lunes, 13 de enero de 2025

 

LOS PECADORES, SERAN ENVIADOS AL INFIERNO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 El mal moral nos hace cuestionar constantemente el valor de las personas y el mundo en donde vivimos con tanto desastre y crueldad, ¿realmente estamos en un buen lugar? Pero ¿porque solo lo cuestionamos en su valor moral? – Por la desesperación, y la sensación que no estamos seguros, y que esta forma de vivir no tiene sentido, no es vida. Algunas personas incluso lo atribuyen al final de la vida como la conocemos, y desde esta perspectiva unos más expresan que sería bueno que de una vez y por todas acabaran con la humanidad para que deje vivir a los otros seres vivos. Pero el vivir como lo sentimos sin etiquetarlo ¿Es bueno, o malo?

 ¿Seriamos capaces los humanos en reconciliarnos? Friedrich Nietzsche y San Agustín escribieron sus teorías sobre el como la sensibilidad hacia lo bello (y lo terrible) ayuda a encontrar significado en todas las manifestaciones de la vida, sin embargo, lo que escribieron quedo para ellos, y unos cuantos lectores que se preocupaban por la vida, la familia, amigos, comunidades, etc. Los humanos actuales dedicamos las neuronas y atención a las situaciones políticas, los asesinatos, robos, violaciones y para ello desde el momento en que despertamos por la mañana revisamos periódicamente las noticias sobre las últimas tragedias, y antes de dormir regresamos a esa revisión.

 Diario encontramos noticias sobre lo que sucede que nos afectan, y nos llevan a la desesperación. Por ejemplo, la noticia más impactante de la mañana es que violaron y mataron a una niña, o se agarraron a balazos y murieron infantes o que se metieron a una casa y la autoridad cuando fue a levantar su carpeta de investigación encontró hasta el gato con el tiro de gracia en su cabeza. ¿Por qué es tan terrible, el humano con el que nos tocó convivir? Es la pregunta que no encuentra respuesta y eso nos mete en la desesperación, el miedo a salir a la calle. Ya no importa a que distancia nos encontremos del hecho, o si realmente estamos acerca de este tipo de amenaza “Esto nos importa, esto nos pesa en la mente”.

 Cualquiera podría preguntarse ¿Qué valor real tiene en este momento nuestra vida? ¿Estamos viviendo en el lugar correcto, o lo mejor es recoger lo que podamos y marcharnos? Esto también está estrechamente relacionado con la cuestión de cuál es el sentido de todo esto. ¿Deberíamos preocuparnos por esto, o dejar que el agua sucia siga corriendo para que se limpie el rio de sangre? Quizás deberíamos mirar la vida sin juzgar y encontrar valor sólo en nuestras propias vidas o en las vidas de nuestros seres queridos. Después de todo, muchos podrían decir que el valor en sí es lo que creamos. Sin embargo, no pregunto si el valor depende únicamente de nosotros o no.

 Pregunto ¿Qué valoramos o deberíamos valorar? Incluso si pensamos que el valor es algo que hacemos, o que en algún sentido está relacionado con el placer que los seres humanos desean satisfacer, y el instinto les gana su partida a los controles de su psique. Podemos preguntarnos ¿Hacia qué debería dirigirse esa actividad valorativa o de qué podríamos obtener placer? Alguien dirá: “Es desafortunado lo que nos sucede, pero no hay remedio y hay que sobrevivir en ello” Pero por supuesto que esta sentencia nos afecta a todos, sobre todo aquellos que valoramos la vida, la familia, los amigos, etc. Esta afirmación a mi entender me parece extremadamente estrecha de miras.

 Sospecho que hay muy pocas personas que estarían completamente satisfechas si ellos y sus seres queridos estuvieran a salvo mientras el resto del mundo está siendo masacrado. La vida como hoy la percibimos con tantas situaciones conflictivas es que la gran mayoría de las personas preferimos cerrar la boca, encerrarnos en casa y creer que esta situación pasara pronto. Creemos que somos parte de este mundo al que llamamos los buenos, y los otros los malos, pero al final con nuestra actitud contribuimos con esos malos para ellos hagan más sanguinario su trabajo, y cada vez nuestra vida y libertad se va limitando, y encerrando entre cuatro paredes disminuyendo el valor de nuestra vida, y el tiempo del que disponemos para vivirla. Y si nuestras propias vidas no van bien, poder recurrir al valor de la paz de dejar hacer, dejar pasar, puede ser un importante amortiguador contra la desesperación, recurriendo a la justificación.

 Una sociedad que se ha sintonizado con la percepción, y el miedo, y que abarca lo bueno, lo malo, lo sublime de su oración a los santos, lo dramático de sus expresiones sobre lo que sucede, lo cómico de la forma en creer que se resuelve, y muchos otros conceptos. Existe el cliché muy trillado de que los padres son los únicos culpables por descuidar los valores en su hogar. ¿Creen acaso que a esto se debe todo?, y ¿El valor de bienestar, el estatus social, personal, su esfera personal, sus límites, y con todos los que están conectados? No somos capaces de explicar lo que nos seduce como seres humanos gracias a la ignorancia colectiva que nos limita, y desarrollamos una frágil personalidad con la caminamos por esos caminos estrechos conocidos como sentimientos, insatisfacciones, lo que es realmente significativo en nuestra vida.

 La realidad, es que las personas no somos tan buenas como aparentamos, y nuestra tendencia en los próximos años es empeorar por lo que el valor moral caerá en su equilibrio al cuadrante negativo en las interacciones de los humanos. Conforme justificamos lo malo de la sociedad, el valor moral se va desgastando, y la nueva generación termina por valorarlo como el camino correcto, por lo que ahora se valora como mezquino mañana se aprecia en la característica humana deseada alcanzar. Lo bello de la vida siempre está al alcance de nuestras manos, por ejemplo, al salir a la calle, observe lo bello que resplandece el pasto verde en un jardín, los pájaros cantando en los árboles, los perros ladrando molestos, el gato buscando comida en la basura de la esquina.

 Ahí, esta todo, solo es cuestión de absorberlo todo, confiar en los otros seres vivos (Podrían pensar que es una reflexión personal de tipo espiritual, y que es mero vacío existencial insostenible en esta situación) Bueno, desde este camino, diré en mi defensa   lo que sucede, ¿está en los planes de Dios? ¿Si, los sentimientos en los humanos se van perdiendo, es plan de Dios? ¿El mundo común, es tanto para los que son buenos y los malos, por lo que es parte de ese plan del que se nos habla San Agustín, con respeto al libro del Genesis? Y al final el mundo se purificará para reiniciar los tiempos armoniosamente. Pero Nietzsche nos alertó con su frase “Dios ha muerto”, y San Agustín supone que todos los pecadores serán enviados al infierno.

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