sábado, 11 de enero de 2025

 

LA INDIFERENCIA, ES UNA ENFERMEDAD MORAL

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 El peor crimen que podemos cometer contra las personas no es odiarlas, sino tratarlas con indiferencia. Ésta es la esencia de la inhumanidad. Por favor, nunca digas “no me importa, mientras no me toquen a mi” - “La indiferencia es hermana de la mezquindad” Creó que es la enfermedad moral más terrible, la que más me asusta, es la indiferencia. Veo la como la raíz de toda degradación social, moral y espiritual que la sociedad y un individuo puedan experimentar. La indiferencia se manifiesta en la incapacidad o falta de voluntad para comprender y sentir el sufrimiento de otras personas, en ignorar la injusticia, en rechazar la responsabilidad por el bien común. Convierte los corazones de las personas en máquinas frías e insensibles para las que los problemas de los demás son sólo el trasfondo de su propia existencia.

 Me parece que es la indiferencia la que permite que florezca el mal. Cuando la gente deja de preocuparse por lo que sucede a su alrededor, cuando se alejan de quienes necesitan ayuda, cuando se hacen la vista gorda ante la opresión y la injusticia, entonces la sociedad comienza a decaer. La indiferencia esteriliza el alma, haciéndola incapaz de simpatía y de amor, de la pasión de defender los propios ideales. A nivel personal, creó que la indiferencia también es destructiva. Aleja a la persona de su verdadera naturaleza, que lucha por la unidad, la compasión y la ayuda mutua. La indiferencia es una especie de cápsula mortal en la que nos encerramos y permitimos que nos divida el mundo interior de cada una de las personas, dejándola en un vacío estéril.

 Las personas se vuelven extrañas a sí mismas y pierden el contacto con sus brújulas morales internas, lo que crea un vacío que no puede llenarse con bienes materiales o placeres temporales. La indiferencia juega una broma particularmente cruel a la sociedad. Parece no ser agresiva y no tiene la apariencia obvia de maldad, pero es a través de la indiferencia que el mal puede realizar sus actos oscuros. Nadie protesta, nadie alza la voz, nadie intenta cambiar la realidad circundante. El mal está fuera de la vista y, por tanto, parece que no existe. Pero existe y parasita nuestra desatención e inercia.

 Por eso la indiferencia me asusta más que cualquier otra cosa. Porque no sólo nos incapacita para la acción y la simpatía, sino que también nos quita el alma, corroyendo todo lo brillante y humano que hay en ella. El pueblo mexicano, es un tejido de múltiples capas, tejido a partir de siglos de historia, rica cultura y una serie continua de pruebas. Grandes logros, victorias gloriosas, sufrimientos profundos y un espíritu inquebrantable: todos estos son rasgos integrales del carácter del mexicano. La grandeza de nuestro pueblo se manifiesta allí donde vive y respira el alma.

 Expulsados ​​por los enemigos y superando las crisis, el pueblo siempre volvió a sus raíces, a la tierra que lo alimentó con su sabiduría y su fuerza. Se mantuvieron inflexibles y continúan protegiendo su cultura, su lengua y su fuerza espiritual nativas, gracias a las cuales el pueblo se ha convertido en un símbolo de voluntad y determinación inextinguibles. Cada giro de la historia dejó sus propias cicatrices, pero también fomentó la perseverancia y la paciencia. Una serie de victorias sobre invasores extranjeros, resistencia heroica y sacrificios en beneficio de las generaciones futuras: todo esto está en el centro de la identidad nacional. Cada generación contribuye a la causa común y este legado se transmite con orgullo y respeto.

 Podemos recordar a los grandes escritores, artistas, científicos e ingenieros cuyas obras y descubrimientos cambiaron el orden mundial y convirtieron a México en un participante destacado en la escena mundial. Los logros creativos y científicos son otra confirmación de la singularidad del genio del mexicano. Un lugar especial en la grandeza mexicana lo ocupa el sentimiento de unidad y colectivismo. Las tradiciones de apoyo y asistencia mutua formadas a lo largo de los siglos sirven como una base confiable que ayuda a superar cualquier dificultad. Este sentido de pertenencia y responsabilidad hacia la sociedad y la historia enfatiza la fuerza y ​​la grandeza del pueblo mexicano.

 Un pueblo que, a vivido guerras, revoluciones, masacres, devaluaciones, necesidades, desastres, naturales, pero que al final del día se recobra no pierde su capacidad de revivir y renovarse. Surge de cualquier desastre con nuevas fuerzas y esperanza, llevando consigo las lecciones del pasado y el deseo de un futuro mejor. Y aquí es precisamente donde reside la verdadera grandeza del pueblo: en su capacidad de tener una esperanza y una fe inagotables en un futuro brillante. Hoy, mirando retrospectivamente el camino recorrido, podemos decir con confianza: el pueblo mexicano merece honor y respeto por su historia, por la gran y gloriosa parte que aportó al patrimonio común de la humanidad. La grandeza del pueblo de México, no es sólo el pasado, sino también el hoy y el futuro, lo que hace de México un país único y grande.

 PD: Recuerde que la mezquindad comienza con un deseo animal aparentemente muy pequeño de escapar de la responsabilidad, del peligro, de escapar de los problemas que amenazan a otros; transferir la responsabilidad a otros por algo que sucedió debido a ignorancia, descuido, imprudencia o malentendido. Avergüénzate de la irresponsabilidad, la frivolidad, de tus sentimientos y apegos. En los sentimientos hay que saber ser fiel y obligado. Avergüénzate de tu ignorancia. Que el sentimiento de vergüenza por algo primitivo e imperfecto en ti siempre proteja tu decencia.

 “Nunca digas “No me importa”. No es necesario que intentes hacer publicidad de tu indiferencia. Esto no es un indicador de su independencia. ¿Cómo te sientes cuando te dicen “no me importa”? Se vuelve vacío y frío por dentro. Te estremeces y protestas. La mayoría de las veces para ti mismo... Después de todo, el interlocutor... “no le importa” Sólo dos palabras, pero cuán profundamente penetran en el alma, se clavan en el corazón como una astilla y se pudren, a veces recordando de ellos mismos. Una persona no puede vivir sin la confianza de que alguien la necesita, de que es amada. Se marchita, se preocupa, se encierra en sí mismo, muere.

 

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