UNA BESTIA EN EL SUEÑO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Durante la noche, dos cosas sucedieron a la vez. Dormí muy
mal ahora, me atormentaban las pesadillas. Me desperté a medianoche por unos
pasos, pero esta vez una certeza incomprensible de que no eran sólo ruidos me
hizo levantarme. Me levanté, abrí la puerta con cuidado y salí al pasillo. Los
pasos sonaron en el otro extremo. Los seguí y vi a una sombra de mujer con una
vela. La seguí con cuidado, tratando de permanecer en la oscuridad. Entró en
una habitación. Estuve a punto de seguirla, pero ella miró por la puerta y
apenas tuve tiempo de presionarme contra la pared. Y cuando me acerque vi en la
habitación en donde entro un viejo escritorio y un armario tallado. Entré, miré
con cautela, pero ella ya no estaba, la habitación estaba vacía.
Así que regresé silenciosamente, y me quedé frente a la
ventana. Hacía frío, mis pies estaban helados, pero estaba de pie. Debe haber
sido alrededor de una hora, cuando de repente me sorprendió. Por el pasillo, en
el otro extremo, se movía de nuevo la figura de una mujer. Me moví hacia ella,
pero me congelé, sobresaltado. El rostro de esta mujer era humo, pero se
observaba tranquilo. me pregunté ¿Dónde vi esta cara? Ya lo había visto antes,
pero no recordaba en dónde. La figura de la mujer se movió de nuevo, dio media
vuelta en señal de marcharse. Me olvide de todo, debía desentrañar este
misterio. De pronto floto frente a mí, hizo un hilo de humo y se metió por mi
boca. Corrí al espejo del baño con la boca entre abierta pero ya no estaba como
si se divirtiera burlándose de mí. Me pellizqué el brazo, para comprobar si
estaba despierto o soñando.
En pleno el sueño, veía a mi cuerpo deambular en medio de la
noche oscura. Una oscuridad que le deba ese toque en sensación de miedo. Ahí
estaban los miles de árboles de navidad quejándose por ser cortados para
adornar los hogares cargados de luces y esferas. Camine hacia ellos en el suelo
húmedo bajo mis pies. El espacio lucio en silencio, no podía ser real, pero de
cierta forma me había inquietado el alma como si el bosque me llamara en su
auxilio. Camine lento tratando de ver en medio de la oscuridad y a cada uno de
mis pasos sentía que alguien me estaba observando. – No sabía que, ni él
porque, solo la brisa helada caía sobre mi rostro.
No entendía lo que me estaba pasando, ni por qué esos árboles
me llamaban. Era como un sentimiento profundo, irracional dictado desde mis
instintos. Por un momento me pare a observar preguntándome ¿Debía confiar en
mis instintos, o dudar y regresar a mi sueño? Lo que me sucedía no me asustaba,
solo me inquietaba el alma, pero aun así sentía que algo me observaba, y quería
saber ¿Quién se atrevía hacerlo, y su por qué? Molesto en el sueño grite “¡Oye,
tú! ¡Deja de esconderte! ¡Sé que estás aquí! ¡Vengo en son de paz! ¡Sal si eres
inteligente!”
Mi voz salía suave, le faltaba claridad a mi entonación y
ritmo. Se dejó sentir un silencio absoluto y enseguida desde mi propia cabeza
alcance a escuchar con voz fuerte y firme ¡Soy, tu conciencia! ¡Aquí estoy
dentro de ti! Si, quieres respuestas escúchate para que vuelvas a ser el mismo.
No esperaba esa respuesta por lo que me quede en silencio, y cambie la
percepción hacia dentro de mi cuerpo. Note que, en medio de la oscuridad
profunda de mi cuerpo, más allá de lo que nunca había recorrido se acercaba
algo que brillaba. En ese instante daba miedo mirar dentro de mi cuerpo y ver
como mi alma se acercaba a mi conciencia para convencerme de algo.
