EL ARTE DE SER JEFE O EMPLEADO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano- FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Independientemente de lo que
digan, usted y yo sabemos que, de hecho, toda la humanidad está dividida en dos
grupos desiguales: jefes y subordinados. Y si todos conocen la posición poco
envidiable de los subordinados, entonces, ¿quién puede decir sobre la difícil
situación de los “Jefes” La palabra "jefe" de alguna manera huele
fuertemente a "privilegio" pero lo que no saben, es que la gran
mayoría de los subordinados sienten lastima por ellos y mencionan con desprecio
que se les subió a la cabeza el puesto, siendo un simple gato ¿Alguna vez has
pensado que si una persona no obedece a nadie y nadie le da instrucciones,
entonces cómo se decide qué hacer en un trabajo?
Imagina una persona que es
jefe de sí misma, él se ordena, y lleva a cabo sus decisiones. Es al mismo
tiempo jefe y subordinado, todo en el mismo cuero. Y si antes, cuando cualquier
jefe formaba parte de la pirámide jerárquica y de una forma u otra dependía de
sus compañeros superiores, y estaba obligado a coordinar sus decisiones con
ellos, el grado de su libertad personal, curiosamente, era aún mayor, y
presumía en ser capaz de quitarle el empleo a un subordinado por su simple
gusto. Las empresas comenzaron a estudia la jerarquía ante tanto fracaso y
nombro o apareció un líder con todos sus lados buenos y malos.
- Vivimos tiempos muy
interesantes, en los que existen (y coexisten) diferentes mecanismos, métodos y
estilos de liderazgo. Los directores de empresas antes poderosas, pero ahora
moribundas alquilan espacio de producción a jóvenes empresas privadas con la
esperanza de arreglar las cosas a su costa, y así surge una simbiosis entre lo
viejo y lo nuevo, una especie de unidad y lucha de opuestos. En general, la
vida, como dicen, es posible. Y en este contexto escogido surge un tipo de
líder que no quiere vivir su tiempo, sino disfrutar de la vida en su aspecto
material. Para algunos, el objetivo es obtener superbeneficios (en nuestro
país, el dinero todavía no equivale a educación, habilidades, etc.), para
otros, es desarrollar su potencial.
La teoría de la gestión ha
identificado durante mucho tiempo los principales estilos de gestión:
autoritario, liberal, democrático, permisivo. Estos estilos dependen de la
motivación principal del líder, su enfoque: en la producción, en las relaciones
humanas, en ambos o en ninguno. ¿Qué estilo de comportamiento se adapta mejor a
las necesidades de la época y si es adecuado para un nuevo tipo de líder
moderno?
Por extraño que parezca, no
hay una respuesta definitiva. Probablemente, el líder debería ser lo
suficientemente flexible y tener el máximo número de opciones en su arsenal
conductual. Se sabe, por ejemplo, que un estilo de liderazgo autoritario se
justifica en la etapa inicial del desarrollo de una organización, cuando las
relaciones con los subordinados aún no se han establecido, cuando el negocio
recién comienza, cuando aún no hay un equipo. Y el mismo estilo autoritario es
apropiado cuando la producción está muy organizada y no hay necesidad de discutir
algo colectivamente. Todo esto se puede leer en cualquier libro de texto de
gestión gerencial. Es mucho más importante entender qué es realmente: un líder.
¿Qué imaginan en su mente las
personas obsesionadas con el deseo de llegar a la cima? Unos anhelan más
dinero, otros aseguran que no mucho, contar con una oficina grande, un poco más
de responsabilidad. Pero al mismo tiempo, se trata de una persona que no tiene:
la capacidad de cuidar sólo de uno mismo, ni quiere pagar horas extras, solo
piensa en regresar a su casa candado de tantas horas de abajo. Para un
verdadero líder, lo que le deleita es disfrutar en la empresa su poder.
