LA INDIFERENCIA, ES
UNA ENFERMEDAD MORAL
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El peor crimen que podemos cometer contra las personas no es
odiarlas, sino tratarlas con indiferencia. Ésta es la esencia de la
inhumanidad. Por favor, nunca digas “no me importa, mientras no me toquen a mi”
- “La indiferencia es hermana de la mezquindad” Creó que es la enfermedad moral
más terrible, la que más me asusta, es la indiferencia. Veo la como la raíz de
toda degradación social, moral y espiritual que la sociedad y un individuo
puedan experimentar. La indiferencia se manifiesta en la incapacidad o falta de
voluntad para comprender y sentir el sufrimiento de otras personas, en ignorar
la injusticia, en rechazar la responsabilidad por el bien común. Convierte los
corazones de las personas en máquinas frías e insensibles para las que los
problemas de los demás son sólo el trasfondo de su propia existencia.
Me parece que es la indiferencia la que permite que florezca
el mal. Cuando la gente deja de preocuparse por lo que sucede a su alrededor,
cuando se alejan de quienes necesitan ayuda, cuando se hacen la vista gorda
ante la opresión y la injusticia, entonces la sociedad comienza a decaer. La
indiferencia esteriliza el alma, haciéndola incapaz de simpatía y de amor, de
la pasión de defender los propios ideales. A nivel personal, creó que la
indiferencia también es destructiva. Aleja a la persona de su verdadera
naturaleza, que lucha por la unidad, la compasión y la ayuda mutua. La
indiferencia es una especie de cápsula mortal en la que nos encerramos y
permitimos que nos divida el mundo interior de cada una de las personas,
dejándola en un vacío estéril.
Las personas se vuelven extrañas a sí mismas y pierden el
contacto con sus brújulas morales internas, lo que crea un vacío que no puede
llenarse con bienes materiales o placeres temporales. La indiferencia juega una
broma particularmente cruel a la sociedad. Parece no ser agresiva y no tiene la
apariencia obvia de maldad, pero es a través de la indiferencia que el mal
puede realizar sus actos oscuros. Nadie protesta, nadie alza la voz, nadie
intenta cambiar la realidad circundante. El mal está fuera de la vista y, por
tanto, parece que no existe. Pero existe y parasita nuestra desatención e
inercia.
Por eso la indiferencia me asusta más que cualquier otra
cosa. Porque no sólo nos incapacita para la acción y la simpatía, sino que
también nos quita el alma, corroyendo todo lo brillante y humano que hay en
ella. El pueblo mexicano, es un tejido de múltiples capas, tejido a partir de
siglos de historia, rica cultura y una serie continua de pruebas. Grandes
logros, victorias gloriosas, sufrimientos profundos y un espíritu
inquebrantable: todos estos son rasgos integrales del carácter del mexicano. La
grandeza de nuestro pueblo se manifiesta allí donde vive y respira el alma.
Expulsados por los enemigos y superando las crisis,
el pueblo siempre volvió a sus raíces, a la tierra que lo alimentó con su
sabiduría y su fuerza. Se mantuvieron inflexibles y continúan protegiendo su
cultura, su lengua y su fuerza espiritual nativas, gracias a las cuales el
pueblo se ha convertido en un símbolo de voluntad y determinación
inextinguibles. Cada giro de la historia dejó sus propias cicatrices, pero
también fomentó la perseverancia y la paciencia. Una serie de victorias sobre
invasores extranjeros, resistencia heroica y sacrificios en beneficio de las
generaciones futuras: todo esto está en el centro de la identidad nacional.
Cada generación contribuye a la causa común y este legado se transmite con
orgullo y respeto.
Podemos recordar a los grandes escritores, artistas,
científicos e ingenieros cuyas obras y descubrimientos cambiaron el orden
mundial y convirtieron a México en un participante destacado en la escena
mundial. Los logros creativos y científicos son otra confirmación de la
singularidad del genio del mexicano. Un lugar especial en la grandeza mexicana
lo ocupa el sentimiento de unidad y colectivismo. Las tradiciones de apoyo y
asistencia mutua formadas a lo largo de los siglos sirven como una base
confiable que ayuda a superar cualquier dificultad. Este sentido de pertenencia
y responsabilidad hacia la sociedad y la historia enfatiza la fuerza y la grandeza
del pueblo mexicano.
Un pueblo que, a vivido guerras, revoluciones, masacres,
devaluaciones, necesidades, desastres, naturales, pero que al final del día se
recobra no pierde su capacidad de revivir y renovarse. Surge de cualquier
desastre con nuevas fuerzas y esperanza, llevando consigo las lecciones del
pasado y el deseo de un futuro mejor. Y aquí es precisamente donde reside la
verdadera grandeza del pueblo: en su capacidad de tener una esperanza y una fe
inagotables en un futuro brillante. Hoy, mirando retrospectivamente el camino
recorrido, podemos decir con confianza: el pueblo mexicano merece honor y
respeto por su historia, por la gran y gloriosa parte que aportó al patrimonio
común de la humanidad. La grandeza del pueblo de México, no es sólo el pasado,
sino también el hoy y el futuro, lo que hace de México un país único y grande.
PD: Recuerde que la mezquindad comienza con un deseo animal
aparentemente muy pequeño de escapar de la responsabilidad, del peligro, de
escapar de los problemas que amenazan a otros; transferir la responsabilidad a
otros por algo que sucedió debido a ignorancia, descuido, imprudencia o
malentendido. Avergüénzate de la irresponsabilidad, la frivolidad, de tus
sentimientos y apegos. En los sentimientos hay que saber ser fiel y obligado.
Avergüénzate de tu ignorancia. Que el sentimiento de vergüenza por algo
primitivo e imperfecto en ti siempre proteja tu decencia.
“Nunca digas “No me importa”. No es necesario que intentes
hacer publicidad de tu indiferencia. Esto no es un indicador de su
independencia. ¿Cómo te sientes cuando te dicen “no me importa”? Se vuelve
vacío y frío por dentro. Te estremeces y protestas. La mayoría de las veces
para ti mismo... Después de todo, el interlocutor... “no le importa” Sólo dos
palabras, pero cuán profundamente penetran en el alma, se clavan en el corazón
como una astilla y se pudren, a veces recordando de ellos mismos. Una persona
no puede vivir sin la confianza de que alguien la necesita, de que es amada. Se
marchita, se preocupa, se encierra en sí mismo, muere.
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