domingo, 5 de enero de 2025

 

AMIGOS DE LA ESCUELA PRIMARIA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director “Escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano”

 Los años escolares son un momento maravilloso en el que cada día trae alegrías y tristezas, abre nuevas oportunidades y nos plantea desafíos inesperados. Cada descanso, cada lección esconde su pequeña historia, compuesta de momentos alegres y tristes.

 Durante el recreo, el patio de mi escuela primaria se llenaba de vida. Todos los niños corríamos, gritábamos, intercambiábamos secretos, parecía que el mundo giraba a nuestro ritmo. Nos enojábamos y peleábamos y al instante ya estábamos de nuevo jugando con quien agredimos o él nos agredió “Las penas y las tristezas suelen pasar tan rápido como llegan” Este sentimiento de orgullo por uno mismo, por nuestros esfuerzos, no se puede comparar con nada.

 Y, sin embargo, a pesar de las alegrías y las tristezas, es importante recordar que los años escolares son una época de camino difícil pero importante. En este camino aprendemos a ser fuertes, a superar las dificultades y a encontrar alegría incluso en los éxitos más pequeños. Estas lecciones y experiencias se vuelven parte de nosotros, moldean nuestro carácter y nos ayudan a comprendernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Las alegrías y las tristezas escolares son una experiencia invaluable que permanece con nosotros para siempre.

 Cuando recuerdas tus años escolares, lo primero que te viene a la mente es la imagen de amigos con los que pasaste los mejores días de tu niñez. Fue un período especial, lleno de momentos inolvidables, eventos y aventuras que permanecen con nosotros para siempre. Todas las mañanas nos reuníamos cerca de la puerta de la escuela, reíamos y compartíamos noticias. Un sentimiento especial nos acompañó cuando entramos al aula, ocupamos nuestros lugares habituales y esperamos el inicio de clases. Cada uno de nosotros era único, pero fue en esa diferencia que nació nuestra fuerte amistad.

 Era una época de alegres descansos, cuando los pasillos se llenaban de bullicio, risas y carreras. Era a la hora del recreo cuando discutíamos los detalles más insignificantes, nos olvidábamos de todo en el mundo. Los partidos de fútbol en el patio de la escuela, las competiciones en el patio de casa, ir juntos a vagar por las calles, o simplemente sentarse en la plazuela, todo esto creó una extraordinaria cantidad de recuerdos.

 Cada una de ellas fue nuestra pequeña aventura. Durante la secundaria, las lecciones de matemáticas, compartíamos cuadernos y nos ayudábamos mutuamente con problemas difíciles. En las lecciones de literatura discutíamos sobre el significado de cada poema, y ​​en la historia, muy juntos, se sumergían en la descripción de grandes batallas. Fueron momentos en los que, enseñándonos y ayudándonos unos a otros, aprendimos no sólo nuevos conocimientos, sino también amistad, asistencia y apoyo mutuos.

 También hubo algunas rarezas. Hubo momentos en los que nos saltábamos clases juntos, nos escondíamos en secreto de las prefectas en los baños, o nos olvidábamos de hacer la tarea y para no ser exhibidos en la clase preferíamos escondernos la hora de esa clase. Hace poco vi la foto de todos mis compañeros en tercero de secundaria, y muestra nuestros rostros con las más amplias sonrisas, brillando de felicidad y despreocupación.

 Algunos de los amigos se hicieron para toda la vida. Después de graduarnos, tomamos caminos separados, pero nos mantuvimos en contacto llamándonos por teléfono o asistiendo a reuniones. Algunos se mudaron a otra ciudad, algunos se dedicaron a una profesión, otros formaron una familia, pero los cálidos recuerdos de los días escolares y nuestras amistosas reuniones nos alegran el corazón. Particularmente preciosos fueron los momentos en los que juntos pasamos dificultades, nos ayudamos mutuamente en la escuela y en asuntos personales. Crecimos y cambiamos juntos, nos regocijamos y lloramos juntos. Estas conexiones, basadas en la sinceridad y la confianza, son duraderas.

 A veces, me gusta volver a esos días brillantes. El tiempo vuela, pero la conexión que nació entre los pupitres y los libros de texto permanece para siempre. Todos nosotros, antiguos amigos de primaria, secundaria, a pesar de las distancias y los años, seguimos siendo parte unos de otros. Nuestros caminos pueden divergir en diferentes direcciones, pero la amistad escolar siempre nos unirá, como un recuerdo cálido y despreocupado del mejor momento de nuestras vidas. Los días escolares son maravillosos.

 Cada llamada matutina es como un despertador que nos lleva a un mundo de despreocupación y posibilidades ilimitadas. El crujido de los viejos escritorios de madera, donde nos sentábamos dos niños, los susurros de los compañeros y la mirada severa del profesor: todo esto creaba una atmósfera particularmente cálida que con el tiempo pasa a formar parte de nuestra memoria. Cada lección fue como un viaje al mundo de las palabras y expresiones, la historia - a través de siglos y acontecimientos, e incluso la educación física nos recordaron la necesidad de seguir adelante. superando obstáculos.

 Los descansos entre clases se convirtieron en auténticas pequeñas vacaciones, y las aprovechábamos para correr por los pasillos, jugamos al escondite, compartimos los últimos chismes e hicimos planes para el futuro. Durante mis años escolares hubo lugar para las primeras amistades, y para el primer amor platónico, y para esos momentos en los que aprendimos a ser mejores ¿Quién podría olvidar, el día de las madres y el festival en la escuela primaria?

  ¿Quién podría olvidar cuando el profesor nos sacaba para limpiar de maleza el patio de la escuela? Trabajamos juntos, reímos y estábamos orgullosos de los resultados de nuestro trabajo. Y las vacaciones de verano eran una época de total relajación, en la que podías tomarte un descanso y andar vagando sin obligación alguna, hacer tus cosas favoritas y coger fuerzas antes del nuevo curso escolar.

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