UNA “PAPA” MUJER
(IGLESIA CATOLICA)
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director “Escuela
Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagogico
Hispanoamericano”
La historia de un Papa, que supuestamente fue mujer, o
afeminando. - En la historia de la humanidad existen muchas mujeres que han
tenido que pasar su vida engañando en su apariencia para no ser relegadas y
sean aceptadas por ser hombre. Como todas las organizaciones de la tierra la
iglesia no está exenta de encontrarse involucrada en una gran cantidad de
escándalos, algunos ciertos, otros no tan ciertos.
Hay momentos donde es casi imposible saber dónde acaba la
historia y comienza la leyenda. Fue así como allí en medio de la multitud que
recorría el camino a Letrán en la procesión del Corpus Christi él, “Papa”, tan
bien parecido, aquel con rasgos de ángel, ojos encendidos y chispeantes y
rostro de piel suave y lampiña y en el cual destacaban su sabiduría y su virtud
dio a luz a una criatura.
La protagonista de hoy se ubica en el siglo IX según las
crónicas, se llamaba Juana y habría nacido en el año 822 hija de un monje de
nombre Gebert. Criada en el ambiente de su padre empezó a hacerse con gran
cantidad de conocimientos que en ese momento eran vedados a las mujeres,
posteriormente según algunos tras un amor, según otros buscando huir de la
pobreza, tomaría el nombre de Juan el inglés convirtiéndose en sacerdote y
gracias a sus grandes capacidades logró ascender hasta convertirse en
secretario del papa León IV el cual antes de morir, según el rito, debía soñar
y elegir a su sucesor.
No es difícil imaginar que soñara con su mano derecha. Entonces el inglés John de Mainz (Johannes
Anglicus, natione Moguntinus) se convierte en papa durante dos años, siete
meses y cuatro días sumergiéndose en un mundo de lujos y privilegios que tal
posición implica hasta que finalmente cae rendida ante los placeres del amor y
ellos traen como consecuencia un embarazo no planeado. Por supuesto ello
hubiese podido pasar desapercibido bajo sus imponentes vestiduras de no ser por
el “pequeño” detalle de haber dado a luz precisamente en medio de la multitud
ante el portal de la iglesia de San Clemente, que le vio morir por una turba
enardecida, el cual fue un castigo escogido por ella misma a quien en sueños le
dieron la opción de elegir entre un castigo rápido, que significaría su
redención, o seguir su vida normal, pero sufrir un castigo eterno.
Se dice que fue enterrada en el mismo sitio. En sus
procesiones, los papas siempre evitaban este camino; muchas personas creían que
los papas hacían esto por su animadversión a esa desgracia. (versión Martín de Troppau por situarla
detrás de León IV entonces hablaría de Benedicto III) Aunque la anterior fue
una segunda publicación del mismo autor el final parece haber sido cambiado no
se sabe si por él mismo o el transcriptor, pues existe una primera versión
manuscrita. En ella aparece por primera vez el nombre de Johanna (Juana) como el
de la supuesta papisa. Martín de Troppau había vivido en la Curia como capellán
y penitenciario del Papa (murió en 1278), razón por la cual su historia papal
fue ampliamente leída y a través de él la leyenda obtuvo aceptación general. En
ella relata de una manera diferente el destino de la supuesta mujer “Papa” Tras
de su alumbramiento Juana fue inmediatamente destituida e hizo penitencia por
muchos años. Su hijo, se añade, llegó a ser Obispo de Ostia y la tuvo enterrada
ahí después de su muerte.
Aunque la primera vez que se hizo referencia a ella fue en
1255 cuando Jean de Maillye escribe en su obra Chronica universalis metensis
este párrafo: “se trataría de cierto Papa o más bien papisa que no consta en la
lista de papas y obispos de Roma porque fue una mujer que se disfrazó de hombre
y llegó a ser, por su carácter y talento, secretario de la curia papal, luego
cardenal y por último Papa.
Un día que montaba a caballo parió un niño e inmediatamente,
por orden de la justicia romana, fue atada por los pies a la cola de un
caballo; a una media legua de la ciudad fue lapidada por el pueblo y enterrada
allí, donde murió; en ese lugar se escribió:
Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum “Pedro, Padre de los Padres,
propicio el Parto de la Papisa”. Puede ser que no se trate más que de una
leyenda, pero el hecho que las primeras menciones al respecto las hayan hecho
precisamente sacerdotes dominicos deja la inquietud flotando en el aire pues
como todas las historias que hoy día nos rodean contiene puntos que la
corroboran y otros tantos que las niegan.
Durante más de dos siglos hubo en la Catedral de Siena,
Italia, una estatua llamada “Papa Juan VIII, una mujer inglesa”, y que estaba
situado entre los bustos de distintos Papas. Y allí estuvo hasta que el también
el Papa Clemente VIII lo renombró como “Papa Zacarías “. El hereje Jan Hus, en la defensa de su falsa
doctrina antes del Concilio de Constanza, hizo referencia a la papisa y nadie
cuestionó el hecho de su existencia. Sin embargo, la papisa no se encuentra en
el “Liber Pontificalis” ni entre los retratos de los papas de San Pablo
extramuros en Roma. fue en el siglo XVI cuando los historiadores católicos
empezaron a negar la existencia de la papisa. También algunos protestantes,
como Blondel y Leibniz admitieron que la papisa jamás existió. Sin embargo,
numerosos protestantes hicieron uso del mito en sus ataques al papado. Todavía
en el siglo XIX, cuando lo insostenible de la leyenda fue reconocido por
historiadores serios. La Papisa Juana (no es un hecho comprobado).
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