martes, 28 de enero de 2025

 

MI MARIDO ME ADORA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “Escuela Normal del Pacifico” y ex Director General del “Instituto Pedagogico Hispanoamericano”

 ¿Por qué lo digo? Un día le pregunte ¿Qué pasaría si nos divorciamos? ¿te casarías por segunda vez? — El me miro directamente a los ojos, y estaba atenta a su reacción. Puso una pequeña pausa antes de contestar a mi pregunta, y enseguida sin cambiar nada en su rostro, respondió: “Después de casarme con una mujer tan maravillosa, inteligente, hermosa y llena de todo tipo de virtudes, difícilmente puedo ser feliz con nadie más” por lo que sería una locura el divorciarme para buscar a otra que reúna todas tus cualidades.

 Me llego esta inquietud debido a que dentro de unos días vamos a cumplir 20 años de casados, que es casi la mitad de mi vida. Tenemos cuatro hijos, pagamos la hipoteca de la casa donde vivimos, y construimos unos cuartos más para que mis hijos tuvieran su propio lugar intimo en el hogar.  Atrás quedan varias grandes crisis de convivencia de los primeros años de matrimonio. Hoy somos feliceses sin darle tanta importancia a si me dejan los platos sucios en el fregadero, los juguetes esparcidos en la habitación de los niños. Incluso mi esposo nota de inmediato si me hago un maniquiur. Una de mis amigas me dice que vivo como en un cuento de hadas, y en cierta forma le doy la razón ya que mi marido puede distinguir hasta los cambios en el color de mis uñas.

 "¡No todos los hombres se preocupan tanto por su mujer!"  En cierta ocasión me puse enferma de dengue, y en mis delirios le pedí, que si muero esparza mis cenizas sobre las aguas del mar. Presentaba temperaturas de 39 grados, y mi esposo se la pasaba sentado a un lado de mi cama limpiándome con toallitas húmedas el sudor, porque los antipiréticos que me recetaron no bajaban esa temperatura. El un tanto molesto en medio de esa crisis me dijo que no tendría el valor de incinérame, así que, si te mueres, “Te guste o no, te enterrare”

 – Si así sucede quiero que me compres un ataúd blanco, y en la tumba solo pones en una lápida de mármol mi nombre y una foto de cuando me conociste “Odio los lujos” “Nada de tumba ostentosa” Pero logre superar la enfermedad, y aquí estoy comentando el éxito de mi matrimonio. Soy sincera, en lo personal no creó en el matrimonio feliz y que fueron felices para siempre. Lo expreso ya, que, mi esposo y yo, somos personas muy diferentes, con caracteres y temperamentos diferentes.

 Sin embargo, despues de cada tempestad llega la calma, y nos aliamos para caminar juntos en beneficio de nuestros hijos. De jóvenes nos irritábamos y agredíamos verbalmente ¿Qué anhelo? Vernos como un matrimonio que llega a ser ancianos, y que casi nos arrastramos apoyándonos mutuamente uno en el otro para caminar por las calles. Como si fuéramos aquellos amantes cuando en su juventud estaban pensando en casarse y formar una familia juntos. Que "¡Enfrentemos juntos la vejez, sin reproches!" Cuando se va a decidir en formar una familia, detrás del nivel visible de las relaciones hay algo invisible, secreto y lleno de significado. ¿Se decide allí el destino de la familia?

 ¿En qué consiste esta decisión? Desde la ternura o la crueldad, desde la indiferencia o la sensibilidad, desde la humildad o la autoridad, desde la compasión o la violencia, desde la pobreza de vida o la riqueza de espíritu, ¿quién sabe? No lo sé con seguridad. Un simple arrebato, a veces tiene un impacto fatal en la vida de una familia. Antes mi esposo me decía que no llegaría a la casa porque andaba con unos amigos y me ponía como loca pensando en la peor de las traiciones.

 Cuando me exigía la ropa impecable lo tomaba como un tirano. Convivir tranquilamente me era difícil, deseaba oponerme a cualquier orden o sugerencia, simplemente el ser amable, hospitalaria no se me daba para nada. Sentía que todo el tiempo estaba tratando de controlarme, que vigilaba hasta mi libertad de respirar, en el ¿Qué comer, que beber, que ropa ponerme para salir a la calle? En esos primeros dos años incluso cavilé en mandar todo a la mierda por sus restricciones. Despues de que salí embarazada por primera vez, me controlo todos los gastos para ahorrar a la llegada del hijo, y eso me molesto aún más, ya que hasta si compraba un lápiz labial se metía conmigo, cuidaba y censuraba lo que comía.

 - Yo, venia de una familia en donde mis padres pecaban de libertad hacia mi persona, poco me controlaban, me dejaban que hiciera todas mis aficiones, y locuras juveniles, por eso ahora me irritaba, desencadenaba mi ira en contra de mi esposo con ganas de matarlo o mandar todo a la mierda y regresarme a casa de mis padres. Me sentía como un pájaro encerrado en una jaula, en donde todo giraba en controles, apretada de tornillos y guerra verbal “Cada quien defiendo sus cosas personales. Finalmente dejamos atrás el infierno, y decidimos quemar las escaleras para no volver a bajar.

 Aprendimos que deberíamos ser francos el uno con el otro, confiar, no usar las palabras en contra del otro, y que cuando uno de los dos iniciara una guerra el otro debía guardar la prudencia y la mesura en una tregua silenciosa hasta encontrar soluciones alternativas convenientes para ambos. No miento hubo ocasiones en que me sentí terriblemente ofendida, ahora ni siquiera recuerdo el motivo, pero los sentimientos eran tan fuertes que se me cerró la garganta. Y sólo el código de conducta que habíamos establecido me detuvo para no gritarle hasta de lo que se iba a morir y me diera el divorcio. Tambien recuerdo como unos dias despues mi esposo me consoló “Así, son las relaciones en un matrimonio”

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