Comprende que al salir de ella pierde ese poder. Exige a los trabajadores que
se mejoren, les va quitando su libertad personal, y si el trabajador no acata
sus órdenes lo sustituye de inmediato. ¿Por qué un líder no es eficaz? Por su
miedo a perder el poder, perder el control de la situación; perder riqueza y
(o) salud; demostrar ser insolvente ante el dueño de la empresa. Su falta de
personas con ideas afines (esto crea una atmósfera de desconfianza en la
empresa) problemas de carácter personal, cuando las relaciones en la familia se
retraen”
Hay lideres tiranos y
dominadores. Los hay que se cuecen en su propio jugo (esto crea un caos
interno: falta de contacto con colegas, socios) Los hay intolerantes, los que
exigen todo a prisa, los que tienen baja auto estima, y siempre están hablando
de que los trabajadores no piensan y necesitan mayor capacitación. Hay que no
acepa la opinión de otros, el pesimista, el carismático. El de alta auto
estima, de la buena palabra en sus discursos y malo en su acción, al que nadie
le tiene confianza. El que le gusta estar entorpeciendo el trabajo, el que
siempre habla negativamente de todas las personas.
El optimista, el que anda
siempre oyendo lo que platican los empleados, el que se preocupa por la
felicidad de los empleados y la suya propia. El ambicioso. - La existencia de
un jefe implica la presencia de subordinados, que son mucho más numerosos que
los directivos. Las personas sufren porque no son valoradas, no escuchadas, no
consideradas, ignoradas, mal pagadas, obligadas a hacer horas extras,
molestadas en casa, menos valoradas que otros empleados, están a punto de ser
despedido, etc. Un subordinado que se muestra indiferente hacia su jefe es un
fenómeno poco común. La mayoría de las veces, los subordinados están
ligeramente preocupados por su líder; están, por así decirlo,
"subordinadamente preocupados".
Tomar conciencia, vivir y darse
cuenta de la actitud contradictoria hacia el jefe requiere mucho esfuerzo y
tiempo por parte del subordinado. La vida bajo liderazgo puede volverse más
tranquila e incluso alegre si se tienen en cuenta algunas características de
las relaciones humanas y se siguen algunos consejos. También es importante
decidir qué tan valiosos son para usted su lugar de trabajo y su
tranquilidad. - Los deseos de los
subordinados dependen del tipo de empleador. Hay deseos para los subordinados
que son apropiados en cualquier organización. Por ejemplo, cumplimiento claro de
su rol. El respeto a la subordinación implica también tacto y ausencia de
tendencias competitivas. Un buen subordinado, aunque se sienta más inteligente
que su jefe, hará todo lo posible para demostrar su seguridad.
Preferiría ser un asistente
que un competidor que acecha. – Tolerancia: No olvides que el jefe es una
persona. Su estado de ánimo y su salud pueden cambiar. También es recomendable
recordar que bajo ningún concepto se debe buscar justicia en el trabajo.
Renuncia a toda esperanza. Puedes buscarlo en silencio, pero no aquí. Recuerda
que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. El poder siempre es un
poco misterioso. "Es mejor la injusticia que el desorden." Por
cierto, a menudo sucede que primero buscas justicia y luego otro lugar de
trabajo. Y no hay por qué entristecerse por esto, ya que la justicia es siempre
relativa y subjetiva. Simplemente cálmate y acepta a tu jefe tal como es. Por
supuesto, puedes aconsejarle algo, pero sólo después de que te lo pregunte.
– La disciplina, comienza
con la capacidad de llegar a tiempo al trabajo. 10-15 minutos antes del inicio
de la jornada laboral, y no 10-15 minutos después. Esta capacidad tranquiliza
enormemente a los directivos. En cuanto a la iniciativa, debe ser apropiada y
oportuna. Cada empleado debe contribuir a la solución del problema de
producción. “Si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema”
A algunos jefes les gusta que los subordinados sean abiertos y sinceros,
incluso sino están de acuerdo en algo. Los desacuerdos ocultos crean tensión y
estropean la atmósfera general del equipo. Un empleado que siempre está de
acuerdo con el jefe no es bueno para la empresa. Un sabio chino dijo que
"un eco responde a cualquier cosa, pero una sombra no crea nada” Los
mismos chinos dicen que la devoción ciega no está lejos de la traición. Así que
no tengas miedo de tener tu propia opinión e incluso expresarla en ocasiones.
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