantenimiento deficiente de los sistemas de aire acondicionado, ventilación; los materiales de limpieza; los pesticidas; los materiales de construcción; los muebles; los desechos metabólicos de los ocupantes (respiración y transpiración).

Las superficies polvorientas, el agua acumulada y medio podrida en aljibes que nunca se limpian y los materiales húmedos ofrecen un entorno ideal para el crecimiento de bacterias. Cuando esporas de moho y otras partículas microbianas son llevadas por el aire, algunos ocupantes del salón de clases pueden sufrir reacciones alérgicas. Una infección potencial pero sumamente rara es aquella causada por la bacteria Legionella.

 La mala calidad del aire interior ocurre cuando la ventilación no es lo suficientemente adecuada como para mantener las concentraciones de contaminantes a niveles que no produzcan problemas de salud a los ocupantes. La comodidad también da problemas cuando los salones de clase no son diseñados para que puedan ventilar el aire.

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