viernes, 17 de enero de 2025

 

HIJOS, O PADRES ¿INGRATOS?

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La soledad en la vejez no es sólo un problema emocional. Conlleva una serie de consecuencias negativas para la salud: aumenta el riesgo de desarrollar demencia, enfermedades cardiovasculares y depresión. Además, las personas mayores se enfrentan a dificultades prácticas en la vida diaria sin el apoyo de sus seres queridos. Y esto es muy, muy triste. Entonces, ¿cómo criar a un niño agradecido? Enseñar a los niños a apreciar el esfuerzo de los demás desde pequeños. Fomentar la independencia y la responsabilidad. Establecer límites saludables en las relaciones. Demuestre su propio ejemplo de una vida activa y plena.

 Criar hijos es una tarea compleja que requiere un enfoque consciente de la crianza de los hijos. Es importante recordar que el amor por un niño no debe convertirse en auto sacrificio. Sólo preservando su propia identidad y dando ejemplo de una vida plena podrán los padres criar hijos que sean capaces de valorarlos y respetarlos en el futuro. Los padres deben preocuparse en fortalecer los lazos familiares es una inversión no sólo en el propio bienestar en la vejez, sino también en una sociedad sana en su conjunto.

 ¿Por qué los niños no respetan a los padres amorosos, sino que idolatran a los estrictos? Y el punto aquí no es la cantidad de amor, sino la distancia entre padres e hijos, y el impacto que esto tiene en su relación. Es importante comprender que una existencia cómoda en la infancia debe preparar al niño para la vida adulta y no prolongar la dependencia de los padres. Hablemos de las razones de la formación de tal actitud y qué hacer para evitar la soledad en la vejez.

 Hoy en día, un fenómeno triste se está volviendo cada vez más común: los padres ancianos se encuentran solos, olvidados por sus hijos. Según las investigaciones, alrededor del 40% de las personas mayores de 65 años experimentan sentimientos de soledad y una proporción importante de ellas rara vez se comunica con sus hijos. En el mundo moderno, esta es una verdad inocultable en donde los hijos se olvidan de sus padres o terminan relaciones pésimas. ¿Por qué se forma en los hijos esa ingratitud hacia sus padres? Es un proceso complejo y multifacético. A menudo comienza con enfoques educativos equivocados. Por ejemplo, la sobreprotección o, por el contrario, la frialdad emocional conduce a una percepción distorsionada del amor y el cuidado de los padres.

 La sociedad de consumo moderna también contribuye al moldear la actitud de las generaciones más jóvenes hacia la recepción de beneficios sin darse cuenta de su valor. Los primeros signos de ingratitud pueden ser las demandas constantes del niño, la falta de deseo de ayudar en la casa y la incapacidad de apreciar los esfuerzos de los padres. Los padres a menudo fomentan inconscientemente este comportamiento, tratando de brindarle al niño "lo mejor, o lo que el de niño deseaba y no lo obtuvo" y ahora piensa en salvarlo de cualquier dificultad.

 Estudian y hacen los deberes del niño, se preocupan por cada calificación, preparan las tareas del niño sin explicárselas. Por no hablar de la búsqueda de clubes deportivos, musicales, etc.  En general, se derriten por ser la parte integral en la vida del niño, quitándole por completo su independencia y perdiéndose a sí mismo. Y, cuando el niño crezca, estos padres seguramente dirán: "Nosotros (yo) hemos invertido mucho en ti, eres lo que eres gracias a mí, así que me lo debes todo" Especialmente si el niño no ha logrado grandes resultados, y no porque sea estúpido, pero simplemente necesita algo diferente en la vida, y este es su Camino.

