SINDROME DEL SALON DE
CLASE CERRADO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo humano FESC. Universidad nacional Autónoma de México.
En la actualidad, un gran
porcentaje de tiempo transcurre en ambientes cerrados, como son los salones de
clase los cuales por estar cerrados contaminan en mayor o menor medida. Cada
día adquiere mayor importancia los efectos provocados para la salud la mala
calidad del aire que respiran los niños dentro de las aulas. A partir de la
década de los 80 estos efectos se han incrementado ante la aparición de nuevos
edificios modernos con un diseño y una construcción hermética en los que hacen
aparición de forma masiva los sistemas de aire acondicionado y en los que la
recirculación del aire es muy importante con objeto de asegurar un ahorro de
energía.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), lo
ha definido como Síndrome del Edificio Enfermo (Silk Buildings Syndrome, a un
conjunto de molestias y enfermedades originadas por la mala ventilación, la
descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las
partículas en suspensión, los gases y vapores de origen humano, los olores de
los marcadores y los bio aerosoles con los que se limpian, sin olvidar el cloro
y desinfectante de los pisos, entre otros agentes causales identificados.
El tipo de dolencias que
producen estas situaciones es variado: jaquecas, náuseas, mareos, resfriados
persistentes, irritaciones de las vías respiratorias, piel y ojos, etc. Entre
estas dolencias las alergias ocupan un papel importante. En donde mayormente se
presenta esta situación es en edificios nuevos o de reciente remodelación y son
los edificios permanentemente enfermos haciendo que los síntomas persistan, a
menudo durante años, a pesar de haberse tomado medidas para solucionar los
problemas. Esta situación origina una
sensación de intranquilidad y encierro.
Cuando esta
sintomatología afecta a más del 20% de los niños, es cuando hace su aparición
la pérdida del rendimiento escolar que supera el 25%, lo cual conlleva a la
pérdida del 10% de asistencia a clases. Es frecuente que la sintomatología se
presente con variaciones según la época del año, dependiendo en muchas
ocasiones de la temperatura, humedad, grado de funcionamiento de los sistemas
de refrigeración, calefacción, etc.
Toda esta sintomatología
tiene una cronología muy concreta, aparece cuando se comienza a trabajar en la
mañana y se va incrementando a medida que la jornada escolar se alarga, y el
sol es inclemente o los niños llegan del recreo sudados.
Los contaminantes pueden
ser materiales químicos, bacterias, hongos, el polen y el polvo todos pueden
contribuir al problema, al igual que factores que no tienen que ver con la
calidad del aire, tales como la temperatura, la humedad, la iluminación, el
ruido, el estrés personal y el relacionado con el trabajo y condiciones de
salud preexistentes, el mantenimiento deficiente de los sistemas de aire acondicionado,
ventilación; los materiales de limpieza; los pesticidas; los materiales de
construcción; los muebles; los desechos metabólicos de los ocupantes
(respiración y transpiración).
Las superficies
polvorientas, el agua acumulada y medio podrida en aljibes que nunca se limpian
y los materiales húmedos ofrecen un entorno ideal para el crecimiento de
bacterias. Cuando esporas de moho y otras partículas microbianas son llevadas
por el aire, algunos ocupantes del salón de clases pueden sufrir reacciones alérgicas.
Una infección potencial pero sumamente rara es aquella causada por la bacteria
Legionella.
La mala calidad del aire interior ocurre
cuando la ventilación no es lo suficientemente adecuada como para mantener las
concentraciones de contaminantes a niveles que no produzcan problemas de salud
a los ocupantes. La comodidad también da problemas cuando los salones de clase
no son diseñados para que puedan ventilar el aire.
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