Me dije “No pasa nada”
Sentí que mi mente comenzaba arder iluminada por ese algo desconocido. Fue un
calor indescriptible. Se acercaba cada vez con mayor velocidad. Me dije “No
pasa nada, y no me convencerás” Por fin me susurro en voz suave y tranquila
¿Cómo te sientes hoy? Ve al espejo, mira tus ojos, tu cuerpo, todo está lleno
de cicatrices adquiridas en la vida. Respira profundo y siente como corre la
sangre por tus venas. No creo que al final de esta noche recuerdes este sueño.
¡Estas vivo, y a la vez dormido! Y solo te estoy inquietando para que sepas que
estas vivo.
Ahora piensa ¿¡Quién eres tú!? No tengas miedo, solo soy tu
conciencia, y cualquier forma que me des en tu mente la adoptare con la
apariencia que desees “Siempre ha sido así contigo, tu eres mi arquitecto, no
solo en la apariencia sino en tus instintos” Al menos siempre me has dado una
apariencia ante los ojos que nos miran, y nos juzgan. Desde tu primera infancia
me comenzaste a formar en tus fantasías, y en verdad creo que hasta hoy has
sido amable conmigo. Recuerda que cuando me andes buscando “Estoy dentro de tu
cabeza para mostrarte lo que realmente eres” – ¿Adónde van las almas después de
la muerte? ¿Por qué estás aquí? - Yo pregunté. - Todas estas y más palabras
fueron dichas por mi alma, y por poco me desmayo, puesto que eran pensamientos
nunca escuchados y permanecían guardados con el nombre de secretos íntimos.
Era extraño, mi propia alma se reía de mí. Era una risa
tranquila. Me di cuenta que, a pesar de encontrarme tenso, en realidad no
estaba pasando nada. – Bueno esto es demasiado para un sueño, exijo que
desaparezcas, y si tienes algo que decirme de lo que deba arrepentirme ¡Hazlo!
- Algo inesperado empezó a suceder en el
momento más inoportuno. De repente me di cuenta de que no podía oír nada más
que silencio.
Las sombras de figuras que se formaban con la oscuridad
susurraban entre ellas. El mundo había callado, parecía que hasta el viento
frio se había amainado. El silencio era absoluto, profundo y resonante, como un
abismo. Y esto sólo podía significar una cosa. El gran animal llamado instinto
que llevamos dentro deambulaba por mis sentimientos cerca de poder escapar del
control de mi mente. Un animal salvaje llamado instinto se podía escuchar su
lamento desde lo más profundo de mi cuerpo.
Esto no me prometía nada bueno, y la aventura a la que me
estaba llevando el sueño no era para regocijarme, ni para tener miedo ¿Por qué
se reía de mí, la conciencia? ¿Por qué no me dejaba dormir tranquilo? El animal
llamado instinto se acercaba silencioso, ya podía escuchar sus pasos
acercándose por nervios de mi cuerpo. – No lo podía distinguir sin embargo
estaba consciente que ahí estaba, y estaba atacando a todo lo sensato. Escuche
la discusión entre lo sensato y el instinto en donde uno le gritaba al otro
“haz lo que quieras, pero no tengas miedo; no tengas miedo de verdad, no te
convenzas de que no tienes miedo, pero en realidad no tienes miedo; y abre los
ojos cuando sientas que ya no hay miedo”.
El instinto desapareció junto con este pensamiento. Al abrir
los ojos, vi en la oscuridad dos ojos somnolientos, un rostro compujidos y pude
sentir mi propio aliento. La bestia se había ido, junto con mi sueño, al menos
dejo en paz a mi alma. Me alegré al recordar que siendo un niño tuve ese mismo
sueño, pero a diferencia de este, era un niño que me había perdido en un bosque.
Lo que no alcanzo a entender es el ¿Por qué mientras duermo mi instinto intenta
apoderarse de mi alma? Y entonces finalmente me quedé dormido para ver un sueño
que no sólo me sacó de la tranquilidad, sino que también regresa cada 30 años.
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