ERES ¿INTOLERANTE?
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director “Escuela
Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico
Hispanoamericano”
Decir que este rasgo es
inherente sólo a algunos de nosotros es un grave engaño. La intolerancia es una
cualidad humana universal. Cada uno de nosotros es intolerante en un grado u
otro, pero aprendemos la habilidad de controlarla ¿nos damos cuenta de lo peligroso
que es? Todas las personas tenemos nuestros puntos débiles por muy amables o
moralistas que seamos, y todos en cierto momento y circunstancia nos
derrumbamos y tendemos a la agresión “Cada uno tiene el suyo” “Cada santo tiene
su genio” Nadie es indiferente a las disputas, otro cambia de rostro si ve una
injusticia, el tercero perdonará todo en el mundo, y es que las personas por
naturaleza somos imperfectas, por muy normales que vivíamos la mayor parte de
nuestro tiempo.
Todos tenemos reacciones equivocadas,
podemos reaccionar con calma, honestidad porque esas habilidades adquiridas
aprendemos que son las correctas, pero tenemos defectos en la personalidad.
Cada persona ve el bien y el mal de forma diferente. La intolerancia es, por un lado, la incapacidad
de aceptar creencias, sentimientos, conductas diferentes a las nuestras. Por
otro lado, también es una renuencia a brindar igual libertad de expresión a
otra persona. El ser en lo cotidiano intolerante nos envenena el alma, y nos
acerca a padecer cáncer y otras enfermedades relacionadas con la baja
inmunidad. Somos intolerantes en primer lugar a los políticos podridos de su
alma, a beber agua sucia, a los abusos de las personas responsables de la
seguridad.
Somos intolerantes a las
modas juveniles, a sus acciones sexuales, a las personas mayores que dan
sermones, a los jóvenes ruidosos que se divierten mucho. Somos intolerantes a
los árbitros de los partidos de futbol, a ciertos comentaristas de televisión,
aciertas series de televisión, un joven con un arte o tatuaje, ¿Qué nos han
hecho? ¡Nada! Pero creemos que nos vuelven locos. La intolerancia es
simplemente hacia la opinión de otra persona sobre cualquier asunto, gusto o
expresión. Incluso hay intolerancia a nosotros mismos “¡Es mi culpa! ¡Soy un
idiota!”. En muchos de nuestros juicios de valor somos categóricos, severos,
tendemos a etiquetar, generalizar, usar la ironía, el sarcasmo y lo expresamos
como “Todos son iguales, yo nunca lo haría, es inútil hablar con ellos, etc.”
Por ejemplo, a la persona
que le gusta leer y a nosotros no nos gusta “Se volverá loco, es un inadaptado
que no sabe disfrutar la vida” el profesor que detestamos “Es limitado, con
poco conocimiento, autoritario, es un imbécil arrogante, etc.” Pero ¿Por qué no
hierve esa indignidad, y la expresamos sin reflexionar? - Porque sufrimos
crisis emocional que nos atormenta, y la expresamos con la finalidad de
superarla. Por naturaleza somos inconsistentes de nuestras propias evaluaciones
que hacemos a la ligera a veces por orgullo, arrogancia, frustración personal.
Es nuestro miedo a vernos privados de ese algo que consideramos importante (miedo
a la soledad, el miedo a los malentendidos...)
Viene de la infancia, del
estado de niño, cuando todos los que nos rodean son tan grandes y fuertes, y de
ellos depende mi vida, pueden darme o no lo que necesito. Y este estado de
desventaja, generado por la propia situación de la infancia, persiste durante
toda la vida (en mayor o menor medida) Miedo a ese mundo que fuimos creando (El
que yo, construí) desde niño y pensamos que nos puede ser destruido. Y, es así
como vamos dividiendo a las personas en buenas y malas, en inteligentes y
tontas, en sofisticadas y detestables. Y si una persona no corresponde a
algunas de mis ideas, surge una emoción de indignación. La intolerancia en la
mayoría de los casos se debe a que reaccionamos desde nuestros problemas
internos de formación de nuestra personalidad en su carácter.
Desde infantes tendemos a
discutir al no desarrollar la habilidad de conversar con un dialogo
responsable, y lo hacemos bajo la percepción de lo que vemos y escuchamos de
los padres, maestros, adultos, familiares, etc.
Los niños en la actualidad bajo el sistema educativo y de enseñanza no
desarrollan la independencia de pensamiento “Todos los que conversan con el
niño, le dicen que poseen la verdad” Y sus maestros a veces reaccionan de
manera muy sutil ante las declaraciones categóricas de los niños, discerniendo
miedo e incertidumbre detrás de ellas. Ejemplo: Un niño llegó al aula y vio un
dibujo de uno de sus compañeros en la pared y dice “¡Uf! ¡Qué dibujo tan feo,
lo debe haber pintado un tonto! ¿Cómo reaccionó la maestra?
Ella no defendió el honor
del niño que lo pinto, no estuvo de acuerdo con el niño del juicio, pero a la
vez no lo convenció, solo se limitó a escuchar su opinión. - La mayoría de las
veces, nos sentimos heridos por otras personas precisamente por aquellos rasgos
que por alguna razón tememos descubrir en nosotros mismos. Es decir,
proyectamos sobre la otra persona lo que carecemos y soltamos nuestra codicia,
envidia, pereza, agresividad. A menudo lo que nos irrita de los demás es lo que
no podemos permitirnos (frivolidad, descaro y cosas por el estilo) La
intolerancia tiene muchas caras. Puede tomar la forma de prejuicio, rigidez,
venganza. La intolerancia envenena el alma, y decide sin control lo que
necesitas.
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