 Nunca, absolutamente nunca, ni un solo niño pide a sus padres que sacrifiquen sus intereses y hagan todo sólo por él. Esto sólo fomenta un sentimiento de culpa en el niño. El niño en su defensa preguntará ¿Te pedí que me ayudaras, te pedí nacer? aquí podemos observar que los padres comenzar5on a vivir la vida del niño quitándole incluso sus victorias para adjudicárselas ellos, y los fracasos se los adjudican al niño con lo que el ánimo y voluntad del infante se desmorona. La ingratitud es a menudo el resultado de apegos rotos en la infancia o de traumas infantiles no procesados. Los niños que no reciben suficiente apoyo emocional crecen incapaces de sentir empatía y gratitud no solo para con sus padres sino para con todas las personas.

 En la sociedad moderna surge a menudo una situación paradójica: los niños que crecieron en una atmósfera de amor y cuidado a veces muestran menos respeto por sus padres que aquellos que fueron criados con rigor. Sin embargo, la raíz del problema no reside en el amor en sí, sino en la falta de límites saludables y de una distancia adecuada entre padres e hijos. Un hijo no debe ser un tirano que se apodere de todas las decisiones, tiempo, y recursos económicos de sus padres. Los padres que sobre protegen creen que le proporcionan al niño una infancia feliz, plena y con ello conducen a la formación de expectativas de vida poco realistas en los niños. Cuando los padres dedican todo su tiempo y recursos a satisfacer las necesidades del niño, corren el riesgo de perder su propia identidad y convertirse en meros "sirvientes al servicio de su hijo”

 Esta tendencia es especialmente pronunciada en familias con ingresos altos. Las madres cuyos cónyuges les proporcionan seguridad financiera suelen verse inmersas en una serie interminable de actividades educativas, compras y entretenimiento para los niños. Al mismo tiempo, los propios intereses y el crecimiento personal pasan a un segundo plano o a un tercer lugar. La situación es aún más peligrosa cuando los padres comienzan a demostrar su capacidad financiera gastando excesivamente en sus hijos. Organizar vacaciones lujosas y comprar juguetes y aparatos caros de última generación le dan al niño una idea distorsionada del valor del dinero y del trabajo.

 Este enfoque de la crianza de los hijos puede tener consecuencias de gran alcance. Los niños, acostumbrados a la comodidad constante y a la satisfacción de todos los deseos, pueden enfrentarse a serias dificultades al llegar a la edad adulta. La incapacidad para afrontar la frustración, la falta de habilidades para resolver problemas de forma independiente y las expectativas poco realistas de los demás son sólo algunos de los posibles resultados de dicha educación.

 En la vida, es muy importante ser una persona agradecida. La gratitud es un trabajo mental arduo y no todo el mundo está preparado para realizar este trabajo. Si una persona se enfrenta a la necesidad de estar agradecido a alguien a quien él mismo no ha elegido, esto puede paralizar la relación hasta llegar a una ruptura total. Ser agradecido es comprender que no tienes derecho a exigir que la persona que amas te amé... Nadie está obligado a compartir tus sentimientos y responderles. Si los sentimientos coinciden, se trata de una felicidad grande y poco común. Si no coinciden, esto es algo común.

 En la vida “Pagamos nuestra deuda con nuestros padres y con nuestros hijos” Todo cambio en la sociedad comienza con uno mismo, y le sigue en la familia. Para formar una personalidad sana, el niño necesita ver en sus padres no sólo una fuente de cuidados y riqueza material, sino también un ejemplo de superación de las dificultades de la vida, crecimiento profesional y autodesarrollo. Los padres deben mantener su propia individualidad, tener intereses y objetivos personales que vayan más allá de las responsabilidades de padres.

 En nuestra modernidad los compromisos se han vuelto temporales y las relaciones frágiles. Los niños prefieren mucho más la comunicación virtual que la comunicación cara a cara. Y algunos adultos sienten tanta pasión por ganar dinero y lograr logros que no dedican tiempo a sus hijos.

El apoyo emocional no son sólo palabras, juguetes, sino la base de la educación. Cuando los padres están demasiado ocupados o emocionalmente indisponibles, los niños se sienten ignorados y despreciados. Esta falta de atención contribuye a la formación de una actitud "ingrata". El infante comprende que cuenta con lo que desee, pero lo que más anhela es la atención, y el amor de los padres...

 

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