miércoles, 1 de enero de 2025

 

RAZÓN DE MI DIGNIDAD

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director “Escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagogico Hispanoamericano”

 El propósito de mi vida, es morir sin tacha en mi dignidad. ¿Pero hacia dónde tiende todo esto? A hacernos comprender que nos corresponde en la vida nos permite ser lo que queremos, velar por encima de todo para que no se nos acuse de haber ignorado nuestra alta responsabilidad, transformándonos en animales de carga o privados de razón. Que una suerte de ambición sagrada invada nuestro espíritu y nos vuelva insatisfechos con la mediocridad. ¿Qué aspiro en esta vida? Aspiro que las fuerzas no me fallen y la voluntad me lleve a la cima de esa montaña que llamamos dignidad.

 Ayer mientras escuchaba a una persona en su discurso dijo: Quiero ser digno representante de ustedes. No cabe la menor duda que los seres humanos tenemos nuestra propia presunción y vanidad como también tenemos la necesidad de estarnos repitiendo “Soy importante, soy alguien” y no un don nadie. En la época de la civilidad Romana “Dignitas” las personas consideraban en obtener aquello que uno creía merecer como persona, en el sentido del rango que debía ocupar en la sociedad, que en encontrarla dentro de sí mismo. “Es la búsqueda de los honores sociales” Por lo tanto la dignidad se encamina a depender del reconocimiento social y de las circunstancias, sin tener en cuenta la interioridad del individuo.

 Y así, en nombre de la “sacrosanta dignidad” de unos y de otros se continúan cometiendo los peores abusos, debido al orgullo herido, a los celos, al egoísmo y a la avidez.  Me sigo preguntando ¿Qué quiere decir esta persona con que quiero ser digno representante de ustedes? ¿Busca su identidad (Digna) social a través de que las personas lo reconozcamos como tal ¿No es una carrera por obtener honores o la apariencia? ¿Mero espectáculo social? ¿Verborrea para engañar a los incautos?

 Las personas creen que ando perdido, solo porque camino por senderos diferentes. Las Universidades fueron convertidas en modernos mercados de compra ¿Costo de un Doctorado? ¿Cuánto me cuesta la Licenciatura con titulo incluido? Realmente los senderos para los que piensan diferente están cerrados y rara vez se abren sus apoyos, con ello han logrado una sociedad conformista con demasiados vicios dominantes para que dejen de pensar como originales o terminen en la soledad.

 Todos podemos ver que nuestro mundo se ha transformado hoy en una sociedad del espectáculo, del desprecio por las cosas y la vida misma, donde la forma prevalece sobre el fondo. Lo importante ya no es lo que uno dice o piensa, sino la manera en que las cosas se dicen, y así los auténticos valores se esfuman “Pura saliva” mera simulación en donde la realidad importa poco, lo que cuenta es todo lo demás, todo lo que rodea aquello que podríamos haber vivido, si no hubiésemos tenido esta vida banal, insípida, pasmada, previsible.

 Es increíble los millones de parásitos sociales que viven mejor que nosotros con sus residencias impecables, frente al mar o en colinas y sus amores perfectos, donde se puede hacer todo lo que uno sueña, donde se puede hacer todo sin vivirlo verdaderamente y sin esfuerzo. La vida real ya no existe y, como consecuencia, tampoco existe la responsabilidad ni el compromiso. Cada cual se construye su identidad y su falsa dignidad.

Es curioso que el respeto, la dignidad de las personas el compromiso con la vida se haya perdido finalmente porque unos cuantos se apropiaron de lo de todos y los muchos se tuvieron que refugiar en la fantasía ilusoria que algún día esto cambiara como si estuvieran esperando un nuevo diluvio, un nuevo Mesías esperanzador proclamando que ser bueno nos lleva al cielo y hay que poner la otra mejilla si somos cacheteados.

 Este compromiso con la realidad tiene un valor verdaderamente inestimable y nos permite reapropiarnos el sentido filosófico de la dignidad. El concepto de la dignidad y su práctica es un excelente motor para desarrollar una reforma en nuestra visión de la vida, inspirada en la sabiduría y las filosofías humanistas. El humanismo destaca que, si no se supone que el ser humano es libre, no lo será jamás. La dignidad humana, desde el punto de vista filosófico, se entiende bajo estos principios. Existe en el ser humano algo que no tiene precio, porque está más allá de todo precio y, al mismo tiempo, da su precio a todo lo que tiene precio. - Este “algo” no evoca otra cosa que el plano del espíritu.

 El espíritu no es algo precioso, simplemente porque nos permite comprender la realidad y liberarnos de ella, sino porque ver las cosas a través del espíritu las ennoblece, elevándolas en vez de rebajarlas, es decir instalándolas en lo que tienen de dignas, de excelentes. La vida moral, que es la práctica de la filosofía en lo cotidiano, tiene como sentido el hacernos vivir esta verdad. Los filósofos griegos ya nos habían advertido de que la filosofía no tenía ningún valor si sólo se limitaba a un discurso como hoy, lo hacen los políticos.

 A través de la adquisición de un saber vivir, el sabio actualiza la potencia de la que es capaz el ser humano para acceder al bien. Dispone de la mayor fuerza que una persona puede poseer, la que los filósofos griegos asimilaron a la virtud. Y la práctica de la virtud no es otra cosa que el desarrollo de las dignidades humanas. El término griego para indicar la palabra virtud es arete, la excelencia. Es una fuerza y una energía capaz de engendrar un movimiento, una buena acción, una acción excelente.

 La virtud conduce a la acción que produce dignidad. Las virtudes cardinales que los griegos habían distinguido como principales son la fortaleza, la prudencia, la templanza y la justicia. Ellas son el pedestal de la sabiduría. Representan siempre actos que nos llevan a trascender nuestros instintos, nuestra comodidad, nuestra inercia, nuestra mecanicidad y nuestra cobardía. Las virtudes componen los bienes constitutivos de la felicidad que es el Bien último. No están condicionadas por nada exterior.

 Son bienes morales, que tienen su fuente en la vida interior de cada ser. Nos aportan dignidad, porque nadie nos la puede quitar y por eso constituyen la verdadera felicidad. A diferencia de las otras criaturas terrestres, el ser humano, para realizar su condición como tal, debe saber elegir entre el animal y el ángel. Es el ejercicio de su libertad interior lo que garantiza su dignidad. La naturaleza humana, al contener todas las naturalezas, obliga a la conciencia a una elección que ninguna condición o herencia puede determinar. “Si ven arrastrarse un humano sobre el suelo, librado a su vientre, no es un humano lo que ves, sino un tronco.

 Si ven un humano que tiene la vista nublada por las vanas fantasmagorías de su imaginación (…), un esclavo de sus sentidos, es un animal el que ves y no un humano.

Si ves un filósofo discernir todas las cosas según la recta razón, venérale: es un ser celeste y no terrestre; si ves un ser contemplativo retirarse sin preocuparse de su cuerpo en el santuario de su espíritu, no se trata de un ser terrestre ni de un ser celeste, sino de una divinidad envuelta en carne humana.

 

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