ANGELES Y DEMONIOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La idea de los demonios como espíritus malignos apareció en
el paganismo. En
los primeros años
después de la adopción del cristianismo, la palabra
griega “demonios” se traducía de esta manera en los libros
religiosos. La nueva fe también
incluía a los
antiguos dioses paganos como demonios. En la literatura
antigua, este era el nombre que se le daba a diablo, y otros nombres (Lucifer,
Satanas, etc). Como resultado, en la demonología popular, la idea de la iglesia
sobre los demonios se fusionó
con la pagana anterior: las imágenes
de los sermones y evangelios se combinaron con personajes de cuentos de hadas y
leyendas, y desde los pulpitos se alertaba sobre el diablo.
Sin embargo, solo eran los sacerdotes educados quienes podían distinguir entre estos
conceptos. Según las ideas cristianas, los ángeles que se rebelaron contra Dios
se convirtieron en demonios. Los rebeldes fueron arrojados al inframundo de la
tierra. Todos los demonios son sirvientes y guerreros del principal rebelde,
que es el diablo. Los espíritus malignos dañan incansablemente a las personas,
les inculcan malos pensamientos y causan daño, envían enfermedades, hacen que las
personas se peleen con familiares y amigos y se sostiene con la frase popular
“Se le metió en diablo”
En muchos casos, las palabras "demonio" y
"diablo" se utilizaron como sinónimos. En los textos y el folclore antiguos se reemplazaban entre sí, pero a veces se pueden notar
diferencias en los conceptos. El demonio personificaba el mal absoluto y
cualquier trato con él se convertía en un desastre para el humano. Pero el
diablo, como personaje de un cuento de hadas o de una creencia, a veces podía
traer el bien “No, era del todo tan malo, sino que se le podía pedir un favor a
cambio de su alma” El diablo dedicaba su tiempo a confundir a las personas,
pero el demonio los seducía para cometer el mal - ¿Cómo reconocer a uno del
otro?
- El demonio era representado
como una criatura negra con cola, garras o pezuñas, sin cuernos de chivo,
cubierta de pelo y rodeada de humo. De rostro feo, desgreñado, sin ropa, con
los que su imagen representaba el pecado. El otro también era de color negro al
cual con el tiempo lo representaron de color rojo sangre, con cuernos de chivo,
cola, pezuñas, alas, ojos rojos. Los demonios eran muy mencionados y estaban
presentes en cualquier tipo de conversación incluso se creía que en una fiesta
una persona que se emborrachaba mucho y hacia desparpajos era que el diablo se
la había metido en ese momento por lo que lo amarraban le daban agua bendita
hasta que se le pasara. Pero también el diablo era capaz de tomar forma de
gato, caballo, credo, cabra, lobo, serpiente, bufón, etc.
La iglesia era muy conservadora y controladora en todo tipo
de creencias. Era estricta con respecto a cualquier entretenimiento. Y a veces
si la música que se tocaba en la festividad de un pueblo, no era del agrado del
sacerdote daba la orden para que los pararan de tocar con el argumento en que
se les metió el diablo, o desde el pulpito ordenaba a los feligreses para que
no asistieran a la festividad del pueblo debido a que el diablo andaba suelto y
seduciría a sus hijas en edad casadera. En cualquier sombra, o palabras de una
persona las gentes veían la figura del diablo, sobre todo aquellas que no
asistían a los servicios de la santa misa. Los sacerdotes estaban facultados
para distinguir una chica casi convertida en Ángel que merecía ser consagrada
por el matrimonio ante el altar, y la que no.
Las personas con riqueza en los pueblos entregaban cantidades
grandes de dinero, incluso dejaban su herencia a la iglesia para verse ante los
ojos del sacerdote como un Ángel digno de ir al cielo sin pasar por el purgatorio.
Los demonios asolaban a los ricos que embarazaban mujeres de clase baja, o sus
sirvientas, y el sacerdote se encargaba de conversar con la esposa del infiel
para que lo perdonara. Según los sacerdotes, lo demonios andaban por todos
lados en busca de personas que no creían en Dios, vivían en todas partes, pero
o preferían las cuevas cercanas a los pueblos. Se creía que había muchos de
ellos vigilando los ríos, y lagos para que los hombres y las mujeres no los
tomaran como lugar de placer. Por eso, antes de nadar, la gente se santiguaba e
hacía la señal de la cruz en el agua.
Había
espíritus
malignos en las casas donde la gente a menudo se peleaba: se creía que les atraían
las riñas y las malas palabras. Los demonios podían meterse en las jarras
abiertas del agua, por lo que las mujeres tenían la obligación antes de irse a
dormir de taparlas muy bien. Los discursos sobre los demonios se veían
acrecentados desde el púlpito en la época de navidad. Decían que el diablo
esperaba que la gente se durmiera para llevarse al niño Dios del nacimiento por
lo que deberían de formarle un corral alrededor del niño y ponerle varias
cruces de madera obre el cerco. Suponían que era exactamente a la media noche
cuando el diablo apareciera.
El caso es que se documentaba en los pueblos que varios de
los sacerdotes lo vieron rondando el nacimiento de una casa rica, por lo que
esa familia debía congraciarse con Dios entregando regalos especiales a la
iglesia en los siguientes meses como forma de ahuyentarlo. Solo el sacerdote
del pueblo era capaz de reconocer y ver al diablo. Tambien interpretaba las
señales de que el diablo andaba cerca rondando. Un aborto era uno de esas
llamadas de atención. Para los sacerdotes, el diablo siempre tenía algo que
hacer, no descansaba, y por eso hasta la persona más buena cometía pecado, o
recibía desgracias.
El diablo era capaz de capturar a la persona y desatar sus
pasiones para que las aceptara como parte suya. Se creía que una mujer soltera
a la edad de 30 años sin contacto íntimo con hombre alguno sufría la fiebre del
demonio, que la podía poner loca, y para protegerse de ello debía pasara largas
horas orando en la iglesia y en su hogar para de esta forma resistir el clamor
del deseo del diablo. Los niños debían aprender a no mentir, engañar, jactarse
de matar un pajarito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario