CUANDO UN NIÑO LLEGA A NUESTRA VIDA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Ex Director de “Escuela
Normal del Pacifico” y ex Director General del “Instituto Pedagógico
Hispanoamericano”
Si
quieres que a tus hijos les vaya bien, pasa el doble de tiempo con ellos y la
mitad en mimarlos con dinero, regalos. Darle tiempo de calidad es lo más
valioso para ellos, es la raíz de su formación. Nunca les impidan decir lo que
piensan, nos los calles, usa la paciencia, él necesita hablar, jugar, reír,
bailar, cantar, aprender en un entorno de felicidad. Escúchalo, trátalo
justamente. Reflexiona lo que hablas con otro adulto cuando ellos estén
presentes, ya que son una esponja que absorben todo.
No
los insultes, no los golpes, no les quites su dignidad. Demuestra con tus
acciones que no eres una persona hipócrita. Ellos olvidan las ofensas, pero les
estas quitando las herramientas para que construyan sus habilidades. Ellos
necesitan orientación, ser guiados con paciencia, amor, buenos tratos, ser
amables con ellos. Ellos aprenden de lo que son sus padres, lo que les enseñan,
recuerda que ellos harán por ti, lo que tu hiciste por tus padres. Que tus ojos
no emitan centellas de odio cuando estés molesto por ese algo que desapruebas
en su comportamiento. Aliméntalos sanamente, ellos no saben distinguir ni
tienen los recursos para decidir lo que consumen.
Si
llora por capricho y le secas ese llanto, con los años ese niño te hará llorar
de impotencia. Recuerda que una casa sin niños que la alegren es lúgubre. Sí,
le das todo para complacerlo, lo estas empujando a su futuro fracaso. No le des
demasiada libertad, ni permitas que se haga arrogante, soberbio. Un niño
ocupado es un niño tranquilo, armonioso. Ocupan ser educados en casa y su
aprendizaje en la escuela. La mayoría de las ocasiones estamos queriendo
cambiar al niño, cuando en realidad lo que deberíamos cambiar esta en nosotros.
Todos los niños necesitan un poco de ayuda, un poco de esperanza y alguien que
crea en ellos.
Nadie
puede hablar mejor de un hijo que sus propios padres, esos son los libros de
los padres que deben colorear. Cada día de su vida es una hoja que debemos
colorear. No les finjas amor, ellos lo detectan, cada frase de amor los
armoniza, béselos cada noche antes de dormir, aunque ya estén dormidos, ellos
sienten esos sentimientos a pesar de estar dormidos. Unos padres con
sentimientos nobles, cosecharan hijos con esa nobleza en sentimientos.
Recuerda
que los padres siembran los árboles para que los nietos disfruten su sombra, y
ello está en cada frase, acción, que hacemos, decimos. Un hijo, es una piedra
en bruto que se nos entrega para convertirla en diamante. El necesita reír, no
sermones, que sus padres le hagan la vida más sencilla, sin empeorársela.
Cuando su hijo se vuelva travieso, no solo es cuestión de más juguetes, sino de
acudir a un parque a jugar con él, para ellos sus padres son sus juguetes
favoritos. Un padre con malos sentimientos echara culpa de que sus padres le
echaron a perder su vida y ahora son sus hijos quienes se la están echando a
perder.
Un hijo, es algo más que nuestra propia vida,
es ese algo que no sabemos lo que significa hasta que lo vemos perdido.
Recuerda que construirlo es poner atención al niño que está hoy frente a ti, y
no el niño que esperas ver en el futuro. Cada niño llega dotado de un talento,
una inteligencia que se debe desarrollar mediante habilidades adquiridas, por
ello como padres deben compartir sus pensamientos. No desesperarse, los niños
gustan en preguntar tanto que muchas de las respuestas no están a nuestro
alcance, por eso se les enseña a pensar, no a darle soluciones prefabricadas o
cliché.
Muéstrele
lo importante que es para usted dándole amor, ellos son su alegría, no los
destruya, ayúdelos a construir su vida “aliméntalo, enséñalo y en su momento déjalo
ir”, si te quiere regresar a verte, solo ten siempre en cuenta el prepararlo
para que sea una persona útil que respete a las personas, no ponga en vergüenza
tu enseñanza y que se abra camino para que sea capaz en enseñar a sus hijos
Los
niños son inocentes, curiosos, optimistas, alegres y, de hecho, felices. No hay
nada más bello a los oídos de unos padres que escuchar sus risas, esa es la
música que más se disfruta. Ellos nos recuerdan los días más feliceses de
nuestra infancia, de los tiempos idos junto a nuestros padres. La vida puede
ser buena para ellos cuando creemos en ellos. Ser viejo y amargado no es motivo
suficiente para agredirlos con mal humor por gritan, lloran, escandalizan con
sus juegos. Recuerda que la alegría y felicidad de un niño es contagiosa.
Respetar a un niño es honrar nuestra vida. El que no tiene hijos no tiene luz
en sus ojos, los niños aman con el corazón, los adultos con la mente y sus
intereses.
Responsabilidad:
Cómo inculcar el sentido de la responsabilidad en tu hijo. Considere primero la
situación. Necesita saber qué se le puede exigir al niño, qué nivel de
responsabilidad corresponde a su edad. El principal elemento referente que toma
el niño es a sus padres, su ejemplo y las condiciones que crean en casa. La
responsabilidad se basa en la educación moral, así que enséñale los valores
humanos, lo que es socialmente aceptable, lo que no lo es, lo que es bueno y lo
que es malo. Establezca reglas familiares claras. Esto le permitirá sentir los
límites del mundo, su confiabilidad y sentar las bases para el concepto de
peligro y seguridad, que es la base de una actitud responsable con su vida y su
salud.
Permita
flexibilidad en las reglas y tradiciones familiares si el niño ya es un
adolescente. En cada edad, son diferentes: pueden ser juguetes, una cama, su
apariencia, mascotas y tareas domésticas de diferentes niveles. La edad de 5 a
7 años es ideal para sentar las bases de un comportamiento responsable, en este
momento se están expandiendo las capacidades motoras e intelectuales del niño,
el alcance de su actividad. Dele la oportunidad de sentir las consecuencias de
no cumplir con sus deberes, aunque sean negativos. Mejora la conciencia del
niño. Demuéstrele que él es personalmente responsable tanto de cada acción como
de la inacción.
Cuando
hable con él, intente predecir juntos las consecuencias de una elección
particular, desarrolle la capacidad de analizar y anticipar el resultado de las
situaciones. Foméntele la independencia en asuntos de interés personal del
niño: pasatiempos, juegos, artículos personales, juguetes. Estimule la
iniciativa, especialmente si dice que el niño pensó antes de realizar el acto,
incluso si no le gustó la decisión o no fue la óptima. Discutirlo y analizarlo,
pero no reprochar, no ofender. Aprenda a confiar y comunicarse con su hijo como
iguales: este es un punto importante para desarrollar un sentido de
responsabilidad.
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